En 2030, los centros de datos usarán tanta electricidad como todo Japón en un año

Los centros de datos son los nuevos corazones del mundo conectado. Allí donde antes había fábricas, ahora hay salas llenas de servidores que nunca duermen. Y su hambre de energía no para de crecer.

06 de marzo de 2026 a las 07:25h
Actualizado: 06 de marzo de 2026 a las 07:31h
En 2030, los centros de datos usarán tanta electricidad como todo Japón en un año
En 2030, los centros de datos usarán tanta electricidad como todo Japón en un año

El aire en Barcelona no solo huele a mar y a asfalto recalentado estos días. En el Mobile World Congress de 2026, algo más denso flota entre los pasillos de Fira Gran Via la preocupación por la electricidad. No es una alarma apocalíptica, sino una advertencia técnica, fría y precisa, que viene de ingenieros, ejecutivos y planificadores que ven cómo el futuro digital choca de frente con una red eléctrica que no fue diseñada para este ritmo de consumo. La inteligencia artificial no solo promete transformar nuestras vidas. También amenaza con fundir la red si no actuamos a tiempo.

El pulso de los datos

Los centros de datos son los nuevos corazones del mundo conectado. Allí donde antes había fábricas, ahora hay salas llenas de servidores que nunca duermen. Y su hambre de energía no para de crecer. Entre 2024 y 2030, el consumo eléctrico de estos centros aumentará un 15% cada año. Al final de esta década, necesitarán 945 teravatios hora al año. Para hacerlo tangible es la misma cantidad de electricidad que consume todo Japón en un año. Este dato no es una proyección abstracta. Es un pronóstico que está cambiando cómo se piensan las ciudades, las redes y hasta las políticas energéticas.

En este contexto, España no es un observador casual. Con una de las mayores proporciones de energías renovables en su mix eléctrico, el país tiene una ventaja clara. Pero también una paradoja generar energía limpia no sirve de mucho si la red no puede distribuirla con inteligencia. Y si encima la demanda crece de forma descontrolada, el sistema puede alcanzar su límite. No por falta de sol o viento, sino por falta de planificación.

La red ya no es invisible

Durante décadas, la red eléctrica ha sido un sistema silencioso, casi invisible. Hemos dado por sentado que al pulsar un interruptor, la luz se encenderá. Pero ahora, esa red se está convirtiendo en protagonista. Cellnex España lo muestra literalmente en su stand un modelo del centro de comunicaciones de Collserola, uno de los nodos clave de telecomunicaciones en el sur de Europa. Allí no solo se gestionan datos, sino también la resiliencia energética. Porque si falla la electricidad, falla todo.

"A medida que los centros de datos se van haciendo más y más grandes afectan al propio diseño de la red eléctrica. Hay que llevar líneas de alta tensión y la red tiene mucha ingeniería por detrás que impacta en cómo el país va a afrontar sus necesidades en los próximos años"

"Pensemos que la IA es solamente una parte del crecimiento previsto. Pero las industrias de España tienen sus propios planes de crecimiento. La tormenta perfecta es que se junte una necesidad muy grande del software, de la IA y de las telecomunicaciones, en general, que agote la capacidad de crecimiento de la red"

- Alfonso Álvarez, CEO de Cellnex España

Hay una tensión en sus palabras. No se trata de un problema técnico aislado, sino de una convergencia de presiones las empresas digitales exigen más datos, las industrias tradicionales se digitalizan, y la red, como una carretera saturada, empieza a colapsar. Y no se puede construir una autopista eléctrica en seis meses.

¿Y si la solución no es más generación sino más inteligencia?

Stephen Douglas, responsable de Estrategia de Mercado en Spirent, plantea algo que suena casi herético no podemos depender solo de generar más electricidad. La red no es como un tanque que se puede llenar. Es un sistema vivo, dinámico, que requiere equilibrio. Y aumentar la generación no es algo sencillo ni rápido de hacer.

"En vez de tener una red de generación eléctrica centralizada, debemos sumar recursos, como micro redes que se puedan conectar a la general" - Stephen Douglas, responsable de Estrategia de Mercado en Spirent

Imagina vecindarios que producen su propia energía con placas solares, almacenan el excedente en baterías y se conectan a la red cuando más se necesita. O fábricas que ajustan su consumo según el precio de la electricidad en tiempo real. Esto ya no es ciencia ficción. Es la red del futuro, más descentralizada, más flexible.

Energía, no solo renovable, sino inteligente

Telefónica, una de las mayores consumidoras de energía del sector digital en España, también está en alerta. Micaela Martinelli, directora de Soluciones Sectoriales, recuerda que las energías renovables son imprescindibles, pero no suficientes. La solar y la eólica son intermitentes. Hay días sin sol, noches sin viento. Por eso, algunas compañías ya están invirtiendo en tecnologías emergentes reactores modulares pequeños, una especie de centrales nucleares en miniatura que podrían ofrecer energía constante y baja en carbono.

"Necesitamos aumentar la generación eléctrica con energías sostenibles. Pero también hay compañías que han empezado a invertir en reactores modulares pequeños. Si se desarrolla correctamente, esta tecnología ayudará a proporcionar la energía necesaria que quizá no se conseguirá solo con la solar y la eólica" - Micaela Martinelli, directora de Soluciones Sectoriales en Telefónica

Y más allá de la generación, está el control. Martinelli insiste en algo clave necesitamos una capa inteligente que gobierne la red eléctrica. Modernizar los centros de control, automatizar la distribución, ajustar la demanda en tiempo real. En otras palabras, aplicar a la red eléctrica lo que la IA ya hace en otros campos aprender, predecir, adaptarse.

La IA, remedio y paciente

Es un círculo extraño. La inteligencia artificial está entre los principales motores del aumento del consumo eléctrico. Pero también podría ser la herramienta para gestionarlo. Stephen Douglas lo ve claro en cinco años, la IA será una parte crítica de la gestión energética. No para crear más energía, sino para usarla mejor.

Imagina un algoritmo que sabe cuándo hay excedente de energía solar en Andalucía, y redirige parte del procesamiento de datos de un centro en Cataluña a otro más cercano a esa fuente. O que pospone tareas no urgentes hasta que el viento sopla con fuerza en Galicia. La IA podría coordinar la demanda y la generación en tiempo real, evitando picos y colapsos.

Gestionar la demanda, no solo generar más

Ángel Matia, CIO de Axpo Iberia, añade una reflexión que muchos olvidan llevamos décadas obsesionados con generar más energía. Pero el verdadero reto está en gestionar la demanda. "Hemos trabajado con las grandes compañías del mercado durante años y esperamos seguir haciéndolo. Y creo que una de las claves es que estamos centrados sobre todo en la generación de energía, pero necesitamos gestionar la demanda para que sea más flexible".

Quizá el mayor cambio no sea tecnológico, sino cultural. Dejar de ver la electricidad como un recurso ilimitado y empezar a tratarla como un bien escaso, valioso, que hay que usar con inteligencia. Porque la próxima revolución no será solo digital. Será energética. Y se decidirá no en los laboratorios de IA, sino en los transformadores, las subestaciones y las decisiones que tomemos hoy sobre cómo queremos alimentar el futuro.

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