En segundos, la IA resuelve exámenes técnicos casi a la perfección tras una simple foto

Esteban no está jugando a ser agente secreto. Está combatiendo una nueva forma de fraude académico, acelerada por la inteligencia artificial.

26 de enero de 2026 a las 13:05h
En segundos, la IA resuelve exámenes técnicos casi a la perfección tras una simple foto
En segundos, la IA resuelve exámenes técnicos casi a la perfección tras una simple foto

En una aula de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Valencia, el silencio no es solo señal de concentración. También puede esconder una trampa. Una foto subrepticia, una IA al otro lado del mundo y en segundos, la respuesta perfecta aparece en una pantalla. Lo que antes era un temor disperso se ha convertido en un desafío concreto. Y ahora, en medio del pasillo, el director de la escuela camina con un pequeño dispositivo en la mano. Parece un juguete de los años ochenta, con una antena telescópica que se estira como las radios antiguas. Pero su propósito es absolutamente del siglo XXI: detectar trampas.

La guerra electromagnética en el aula

El dispositivo que Héctor Esteban lleva consigo durante los exámenes no emite señales. No bloquea nada. Pero sí escucha. Escucha el ruido invisible que emiten los teléfonos móviles, las gafas inteligentes, cualquier aparato conectado a redes inalámbricas. Cuando capta una emisión en las bandas comerciales de Bluetooth, Wi-Fi o datos móviles, responde con un sonido. O con una vibración, si así lo prefiere quien lo maneja.

Esteban no está jugando a ser agente secreto. Está combatiendo una nueva forma de fraude académico, acelerada por la inteligencia artificial. Hace apenas cinco años, el problema era esporádico. Algunos estudiantes enviaban fotos del examen a alguien fuera del aula, esperando una respuesta. Hoy, basta con hacer una foto al examen y la IA lo resuelve casi a la perfección. En segundos, sin errores evidentes, como si el conocimiento hubiera sido asimilado por un alumno brillante.

Cuando comenzó en este cargo hace cinco años, aunque no era tan frecuente, ya existían casos en los que el alumnado enviaba una foto del examen a "alguien de fuera que lo resolvía"

Por qué no se pueden apagar las señales

La solución más obvia, instalar inhibidores de frecuencia, fue descartada por una razón simple: la ley lo prohíbe. Interrumpir señales de telefonía o datos en espacios públicos no está permitido, ni siquiera en un examen. Así que la escuela optó por el segundo mejor camino: detectar, no bloquear.

Los dispositivos usados no emiten radiación. Solo reaccionan. Y su diseño, con antenas que parecen sacadas de una película de espías de los setenta, resulta casi irónico frente a la sofisticación del fraude que pretenden descubrir. Pero funcionan. Pueden ajustar la sensibilidad para acercarse a la fuente de la señal, y cuando suenan, el proceso es claro: el alumno debe vaciar los bolsillos. La mera tenencia de un móvil, incluso apagado, conlleva el suspenso.

"basta con hacer una foto al examen y la IA lo resuelve casi a la perfección o a la perfección en algunos casos, en cuestión de segundos"

El suspenso automático

Esteban es contundente: si el detector localiza un dispositivo activo, no hay discusión. El suspenso es automático. Antes de cada examen, se lo repiten a los estudiantes. No es una amenaza. Es una regla. Y esa claridad, según él, ha ayudado a disuadir.

En los últimos tres años, la situación ha mejorado. No porque el fraude haya desaparecido, sino porque ahora hay una herramienta que lo espía. Pero Esteban no se engaña. Los detectores son una medida provisional frente a un problema muy serio. Y mientras la tecnología de los estudiantes avanza, la del control apenas da saltos pequeños, condicionados por la normativa.

¿Cómo se evalúa en la era de la IA?

La pregunta ya no es solo cómo evitar el fraude, sino cómo repensar la educación. Si la inteligencia artificial puede resolver exámenes técnicos con precisión, ¿qué sentido tiene un examen basado solo en respuestas escritas?

Esteban propone dos caminos. Uno: exámenes presenciales, en papel, con vigilancia humana y tecnológica al máximo nivel. El otro: permitir el uso de herramientas como ChatGPT, pero exigiendo una defensa oral posterior. Este último sistema permite detectar el fraude en cuestión de segundos, porque si el alumno no entiende lo que ha entregado, se nota al instante.

"Si el detector lo localiza, el suspenso es automático"

La tecnología al servicio de la honestidad

El detector que Esteban lleva en la mano no es un final. Es un síntoma. Un síntoma de que el sistema educativo está en una encrucijada. Por un lado, la tecnología que debería facilitar el aprendizaje se convierte en un atajo para eludirlo. Por otro, las instituciones se ven obligadas a convertirse en centros de seguridad digital improvisados.

Y mientras tanto, el reloj avanza. La IA no se detiene. Los dispositivos se vuelven más pequeños, más invisibles. Las gafas inteligentes ya pueden grabar sin que nadie lo note. El siguiente paso podría ser aún más difícil de detectar.

Héctor Esteban ya no solo es director de escuela. Es también un vigilante del silencio electromagnético. Y aunque pide que se autorice el uso de inhibidores, sabe que eso no será suficiente. La verdadera batalla no se gana con antenas o ruidos de alerta. Se gana repensando qué significa saber, qué significa aprender, y qué tipo de estudiantes queremos formar en un mundo donde la inteligencia no siempre es humana.

Sobre el autor
Redacción
Ver biografía