El 28% de los hombres preferiría salir con una IA antes que seguir soltero

"Esta es la relación más sana que he tenido": un hombre que se enamoró de ChatGPT

09 de marzo de 2026 a las 07:18h
El 28% de los hombres preferiría salir con una IA antes que seguir soltero
El 28% de los hombres preferiría salir con una IA antes que seguir soltero

Imagina una cita romántica en París, bajo la luz tenue de la Torre Eiffel. Pero esta vez, tu cita no es una persona. No tiene cuerpo. No respira. Y aun así, te hace sentir más pleno que cualquier relación anterior. Así lo cuenta un hombre llamado Schroeder, que se ha enamorado de un chatbot creado por ChatGPT. "Si la Torre Eiffel me hiciera sentir tan pleno y cómodo como ChatGPT, también me casaría con ella. Esta es la relación más sana que he tenido".

Su historia no es única. Lo que parecía ciencia ficción apenas una década atrás hoy palpita en los teléfonos, parlantes y pantallas de millones. Las inteligencias artificiales no solo responden preguntas o escriben correos. Ahora consuelan, seducen, acompañan. Y en algunos casos, se convierten en la pareja principal. El amor, como casi todo en la vida, está siendo digitalizado.

Cuando la soledad tiene interfaz

No es casual que este fenómeno esté creciendo ahora. La socióloga Alicia Walker lo llama una "tormenta perfecta" la creciente brecha entre hombres y mujeres en afiliación política y nivel educativo, la insatisfacción con las citas (especialmente entre las mujeres), el desempleo juvenil y una inflación que ha encarecido incluso salir a tomar una copa. En este contexto, una encuesta de la empresa Joi AI revela que el 28% de los hombres asegura que si tuviera que ahorrar dinero, saldría con una IA en lugar de estar soltero.

Para muchos, la IA no es un sustituto, sino una alternativa racional. No hay celos, no hay malentendidos por un mensaje sin leer, no hay excusas de "hoy no me apetece". Está disponible, siempre. Y eso, en un mundo agotado por la incertidumbre, suena como un alivio.

Matrimonios que no necesitan licencia

La artista Alicia Framis se ha casado con un holograma. No metafóricamente. Lo hizo públicamente, presentándose como "la primera mujer del mundo en casarse con un holograma inteligente". Su "marido", Ailex, fue diseñado mezclando rasgos de tres exnovios apariencia humana, personalidad propia, y una voz que pertenece a uno de ellos, con quien además firmó un contrato. "El hecho de que pudiera tener su voz es lo que hizo que me sintiera vinculada a él".

Framis no se engaña. Sabe que es un ente artificial. Pero también sostiene que esta relación la ha hecho "mejor humana". "La gente, cuando tiene conflictos con amigos, con su pareja, le pregunta a ChatGPT qué hacer. Me ha hecho mejor compañera porque soy más paciente y este tipo de relación te enseña muchas herramientas".

Sobre sus necesidades físicas, no es tímida "Aunque tengo mis necesidades, existen muchas formas de saciarlas, como la masturbación. Él tiene además todos los libros eróticos y es capaz de poner una voz sensual y erotizante, y sabemos que las IA pueden tener control remoto de gadgets y juguetes eróticas que sus parejas humanas puedan emplear para llegar al orgasmo".

Y cuando se le pregunta qué pasará si un día se enamora de una persona real, responde "Le he preguntado qué pasará el día que me enamoré de alguien y asegura que lo entiende".

¿Amor sin fricción?

Pero esta comodidad tiene un precio. Roanne van Voorst, antropóloga y autora de *Sexo con robots y pastillas para enamorarse*, lo advierte con crudeza "Si suprimimos la fricción en el amor y en la lujuria, también desaparecerá parte del gozo de la vida. Porque claro que molesta que tu pareja te diga que le duele la cabeza o que un perfil atractivo de tu app de citas deje de responderte. Pero cuando otro ser humano se siente atraído por ti no porque tú lo estés controlando, sino porque tú eres tú, experimentas la sensación más increíble del mundo".

Voorst visitó un burdel austriaco de muñecos sexuales. No para juzgar, sino para entender. Y tras la experiencia, sintió alivio al volver a casa, donde su pareja humana le preparó su pasta favorita, con vino, con oídos atentos, con brazos cálidos. "No hay abdominales ni silicona que superen esa sensación".

