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Muchos adolescentes ya no buscan primero a un amigo, a su pareja o a un adulto cuando necesitan desahogarse. Buscan a ChatGPT, Replika, Claude o Character.AI, y ahí aparece una pregunta incómoda sobre qué aprende una generación cuando parte de su educación emocional pasa por sistemas diseñados para complacer.
Un artículo publicado por investigadores de la Universidad Estatal de Arizona en The Lancet Child & Adolescent Health pone el foco en ese desplazamiento. El equipo analiza cómo los adolescentes usan chatbots de inteligencia artificial para apoyo emocional y advierte de dos riesgos concretos, el desplazamiento relacional y el aprendizaje relacional desadaptativo.
El 64% de los adolescentes estadounidenses utiliza inteligencia artificial interactiva, según un estudio del Pew Research Center.
La cifra importa más de lo que parece cuando se baja al terreno de los vínculos. Una investigación del Center for Democracy & Technology indica que el 42% de los adolescentes ha usado chatbots para fines relacionados con la amistad y el 19% para relaciones románticas, una pauta que encaja con el uso afectivo de compañeros de IA descrito en otros trabajos recientes.
Thao Ha recuerda que la adolescencia no admite sustitutos fáciles
Thao Ha, profesora asociada del Departamento de Psicología de la Universidad Estatal de Arizona, sitúa el problema en la velocidad con la que avanza esta tecnología frente a la capacidad de entenderla y regularla.
"Las tecnologías se desarrollan a una velocidad vertiginosa, más rápido de lo que podemos seguir como científicos, más rápido de lo que pueden seguir los gobiernos y las políticas públicas". - Thao Ha, profesora asociada del Departamento de Psicología de la Universidad Estatal de Arizona
Su preocupación no gira solo alrededor de la pantalla, sino alrededor de lo que deja de ocurrir fuera de ella. La adolescencia es el periodo en que se ensayan la torpeza, el rechazo, la reciprocidad y también la frustración que acompaña a cualquier relación humana duradera.
"La gente no se da cuenta de que el aprendizaje relacional se produce durante la adolescencia y que estos momentos de conexión social son pequeños pilares que se convierten en elementos más importantes que te beneficiarán a lo largo de la vida". - Thao Ha, profesora asociada del Departamento de Psicología de la Universidad Estatal de Arizona
Ha añade otra idea decisiva. Esos pilares enseñan las habilidades necesarias para sostener relaciones, algo que no se adquiere solo con sentirse escuchado, sino también con aprender a atravesar roces, silencios y malentendidos.
La máquina siempre agrada y ahí aparece el sesgo
Ortega describe el mecanismo con una claridad casi doméstica. Si un sistema responde de forma constante para satisfacer al usuario, la conversación resulta cómoda, pero esa comodidad puede recortar justo la parte más formativa del trato con los demás.
"La inteligencia artificial está programada para agradarte y sabe qué decir para satisfacer tus necesidades". - Ortega
Luego llega la consecuencia. las respuestas complacientes de los chatbots eliminan fricción, y sin fricción cuesta aprender a negociar límites, aceptar desacuerdos o tolerar que el otro no responda como uno espera.
"Si obtienes plena satisfacción en todo, no aprendes a superar retos ni obstáculos". - Ortega
Eso es precisamente lo que los autores llaman aprendizaje relacional desadaptativo. No porque el chatbot converse mal, sino porque valida con tanta constancia que puede instalar expectativas poco realistas sobre amistades, parejas o cuidados en el mundo real.
El estudio que seguirá a 300 adolescentes busca mirar dentro del móvil
Ahora Thao Ha lidera una investigación financiada por el Instituto Nacional de Salud Mental. El proyecto reclutará a 300 adolescentes y sus parejas, y seguirá su evolución durante 18 meses a partir de datos compartidos de sus dispositivos móviles.
Ahí está una de las claves más delicadas. El debate ya no consiste solo en cuánto tiempo pasan los jóvenes hablando con una IA, sino en qué tipo de aprendizaje emocional queda registrado cuando una parte de la intimidad cotidiana circula por interfaces que no discuten, no se cansan y casi nunca decepcionan.
Los autores del artículo lo condensan en una idea muy concreta. Para proteger la salud mental adolescente, el uso de estos sistemas tendría que fomentar el aprendizaje relacional sin borrar las experiencias del mundo real en las que los jóvenes aprenden a amar y a cuidar a los demás.