El silencio como respuesta: un 'gracias' puede llegar tres meses después y no cerrar nada

La periodista de La Nación Irina Sternik ha recibido cientos de mensajes: propuestas de entrevista, solicitudes para tesis, pedidos de ayuda profesional. Y ha notado un patrón inquietante.

26 de enero de 2026 a las 11:37h
Actualizado: 26 de enero de 2026 a las 11:38h
el silencio como respuesta
el silencio como respuesta

Recibir un mensaje y no responder. Nada más sencillo, aparentemente. Pero detrás de ese gesto tan ligero, casi imperceptible, late un cambio profundo en cómo nos relacionamos. No se trata solo de una respuesta tardía o de un olvido. Es un fenómeno social que está reconfigurando las dinámicas de la comunicación humana, especialmente entre quienes han crecido con el móvil como extensión de sí mismos.

El silencio como respuesta

La periodista de La Nación Irina Sternik ha recibido cientos de mensajes: propuestas de entrevista, solicitudes para tesis, pedidos de ayuda profesional. Y ha notado un patrón inquietante.

"Ya van muchos casos que me escriben para pedirme una nota, un favor, una entrevista para una tesis, trabajo, facultad"

Pero lo que sigue es aún más revelador.

"La conversación se hace imposible porque demoran en responder horas o días"

No es descortesía, al menos no en el sentido tradicional. Es otra forma de entender la comunicación. Alguien escribe, lanza una pregunta, espera... y luego, meses después, aparece un "gracias" en la madrugada del 31 de diciembre.

En ocasiones le dan las gracias tres meses después, "un 31 de diciembre a las diez de la noche"

Ese agradecimiento no cierra nada. Solo flota en el aire, como un eco que llegó demasiado tarde.

La generación Z y la desconexión programada

En los últimos meses, un vídeo se ha difundido entre jóvenes con un mensaje claro:

"cuando se terminan sus 10 minutos diarios de responder rápido y ahora tengo que esperar entre ocho horas y cuatro días a otro mensaje"

Es una broma, sí, pero también una confesión. Parte de la generación Z ha normalizado dejar conversaciones colgadas, especialmente cuando estas avanzan hacia una concreción. Una cita. Una reunión. Un compromiso en el mundo físico.

El silencio suele aparecer justo cuando se pide algo específico: una fecha, un lugar, una propuesta. Es como si al traspasar la pantalla, la conversación adquiriera un peso que muchos prefieren evitar. No es mala voluntad. Es fatiga. Decidir genera ansiedad, y responder implica posicionarse.

El móvil ya no es solo un medio para hablar. Es una herramienta de entretenimiento, de consumo inmediato. Responder mensajes se ha convertido en una tarea más, como revisar el correo del trabajo o hacer cola en el banco. Y cuando hay demasiadas tareas, la mente elige la inacción. Un amigo del autor lo resume con crudeza: "tengo tantas cosas que hacer que no voy a hacer nada".

El choque generacional en la bandeja de entrada

Mientras tanto, quienes nacieron antes de los 90 siguen respondiendo con rapidez. Para ellos, no contestar es como dejar a alguien con la palabra en la boca. Es incómodo, casi irrespetuoso. Pero para muchos jóvenes, dejar una conversación en pausa no es un acto hostil. Es una forma de gestionar la sobrecarga emocional.

Y aquí entra un matiz curioso. Cada vez más gente tiene miedo a responder, no por pereza, sino por el peso que conlleva tomar una decisión. Decidir cuándo quedar, aceptar o rechazar una propuesta, decir sí o no… todo eso exige energía mental. Y cuando el cerebro acumula decisiones pendientes, entra en modo de ahorro. El silencio, entonces, se convierte en una estrategia de supervivencia.

El arte de cerrar una conversación

El autor, al reflexionar sobre su propia experiencia, descubre que tiene un "superpoder de adulto": saber cerrar conversaciones. Ya no necesita dejar todo en el aire. Usa stickers, frases breves, señales claras. Un emoji de despedida. Un "quedo ahí". Un "hablamos cuando puedas". Son claves invisibles que permiten desconectar sin herir.

Quizá ese sea el aprendizaje. No se trata de responder más rápido ni de exigir respuestas inmediatas. Se trata de entender que cada generación construye sus propios códigos de convivencia digital. Y que, en medio del silencio, a veces, también hay un mensaje.

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