La inteligencia artificial ya circula por la política catalana, pero casi siempre lo hace sin reglas escritas.
Ese es el dato que une usos muy distintos dentro del Parlament. Ningún partido catalán tiene aprobada por su ejecutiva o su consejo nacional una gobernanza de la inteligencia artificial que fije principios éticos, control interno y transparencia, aunque varios ya la emplean en tareas de trabajo diario, propaganda o apoyo creativo.
ChatGPT entró en el hemiciclo antes de que llegaran las normas
En 2023, Carlos Carrizosa, entonces líder de la bancada de Ciudadanos, utilizó ChatGPT para formular una pregunta a Pere Aragonès sobre la vinculación de miembros de ERC con Tsunami Democràtic. Aragonès, jefe del Govern, respondió achacando ese recurso a la supuesta pérdida de capacidad política de Ciudadanos.
Aquella escena tuvo algo de anécdota y algo de aviso. La herramienta ya no estaba fuera del debate, sino dentro del lenguaje parlamentario.
Sílvia Orriols, líder de Aliança Catalana, también acusó a otros diputados de usar inteligencia artificial sin control.
La sospecha no nació en abstracto. En octubre del año pasado circuló un vídeo generado con Grok en el que se veía a Orriols disparando y pisoteando a Carles Puigdemont, líder de Junts per Catalunya, una imagen fabricada que retrata hasta qué punto la política puede convertirse en material sintético.
Los partidos ya la usan, pero no todos para lo mismo
Junts per Catalunya y el Partido Popular recurren a la inteligencia artificial para desarrollar recursos gráficos, vídeos, música o elementos visuales de apoyo. ERC la dedica a sintetizar informes o documentos y a comparar textos legislativos, mientras los Comuns la emplean como herramienta exploratoria y para revisar propuestas, ideas de campaña o discursos.
El Partido Socialista sigue en fase de análisis. Junto a los Comuns, además, evita publicar en redes sociales contenido creado de manera sintética.
"Una cosa es utilizar la IA y otra es delegar en ella el criterio político" - Els Comuns
La diferencia importa porque no todas las formaciones entienden igual el lugar que debe ocupar la máquina. Aliança Catalana sostiene que puede servir como apoyo en un momento puntual, pero no como herramienta esencial.
"Puede intervenir como apoyo en tareas concretas pero la voz, el criterio y la responsabilidad política siempre tienen que ser nuestras" - Junts per Catalunya
Entre los partidos que sí han dado un paso más, ERC destaca por una decisión concreta. ERC es el único partido que ya tiene implantada una herramienta corporativa de inteligencia artificial, en este caso Copilot, elegido por su entorno Microsoft y por sus garantías de privacidad.
Mientras tanto, los Comuns empezaron con ChatGPT y prevén migrar a Claude por la resistencia ética de Anthropic frente a las pretensiones armamentísticas de Donald Trump. Ese debate sobre herramientas y límites conecta con el pulso entre Anthropic y Trump, donde la discusión técnica ya quedó mezclada con decisiones políticas.
La ausencia de protocolos deja un hueco difícil de explicar
Cristina Aced, consultora y profesora colaboradora de la Universitat Oberta de Catalunya, sitúa el problema en un plano muy concreto. Si las empresas cotizadas y las administraciones públicas ya desarrollan políticas de gobernanza de IA, sostiene, resulta razonable esperar algo parecido de los partidos.
"Si una formación ni siquiera tiene definidas las herramientas y sus finalidades, resulta difícil que la ciudadanía pueda evaluar esos usos" - Cristina Aced, consultora y profesora colaboradora de la Universitat Oberta de Catalunya
Aced añade que el uso sin criterios unificados abre riesgos reputacionales y éticos que pueden terminar en una pérdida de responsabilidad política. Y cuando faltan reglas claras, advierte, aparece la tentación de empujar más lejos la segmentación de mensajes, la automatización de contenidos o la producción de materiales audiovisuales difíciles de distinguir de los reales.
Carlos Saura García, investigador postdoctoral del departamento de Filosofía de la Universitat Jaume I de Castelló, alerta además de que la inteligencia artificial generativa favorece la inundación de contenidos falsos para desinformar. Es un riesgo que ya se parece demasiado a los riesgos de los deepfakes, donde la falsificación no necesita mucho tiempo para convertirse en arma política.
Suiza ya fijó límites que aquí todavía no existen
Hace tres años, cinco grandes partidos de Suiza se comprometieron a limitar los usos de la inteligencia artificial en campaña y a realizar campañas negativas. Cristina Aced plantea una salida parecida en dos niveles, con principios generales marcados por el legislador y protocolos internos desarrollados después por cada partido.
Vox y la CUP declinaron responder sobre su uso y su regulación interna de la inteligencia artificial. Entre quienes ya la usan, y quienes prefieren no explicar cómo la usan, la política catalana se mueve hoy con herramientas cada vez más presentes y con una gobernanza que todavía no existe.