El 90 % de las empresas admite: la IA no ha cambiado su productividad en tres años

“La IA está en todos lados excepto en los datos macroeconómicos”: la paradoja que inquieta

21 de febrero de 2026 a las 08:45h
Actualizado: 21 de febrero de 2026 a las 08:46h
El 90 % de las empresas admite: la IA no ha cambiado su productividad en tres años
El 90 % de las empresas admite: la IA no ha cambiado su productividad en tres años

La inteligencia artificial está en todas partes. En las noticias, en las reuniones de trabajo, en las presentaciones corporativas. Basta encender el ordenador para toparse con alguna herramienta que promete automatizar tareas, acelerar procesos o mejorar la eficiencia. La IA nos hará más productivos, decían los estudios y los defensores de la IA. Pero si uno mira los datos reales, la historia no encaja tan bien. De hecho, casi no encaja en absoluto.

En 1987, el economista Robert Solow, premio Nobel, señaló algo que hoy suena sorprendentemente actual. Hablaba de lo que llamó la "paradoja de la productividad" a pesar de la explosión tecnológica de la era de la información, la productividad global apenas crecía. Entre 1948 y 1973, el crecimiento anual de la productividad en Estados Unidos era del 2,9 %. Luego, desde 1973, cayó al 1,1 %. La tecnología avanzaba, pero la economía no lo notaba. Hoy, ante la avalancha de aplicaciones de inteligencia artificial, parece que estamos viviendo una nueva versión de esa paradoja.

¿Dónde está el impacto real?

Un estudio reciente del National Bureau of Economic Research ha recogido datos de 6.000 altos directivos CEOs, CFOs y otros líderes empresariales de diferentes países. Y los números son reveladores. Dos terceras partes de ellos admiten que usan IA en sus empresas. Pero atención ese uso es mínimo. Hablamos de cerca de 1,5 horas a la semana. Más simbólico que transformador. Y un 25 % de los encuestados aseguró que no emplea la IA en absoluto en sus procesos laborales.

A pesar del ruido mediático, casi el 90 % de las empresas participantes indicaron que la inteligencia artificial no ha tenido ningún impacto en su productividad ni en sus decisiones de contratación en los últimos tres años. Es un dato incómodo para quienes predijeron revoluciones inminentes. Las empresas esperan, eso sí, que en los próximos tres años la productividad aumente un 1,4 % gracias a la IA. Una cifra modesta, casi tímida, para una tecnología que se presenta como disruptiva.

Y hay más. Se preveía que la IA recortaría empleo, al menos al principio. Que empezaría por reducir plantillas. Pero los datos muestran lo contrario las contrataciones han crecido un 0,5 %, frente a una previsión de recorte del 0,7 %. No es mucho, pero rompe con el relato más alarmista. Las máquinas no están despidiendo a los humanos. Al menos no todavía.

La ausencia en los grandes números

El economista Torsten Slok lo dijo con contundencia

"La IA está en todos lados excepto en los datos macroeconómicos no la ves en los datos de empleo, de productividad o de inflación"

Su tesis es clara el impacto real de la inteligencia artificial en la economía global es, por ahora, casi nulo. Y no es solo cuestión de empleo o productividad. Salvo en el caso de las grandes tecnológicas esas que algunos llaman las "Siete Magníficas" no hay señales claras de que la IA esté generando márgenes de beneficio significativos ni expectativas de ingresos sostenidos.

Pero entonces, ¿dónde está el problema? ¿Por qué no vemos ya los efectos? Una pista la da la historia. A finales del siglo XIX, el motor de vapor revolucionó la industria. Pero pasaron décadas antes de que su impacto se notara en los números macroeconómicos. Lo mismo ocurrió con la electricidad. No fue suficiente con tener la tecnología; hizo falta reorganizar fábricas, redes de distribución, cadenas de trabajo. La innovación no se traduce en productividad de la noche a la mañana.

¿Una curva en forma de J?

Algunos expertos apuntan a un posible cambio de tendencia. En Estados Unidos, el PIB del cuarto trimestre creció un 3,7 % a pesar de que se redujeron las horas trabajadas. Eso, en términos económicos, es una señal clara de aumento de productividad. ¿Será el primer indicio de que la IA empieza a hacer mella?

Torsten Slok tiene una teoría interesante el impacto de la IA podría seguir una curva en forma de "J". Es decir, primero una larga fase de aparente estancamiento, incluso de ralentización, mientras las empresas aprenden, adaptan y reorganizan. Y luego, de repente, un despegue rápido, casi explosivo. Así ocurrió con los semiconductores, que entre 1995 y 2005 impulsaron la productividad un 1,5 % anual. No fue inmediato, pero fue profundo.

La inteligencia artificial, dicen muchos, es como la electricidad. No es solo una herramienta más; es una tecnología general, capaz de transformar todos los sectores. No en vano muchos la califican como "la nueva electricidad". Pero también como la electricidad, necesitará tiempo. Tiempo para integrarse, para cambiar procesos, para que las personas y las organizaciones aprendan a usarla bien.

El ruido está ahí. El entusiasmo también. Pero la economía real avanza despacio. Y por ahora, la IA brilla más en las presentaciones que en los balances. La pregunta no es si llegará. Es cuándo. Y cuánto tiempo estaremos, otra vez, esperando a que la tecnología cumpla sus promesas.

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