El software que sostiene buena parte de la economía digital parece estar tambaleándose. En enero, el sector tecnológico estadounidense dedicado al software registró una caída del 14,5%, su peor desempeño desde la crisis financiera de 2008. Y eso no fue todo. En menos de dos semanas de febrero, perdió otro 10%. Un desplome en cadena que ya no se limita a las estrellas emergentes, sino que ha alcanzado a gigantes con décadas de trayectoria, cuyas acciones se desinflan como globos con una fuga lenta pero constante.
Un terremoto en Wall Street y en Fráncfort
Empresas como Unity Software, Rapid7 o Braze han visto cómo más de la mitad de su valor bursátil desaparecía desde principios de año. Palantir, Salesforce, Intuit y ServiceNow no se quedan atrás, todas con caídas cercanas al 30%. En Europa, el escenario no es menos dramático. El conjunto del sector del software se valora en unos 300.000 millones de euros, y su mayor referente, SAP, ha perdido ya un 20% en lo que va de año. Más alarmante aún desde su pico en febrero de 2025, su valor se ha reducido en un 40%. En el último año, ha borrado 188.000 millones de euros de capitalización. Nueve meses seguidos de caídas. Una racha que, según sus propios historiadores, no tiene precedentes en más de tres décadas de bolsa.
No es un caso aislado. Dassault Systèmes, especializada en software de diseño industrial, ha caído un 25% y encadena cinco meses de descensos, la peor racha desde 2016. Sage Group, conocida por sus herramientas de gestión empresarial, ha perdido un tercio de su valor, con una caída del 17% solo en febrero, su peor mes desde 2002. RELX, gigante de la información científica y legal, sufrió un desplome del 17% en una sola jornada, la mayor caída diaria desde 1988. Sidetrade, una firma francesa de automatización financiera, ha caído casi un 50%, convirtiéndose en el valor más castigado del sector europeo. Y hay más Lime Technologies, cBrain, LINK Mobility Group, SmartCraft, 74Software… todas registran caídas entre el 32% y el 38%. El miedo no es puntual, es sistémico.
¿Qué ha pasado? ¿La inteligencia artificial es la culpable?
El detonante inmediato llegó en enero, cuando Anthropic, una de las empresas punteras en inteligencia artificial, presentó nuevos complementos empresariales para su asistente Claude. La herramienta prometía automatizar tareas complejas de gestión, análisis de datos y atención al cliente, funciones que hasta ahora estaban reservadas a software especializado. La señal fue clara la IA no solo ayudaba a los programas existentes, sino que podía reemplazarlos.
De pronto, el escenario cambió. Si una inteligencia artificial puede hacer lo que antes costaba millones en licencias, ¿para qué pagar a Salesforce por un CRM o a SAP por un ERP? Las dudas se convirtieron en ventas masivas. Los mercados, que hace apenas un año celebraban cada anuncio de IA como un nuevo amanecer tecnológico, ahora reaccionan con pánico. Ed Yardeni, analista de reconocido prestigio, lo resume con ironía los inversores han pasado de la "AI-phoria" a la "AI-phobia".
Pero no todos ven el fin del mundo. Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, la empresa que fabrica los chips que alimentan la IA, lanza una advertencia contundente
La idea de que la inteligencia artificial vaya a sustituir al software es lo más ilógico del mundo. La IA no reemplazará los sistemas, los reforzará.
- Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia
Desde Wedbush Securities van más allá creen que los mercados están descontando "un escenario de Armagedón", como si todas las empresas del mundo fueran a desmantelar su infraestructura de software de la noche a la mañana. Lo cual, por supuesto, no tiene sentido. Y los estrategas de JP Morgan coinciden los precios actuales incorporan escenarios de disrupción extrema que difícilmente se harán realidad a corto plazo.
¿Reajuste o revolución?
Sin embargo, hay quien advierte que no se trata solo de miedo irracional. Ben Snider, estratega de Goldman Sachs, señala que los inversores están saliendo de los valores más expuestos a la IA y reorientando su capital hacia sectores cíclicos y de valor, más ligados a la "economía real" manufactura, energía, infraestructuras.
Hay riesgos bajistas a largo plazo. Es como lo que pasó con la prensa o el tabaco industrias que infravaloraron cambios estructurales hasta que ya era demasiado tarde.
- Ben Snider, estratega de Goldman Sachs
Y ahí reside la verdadera pregunta. No si la IA sustituirá al software de inmediato, sino cómo se creará y capturará el valor en una economía cada vez más impulsada por algoritmos. ¿Serán las grandes plataformas de IA las nuevas dueñas del valor? ¿O las empresas tradicionales lograrán integrar la inteligencia artificial sin perder su relevancia?
El desplome bursátil puede ser, en parte, una corrección tras años de valoraciones infladas. Pero también podría ser el primer temblor de una reconfiguración más profunda. Una en la que ya no baste con vender software, sino con demostrar que ese software sigue siendo imprescindible en un mundo donde la inteligencia artificial no ayuda toma decisiones.