En Hangzhou, la IA física crece mientras otros países aún la debaten sin actuar

China incluyó la 'inteligencia incorporada' como prioridad en su próximo Plan Quinquenal

12 de enero de 2026 a las 07:05h
En Liangzhu, con 1,000 renminbi puedes crear el prototipo de un robot en un barrio emprendedor
En Liangzhu, con 1,000 renminbi puedes crear el prototipo de un robot en un barrio emprendedor

En las calles de Hangzhou, donde el agua de los canales refleja las luces de drones que sobrevuelan los techos, algo distinto está ocurriendo. No se trata solo de más tecnología, sino de una transformación silenciosa: la inteligencia artificial ya no vive solo en las pantallas ni en los chatbots. Está bajando del mundo digital, se pone botas y empieza a caminar. Esta es la era de la IA física, y China, con Hangzhou como epicentro, está apostando fuerte por convertirla en el nuevo músculo de su economía.

El pulso de la IA encarnada

Si Silicon Valley fue el corazón del software, Hangzhou quiere ser el cerebro y el cuerpo de la IA en movimiento. Empresas como Unitree, fabricante de perros robóticos que corren y saltan con agilidad casi animal, o Deep Robotics, que desarrolla máquinas para inspecciones industriales, no están jugando a simular inteligencia. Están construyendo seres que perciben, deciden y actúan en el mundo real. Este enfoque, bautizado como "inteligencia incorporada", ha sido incluido como prioridad en el próximo Plan Quinquenal chino. No es una moda. Es una apuesta de Estado.

El gobierno de Beijing no está solo en esta lectura. En noviembre, una comisión clave del Congreso de Estados Unidos advirtió con tono de urgencia: China avanza rápido en robótica y sistemas autónomos. Y recomienda a Washington que reactive inversiones y desbloquee regulaciones, como si estuviera viendo cómo se le escapa una ventaja estratégica. La carrera ya no es solo por procesadores más rápidos, sino por máquinas que entiendan y operen en entornos reales.

Los seis pequeños dragones

En el centro de este ecosistema están las llamadas "seis pequeñas dragones": startups de IA y robótica con nombre propio, ambición global y un pie ya en el mercado de valores. Muchas de ellas tienen su sede o su origen en Hangzhou. Entre ellas, Manycore, fundada por Victor Huang, exingeniero de Nvidia. Su enfoque no es el de vender acceso a un modelo de lenguaje, sino permitir que los robots comprendan el espacio tridimensional, que lean un entorno como si tuvieran intuición espacial.

 

En lugar de recopilar manualmente todos los puntos de datos, usar métodos de IA para calcularlos hará que el proceso sea mucho más fácil y rápido

 

Huang sabe que su tecnología necesita potencia. Y por ahora, eso significa depender de chips de Nvidia, cuya eficiencia energética es difícil de igualar. Pero aquí entra un matiz estratégico. En China, la electricidad es más barata, y eso puede nivelar el campo de juego. Huang calcula que aunque un chip de 3 nanómetros consuma un 30% menos que uno de 7, si el costo de la energía es un 40% o 50% menor, las empresas pueden seguir siendo competitivas incluso con hardware menos avanzado.

Es una lección clave: la potencia de cómputo no se mide solo en teraflops. Depende también del precio del kilovatio, de la calidad de los datos y de cómo se gestiona el sistema en operación.

El modelo chino de la IA abierta

Manycore ha hecho algo que suena casi revolucionario en el contexto actual: ha liberado su modelo de IA espacial como código abierto. Mientras empresas como OpenAI o Anthropic optan por modelos cerrados y de pago, en China hay una tendencia creciente a compartir. No por idealismo, sino como estrategia. Al abrir el código, se acelera la innovación, se recibe retroalimentación masiva y se genera ecosistema.

Pero también hay un coste.

Limita los ingresos directos porque los usuarios no tienen que pagar por el acceso. Así que recibirás presión de los inversores

 

Es un equilibrio delicado. ¿Vale la pena sacrificar beneficios inmediatos por escalar más rápido? En Hangzhou, muchos creen que sí. La cultura del prototipo, del ajuste en tiempo real y del acceso comunitario está ganando terreno frente al modelo tradicional de producto pulido y controlado.

Liangzhu: el barrio que convierte ideas en robots

Si Hangzhou es el Silicon Valley de la IA física, Liangzhu es su garaje mítico. Este distrito se ha convertido en un imán para emprendedores con poco capital pero muchas ganas. Alex Wei, uno de sus habitantes, lo resume con ironía y orgullo:

Puedes venir a Liangzhu con 1,000 renminbi y salir con el demo de tu producto

 

Allí, el evento mensual "Demo Day", que empezó en una sala de estar, ahora reúne a fundadores e inversores de toda Asia. No se necesitan unicornios. Basta con una idea que resuelva un problema real, aunque sea para mil personas. Es un ecosistema que valora la experimentación más que la perfección.

Superindividuos y espejos inteligentes

La democratización de la IA está permitiendo un fenómeno nuevo: el auge de los "superindividuos", como los llama Afra Wang, analista del puente entre Silicon Valley y China. Son desarrolladores que, con herramientas accesibles, salen de empleos tradicionales y crean negocios rentables en solitario o en equipos mínimos. No necesitan permiso ni grandes inversiones. Solo una idea y acceso a modelos abiertos.

Pero no todo brilla. Wang también advierte sobre el riesgo de la sobrexplotación del término IA. Desde aires acondicionados que anuncian "inteligencia artificial" hasta espejos que detectan si te has puesto protector solar, hay una ola de productos que usan la etiqueta de IA por marketing. Y los llama sin rodeos: "slop de IA física", basura inteligente. Tecnología por mostrar, no por servir.

En Hangzhou, la línea entre revolución y ruido es fina. Pero lo que está claro es que algo está cambiando. La inteligencia artificial ya no es solo una voz en tu teléfono. Está aprendiendo a caminar, a ver, a interactuar. Y mientras unos países aún la debaten, en este rincón de China ya la están poniendo a trabajar.

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