En algunas zonas, la luz cuesta un 267% más por la demanda de centros de datos

En algunas zonas cercanas a estos centros, la factura de la luz puede ser hasta un 267% más cara. No son datos abstractos. Son familias que pagan el doble por encender la nevera o cargar el móvil.

13 de enero de 2026 a las 07:45h
En algunas zonas, la luz cuesta un 267% más por la demanda de centros de datos
En algunas zonas, la luz cuesta un 267% más por la demanda de centros de datos

Cuando pensamos en la nube, solemos imaginar algo intangible. Datos flotando en el aire, correos electrónicos viajando sin peso, fotos guardadas en un lugar invisible. Pero la nube tiene pies. Y esos pies están enchufados a la red eléctrica. Miles de millones de transacciones digitales al día dependen de enormes edificios llenos de servidores que no duermen, que no descansan, que consumen energía como si respiraran. Y más del 30% de esos edificios están en Estados Unidos.

El costo oculto de estar siempre conectados

En 2023, los centros de datos ya absorbían el 4% de toda la electricidad del país. No es una cifra pequeña. Es como si una nación entera, del tamaño de un estado mediano, viviera solo para alimentar servidores. Pero lo más preocupante es la proyección: para 2028, ese consumo podría triplicarse hasta alcanzar el 12%. Ese salto no es lineal; es exponencial. Y no llega solo. Viene acompañado de tensiones en la red, de desigualdades en el acceso a la energía y de decisiones que empiezan a sonar a ciencia ficción.

En algunas zonas cercanas a estos centros, la factura de la luz puede ser hasta un 267% más cara. No son datos abstractos. Son familias que pagan el doble por encender la nevera o cargar el móvil. Son comunidades que ven cómo su entorno energético se transforma sin haber sido consultadas. La demanda de los gigantes digitales está cambiando el precio de la vida cotidiana.

La red se agota. ¿Quién se desconecta primero?

Las redes eléctricas no están diseñadas para soportar este tipo de estrés continuo. Por eso, organizaciones como PJM Interconnection, que supervisa el mercado energético en el centro este del país, han lanzado propuestas radicales: que las tecnológicas generen su propia energía o acepten que se les corte el suministro cuando la red esté al límite.

En Texas, la respuesta fue aún más contundente. En 2023 se aprobó una ley con un nombre escalofriante: el “interruptor de apagado”. Su objetivo es claro. En momentos de “estrés extremo”, grandes consumidores como los centros de datos podrían ser desconectados para proteger el suministro a los ciudadanos. Es una decisión de prioridades. Y no todos están de acuerdo.

El dilema de los gigantes digitales

Google, Microsoft y Amazon, a través de la Coalición de Centros de Datos, han respondido con firmeza.

"La propuesta es discriminatoria ya que los centros de datos necesitan una red fiable y estable" - representante de la Coalición de Centros de Datos.

Tienen razón. Sus servicios, desde búsquedas hasta inteligencia artificial, dependen de una disponibilidad constante. Un corte de segundos puede generar pérdidas millonarias o interrumpir sistemas críticos. Pero también hay otro riesgo, menos visible.

Depender de sus propias reservas energéticas podría tener un impacto medioambiental negativo, al obligarles a usar soluciones como generadores diésel

El miedo no es solo quedarse sin luz, sino encenderla con soluciones más contaminantes. Es una paradoja. Empresas que promueven la sostenibilidad podrían verse forzadas a retroceder si no hay acceso estable a energías limpias.

Construir su propio futuro energético

Ante la incertidumbre, algunos están tomando el control. Google compró recientemente una compañía eléctrica. No lo hizo por capricho. Lo hizo para asegurarse su propio suministro. Amazon, Microsoft, Oracle y xAI están explorando alternativas: gas natural, paneles solares, incluso soluciones híbridas. Quieren dejar de depender del sistema y empezar a formar parte de él.

El tiempo también juega en su contra. Conectarse a la red eléctrica puede llevar entre 3 y 8 años. Es una espera insoportable en un mundo donde la innovación avanza a ritmo de minutos. Por eso, Southwest Power Pool, el operador de red en Texas, lanzó una propuesta con olor a pragmatismo: si aceptas ser desconectado en momentos de alta demanda, te conectamos antes.

Y aquí llega el giro más interesante. Un estudio financiado por Google revela que los centros de datos que aceptan conexiones flexibles se integran a la red varios años más rápido. Es un trueque. Estabilidad a cambio de velocidad. Y más de uno parece dispuesto a aceptarlo.

La nube ya no es inmaterial

La digitalización no es solo software, algoritmos o interfaces. Es hormigón, cables y megavatios. Es una transformación silenciosa que está cambiando el mapa energético del planeta. Y Estados Unidos es solo el comienzo.

La pregunta ya no es cuánta energía consume la nube, sino quién paga por ella y a qué costo real. Porque detrás de cada búsqueda, de cada mensaje, de cada video en streaming, hay una decisión: quién se queda sin luz para que tú sigas viendo contenido. Y eso, por más que lo tratemos de ignorar, pesa.

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