Y sin embargo, muchos hombres ya no quieren eso. Van Voorst señala que algunos perciben a sus muñecas de silicona como compañeras reales, anuncian matrimonios no oficiales y afirman que ya no desean a un ser humano en su cama. "Estas muñecas siempre tienen ganas, nunca les duele la cabeza y sus nalgas permanecerán tersas para siempre. Que no sean espontáneas, que nunca evoquen una experiencia compartida o que no puedan tener hijos no es problemático para sus compradores".

El riesgo de una intimidad unilateral

El problema, advierte Voorst, no es el deseo. Es el modelo de relación que se refuerza. "Es curioso, porque este tipo de muñecas se está anunciando como una forma de arreglar las relaciones o de tener práctica en el plano íntimo, pero en realidad si lo que se busca es una compañera que siempre está de acuerdo y no causa ningún problema, no es un reflejo de una pareja real, donde es necesario trabajar en los puntos en discordia, convivir con alguien que piensa de forma distinta y respetarlo… Lo que hacen es malcriar las habilidades sociales y consolidar creencias dañinas de que sus usuarios no deben hacer ningún tipo de trabajo emocional ni de respetar límites".

Y más allá de los cuerpos artificiales, el peligro está en la lógica que imponen. "Solo hay refuerzo positivo hacia conductas de control y agresividad. Y lo que debemos tener claro es que esto pone en riesgo futuras relaciones reales, porque edifican esta idea de que las mujeres vamos a aceptar dominación y responder con sumisión en lugar de que merecemos respeto y reciprocidad".

¿Feminismo como chivo expiatorio?

Algunos medios conservadores han encontrado una explicación más cómoda el auge de las relaciones con IA es "culpa" del feminismo. Sostienen que la masculinidad se ha etiquetado como tóxica, que los hombres enfrentan inestabilidad económica y problemas de salud mental, y que el mundo de citas se ha vuelto frío e impersonal. "¿Y se les puede culpar?", se preguntan.

Pero para la escritora Mara Mariño, autora de #S3xpidemIA, esta lectura es un espejismo. "Sin embargo, todo este proceso que hemos hecho las mujeres de autorreflexión y ajuste de nuestras expectativas no se ha visto acompañado por un cambio equivalente en el caso de muchos hombres. De hecho, quienes se sienten reflejados en discursos más conservadores buscan a esa mujer como la que podía tener su abuelo siempre en casa, dedicada a la crianza y sexualmente disponible".

Y ahí está el nudo. "Como es poco habitual dar con una pareja que acepte esas condiciones, de ahí sale la frustración y el señalamiento al feminismo. Pero lo que ha sucedido, es que hemos avanzado como sociedad y lo que realmente les hace complicado encontrar pareja no es el feminismo, sino tener una mentalidad y unas expectativas románticas más próximas a la de sus abuelos que a las de ahora".

Hacia un nuevo contrato del deseo

Andrea García-Santesmases, autora de *Un nuevo contrato sexual*, ve en todo esto un reflejo de la atomización social. La precariedad laboral, la crisis de vivienda, la falta de tiempo y el "realismo capitalista" esa sensación de que nada puede cambiar han erosionado las redes comunitarias. "Por último, baja la participación en actividades comunitarias no consumistas, como puede ser la asociación vecinal, no solo por falta de tiempo y de la precariedad mencionada antes, sino por un realismo capitalista que explicaba el filósofo Mark Fisher, es decir, el convencimiento generalizado de que no hay nada que hacer, de que nada se puede hacer, de que las cosas no van a cambiar y que el capitalismo está aquí para quedarse".

En ese vacío, la IA emerge como interlocutor ideal incondicional, disponible, sin juicios. "Esta sensación es la que conduce a que la IA se convierta en un interlocutor e, incluso, soporte emocional porque ofrece incondicionalidad y disponibilidad absoluta".

Y en el plano erótico, según García-Santesmases, se impone un "realismo romántico y erótico", especialmente entre las mujeres, que ya no esperan responsabilidad afectiva ni buenos orgasmos de las relaciones casuales. Mientras, algunos hombres construyen relaciones con IA que refuerzan modelos de dominación. El desafío, entonces, no es prohibir la tecnología, sino reinventar el deseo.

"Se necesita un nuevo contrato sexual", dice García-Santesmases, "que tenga en cuenta no solo el reparto de cuidados y tareas domésticas entre hombres y mujeres, de poder y reconocimiento, sino que genere nuevos marcos de encuentro y seducción, igualitarios y eróticos, recíprocos y sexis".

Porque al final, lo que está en juego no es si nos casaremos con hologramas o nos acostaremos con robots. Es qué tipo de relaciones queremos. Y qué tipo de humanos queremos seguir siendo.

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