En noviembre del año pasado, el mercado de la memoria RAM sufrió una sacudida que pocos habían previsto. De la noche a la mañana, los precios se dispararon un 300%. No fue un error de cálculo ni una fluctuación pasajera. Era el primer grito de alarma de un mercado global que empezaba a tambalearse bajo el peso de la inteligencia artificial.
La RAM, el pulmón de la IA
Detrás de cada modelo de inteligencia artificial que responde preguntas, crea imágenes o traduce idiomas, hay un componente silencioso pero esencial la memoria. Especialmente la DRAM, la memoria de acceso aleatorio que permite procesar grandes volúmenes de datos a gran velocidad. Sin ella, ni el chatbot más avanzado ni el modelo de visión artificial más preciso podrían funcionar.
Y no cualquier DRAM. Los grandes centros de datos que alimentan la IA requieren cantidades inmensas de esta memoria, y cada servidor puede necesitar docenas de módulos. La irrupción masiva de la IA en la industria ha convertido la RAM en un bien estratégico, tan codiciado como el silicio o el litio.
Un mercado bajo tensión
Las tres grandes productoras Samsung, Micron y SK Hynix no tardaron en notar el cambio. Los pedidos se multiplicaron, pero con un patrón inusual grandes bloques de memoria solicitados por empresas tecnológicas gigantes, muchas veces sin especificar el uso final.
Según reveló Nikkei Asia, las compañías comenzaron a imponer reglas más estrictas. Ahora exigen a sus clientes que desvelen quién será el destinatario final de los chips, cuántos necesitan y para qué los usarán. La sospecha de acaparamiento ha crecido, y con ella, el control sobre la cadena de suministro.
Es una medida sin precedentes, que recuerda a lo visto durante las crisis de escasez de microchips en la década pasada. Pero esta vez, el foco no está en los coches ni en los móviles. Está en los servidores que alimentan el cerebro de la IA.
El trato que estremeció al sector
El 1 de octubre de 2025, se conoció un acuerdo que muchos calificaron como el punto de no retorno. OpenAI firmó un pacto con Samsung y SK Hynix con el objetivo de asegurarse hasta 900.000 obleas de DRAM al mes. Una cifra que representa nada menos que el 40% de la producción mundial de este tipo de memoria.
Algunos analistas no dudaron en bautizarlo como "The dirty DRAM deal". No porque fuera ilegal, sino porque evidenciaba una concentración de poder sin precedentes. Una sola empresa de IA podía, en teoría, absorber dos quintas partes de toda la memoria DRAM del planeta.
La guerra por la memoria RAM entre las grandes tecnológicas
Google, Amazon, Microsoft y Meta no se quedaron atrás. A finales de 2025, según informó Reuters, estas cuatro gigantes plantearon a Micron una propuesta inusual comprar toda la memoria que la compañía pudiera producir, sin límite de cantidad ni de precio. Era una apuesta por la capacidad, no por el costo.
Mientras tanto, los fabricantes de ordenadores personales Asus, MSI, Dell, HP reaccionaron con pragmatismo. Ante la incertidumbre, iniciaron compras masivas para acumular inventario. Temían quedarse fuera del mercado justo cuando los consumidores demandaran más potencia para usar aplicaciones de IA en sus equipos.
La escasez no era generalizada aún, pero el miedo a que lo fuera empezaba a distorsionar el comportamiento de todos los actores.
Los ganadores del juego
En medio del caos, hubo claros beneficiarios. Samsung triplicó sus beneficios en 2025, convirtiéndose en la empresa tecnológica que más valor generó en bolsa, por delante incluso de Alphabet o TSMC. SK Hynix no se quedó atrás duplicó sus ganancias, impulsado por la demanda de memoria HBM, una variante avanzada de DRAM que es esencial para los chips de IA.
Micron, por su parte, anunció una inversión de 1.800 millones de dólares para ampliar su producción. La carrera no es ya por innovar, sino por fabricar a escala y con velocidad.
"Estamos viendo una reconfiguración total de las prioridades en el sector de los semiconductores. La memoria ya no es un componente pasivo, es un activo estratégico" - Lee Joon-seo, director de planificación de productos en SK Hynix
¿Qué significa esto para el resto del mundo?
Para el usuario promedio, las consecuencias pueden parecer lejanas. Pero no lo son. Los precios de los ordenadores, los tiempos de entrega de nuevos dispositivos o incluso el acceso a herramientas de IA podrían verse afectados si la tensión en el mercado de la memoria se mantiene.
Y hay una pregunta incómoda en el aire ¿es sostenible un modelo en el que unas pocas empresas tecnológicas absorben la mayor parte de un recurso clave, mientras el resto del mundo lo compite? La historia del silicio nos enseña que los recursos escasos crean dependencias, y las dependencias, tensiones.
La memoria RAM, ese componente que muchos desconectan mentalmente al encender un ordenador, ha pasado de ser un engranaje invisible a convertirse en pieza central del poder tecnológico del siglo XXI. Y esta historia apenas comienza.