El chip H200 de NVIDIA es seis veces más potente que su predecesor y clave en la carrera de IA global

"Hemos dado a China el argumento para que ponga en marcha su propia industria y, al mismo tiempo, volvemos a darles acceso a la nuestra."

07 de febrero de 2026 a las 13:05h
El chip H200 de NVIDIA es seis veces más potente que su predecesor y clave en la carrera de IA global
El chip H200 de NVIDIA es seis veces más potente que su predecesor y clave en la carrera de IA global

El mundo de la inteligencia artificial no se mueve solo con algoritmos y líneas de código. A veces, las piezas más decisivas se negocian en despachos diplomáticos, en salas de regulación o en las líneas de montaje de fábricas a miles de kilómetros de distancia. Ahí, en ese cruce entre tecnología y política, se encuentra ahora el chip H200 de NVIDIA, un pequeño trozo de silicio que pesa más que muchos tratados internacionales.

El chip que vale más que su peso en oro

El H200 no es un procesador cualquiera. Es seis veces más potente que su predecesor, el H20, y su capacidad para acelerar el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial lo convierte en un bien estratégico. Tanto que Estados Unidos, consciente del poder que representa, ha decidido permitir su venta a empresas chinas, pero con una condición por cada venta, un 25% del valor debe destinarse a proyectos o inversiones en territorio estadounidense.

Esta medida no es un acto de generosidad tecnológica. Es una maniobra compleja en un tablero donde la autosuficiencia tecnológica se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional. Estados Unidos quiere contener el avance de China en IA, pero también quiere mantener su liderazgo industrial. Y para ello, a veces, la mejor defensa es una exportación muy bien regulada.

China dice sí, pero con condiciones

Del otro lado del Pacífico, las autoridades chinas también han apostado por la mesura. Han permitido que empresas como ByteDance, Alibaba, Tencent y el emergente DeepSeek soliciten pedidos masivos del H200, pero solo para usos declarados como "necesarios" investigación avanzada, desarrollo de modelos de IA, aplicaciones científicas. Nada de usos militares ni redes sociales alimentadas por algoritmos de control social.

Los reguladores chinos revisarán cada solicitud caso por caso. No será un cheque en blanco. Pero el mensaje está claro China necesita estos chips, y aunque ha avanzado en su propia producción, aún depende de Occidente para lo más puntero. El acceso al H200 no es un lujo, es una necesidad para mantener el ritmo en la carrera de la inteligencia artificial.

Un millón de chips en el limbo

Mientras tanto, NVIDIA mira con impaciencia. La compañía tiene cientos de miles de H200 almacenados, esperando a que se despejen los permisos. No hay escasez técnica, sino burocrática. Y eso no ha frenado sus planes la empresa ha aumentado la producción, previendo hasta dos millones de pedidos adicionales en los próximos meses.

La demanda supera con creces la oferta regulada. Detrás de cada chip hay una universidad, una startup, un laboratorio que quiere entrenar el próximo gran modelo de lenguaje, o una empresa que busca optimizar sus operaciones con IA. El hambre de cómputo es insaciable, y China, con sus gigantes tecnológicos, está en primera línea.

El círculo vicioso de la dependencia

La situación actual recuerda a otros episodios recientes. Hace unos años, Estados Unidos bloqueó a ASML para que no vendiera sus máquinas de litografía de última generación a Huawei o SMIC, argumentando riesgos de seguridad. China respondió restringiendo la exportación de tierras raras, esenciales para fabricar electrónica. Fue un juego de ajedrez donde cada movimiento generaba un contramovimiento.

Y ahora, con el H200, parece que se repite el patrón. Estados Unidos endurece las reglas, China se adapta, y al final, se llega a un equilibrio incómodo el acceso condicionado a la tecnología más avanzada.

Samuel Bresnick, investigador del Centro de Seguridad y Tecnología de Georgetown, lo resume con claridad

"Hemos dado a China el argumento para que ponga en marcha su propia industria y, al mismo tiempo, volvemos a darles acceso a la nuestra."

Es una paradoja del poder tecnológico para mantener la ventaja, a veces hay que alimentar al rival.

¿Hacia una nueva normalidad?

La aprobación controlada de los H200 no es un paso atrás en la guerra tecnológica, sino una evolución. Ambas partes saben que aislar por completo a un rival de mil millones de consumidores y decenas de miles de ingenieros no es sostenible. Tampoco lo es permitir que avance sin freno.

El resultado es este nuevo escenario pedidos masivos, regulaciones estrictas, y una industria que avanza a saltos, guiada tanto por la innovación como por los acuerdos diplomáticos. La inteligencia artificial del futuro no se entrenará solo en Silicon Valley o Shenzhen, sino también en las salas de reuniones donde se deciden qué chips pueden cruzar las fronteras.

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