Nunca antes la computación había estado tan cerca de convertirse en sinónimo de riqueza. En los resultados financieros de Nvidia del último ejercicio hay una frase que resuena como un mantra del nuevo orden tecnológico en este nuevo mundo de IA, la computación equivale a ingresos. Detrás de esa afirmación no hay solo arrogancia corporativa, sino una transformación profunda del valor económico global. La compañía de Jensen Huang no solo domina el mercado de chips para inteligencia artificial, sino que está definiendo el ritmo del cambio tecnológico en prácticamente todas las industrias.
Los números hablan con contundencia. Nvidia multiplicó sus ingresos hasta alcanzar los 215.900 millones de dólares, un 65% más que el año anterior, con unos beneficios netos que rozan los 117.000 millones. Un crecimiento que no parece ajustarse a las leyes habituales de la economía, más bien a las de una revolución industrial en cámara rápida. El flujo de caja libre superó los 97.000 millones, y la empresa devolvió a sus accionistas 41.000 millones, una señal clara de que está en una posición de fuerza sin precedentes.
El imperio de la GPU acelerada
El motor de este crecimiento es el negocio de centros de datos, que creció un 75% en el último trimestre y generó más de 62.300 millones de dólares. No se trata de servidores convencionales ni de almacenamiento tradicional. Estos centros están repletos de GPUs, especialmente las H100 y las próximas Blackwell, diseñadas para entrenar modelos de inteligencia artificial a una velocidad que las CPU jamás podrían alcanzar.
Jensen Huang, con su habitual tono sereno pero firme, lo tiene claro la transición de las cargas de trabajo clásicas a la computación acelerada por GPU contribuirá a aproximadamente la mitad de nuestra oportunidad a largo plazo. Y no lo dice solo él. Las grandes tecnológicas Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft están invirtiendo a un ritmo desbocado. Las previsiones de inversión en infraestructura de IA (el llamado capex) para 2026 han subido casi 120.000 millones de dólares desde enero y ya se acercan a los 700.000 millones. Una apuesta que, según Huang, descarta cualquier riesgo de burbuja. La demanda no es especulativa, es operativa. Las empresas no compran chips por moda, los necesitan para generar tokens, y los tokens, en el nuevo ecosistema de la IA, son dinero.
Alianzas que definen el futuro
Nvidia no se limita a vender hardware. Está construyendo un ecosistema de alianzas estratégicas que la coloca en el centro del desarrollo de la inteligencia artificial. La compañía confirmó una inversión de 10.000 millones de dólares en Anthropic, una de las principales rivales de OpenAI. Y aunque el ambicioso acuerdo de 100.000 millones con OpenAI no se ha materializado, Huang asegura que sigue en negociaciones avanzadas seguimos trabajando con OpenAI para alcanzar un acuerdo de colaboración y creemos que estamos cerca de cerrarlo.
Para Huang, OpenAI es una empresa única en su generación, y sus ingenieros adoran esta tecnología. Pero no se queda ahí. Destaca el lanzamiento de GPT-5.3 Codex y celebra el crecimiento vertiginoso de Meta Superintelligence Labs. Para él, entre Claude Cowork y OpenAI, la demanda de computación se dispara, y ha llegado el momento ChatGPT de la IA agentica. No es solo una opinión técnica, es una predicción de mercado. Y si algo ha demostrado Nvidia es que sabe anticipar el futuro.
IA soberana y la carrera geopolítica
Más allá de las alianzas con gigantes tecnológicos, Nvidia está impulsando un fenómeno que apenas se discute en público la IA soberana. Países como Canadá, Francia, Países Bajos, Singapur y Reino Unido están invirtiendo fuertemente en infraestructura propia de inteligencia artificial, y el negocio de Nvidia en este segmento superó los 30.000 millones de dólares, triplicándose interanualmente. La IA ya no es solo un tema corporativo, es una cuestión de seguridad nacional.
Huang lo ve claro todos los países construirán y operarán partes de su infraestructura de IA, al igual que ocurre con la electricidad e internet hoy en día. Y espera que esta actividad crezca al menos en línea con el mercado global, proporcionalmente a su PIB. Pero el camino no es fácil, especialmente en China.
El gobierno de Estados Unidos ha permitido pequeñas entregas de chips H200, pero Nvidia aún no ha obtenido ingresos por ese mercado. Y Huang no oculta la amenaza nuestros competidores en China, impulsados por recientes salidas a Bolsa, están progresando y tienen el potencial de alterar la estructura de la industria global de la IA a largo plazo. Su mensaje es directo EE UU debe seguir siendo la plataforma predilecta para todos los desarrolladores, incluso los chinos, si quiere mantener su liderazgo.
La arquitectura del futuro
En medio de este auge, Nvidia ha cerrado un acuerdo clave con Groq, una empresa especializada en inferencia de baja latencia. Aunque no se trata de una adquisición, el operativo se valora en unos 20.000 millones de dólares y supone una integración de talento y tecnología. Huang lo celebra damos la bienvenida a un equipo de ingenieros brillantes. Y recuerda que, como con Mellanox, ampliarán la arquitectura de Nvidia para alcanzar nuevos niveles de rendimiento.
Los inventarios de la compañía crecieron un 8% y los compromisos de compra se dispararon. No es un signo de sobreproducción, sino de planificación a largo plazo. Huang lo deja claro esto está más alejado en el tiempo de lo habitual y refleja la mayor visibilidad de la demanda que tenemos. Están preparándose para cubrir necesidades hasta 2027. Es una señal inquietante la demanda no baja, se anticipa.
Algunos analistas ya vaticinan que Nvidia superará los 100.000 millones de dólares en efectivo este año. La acción, tras subir más de un 3% fuera de horas, cayó más de un 5% al abrir, mostrando la volatilidad que acompaña al liderazgo absoluto. Pero la estrategia es clara seguir invirtiendo, seguir recomprando acciones, seguir pagando dividendos. Colette Kress, directora financiera, lo resume con tranquilidad seguiremos encontrando oportunidades únicas y adecuadas durante el año para realizar estas compras.
En este nuevo mundo, la computación no solo genera valor. Define el mapa del poder. Y Nvidia, por ahora, es la compañía que más cerca está de controlarlo.