España aprueba su primera ley de IA con multas de hasta 35 millones y veta el reconocimiento facial en público

El Consejo de Ministros da luz verde a la primera ley nacional de IA para adaptar la norma europea, imponer etiquetas a contenidos sintéticos y fijar sanciones de hasta 35 millones de euros.

27 de mayo de 2026 a las 08:36h
España aprueba su primera ley de IA con multas de hasta 35 millones y veta el reconocimiento facial en público
España aprueba su primera ley de IA con multas de hasta 35 millones y veta el reconocimiento facial en público

España ya tiene sobre la mesa su primera ley nacional para regular la inteligencia artificial. El Consejo de Ministros la aprobó este martes con un objetivo inmediato, trasladar la reglamentación europea al marco español y fijar quién vigila, quién responde y qué usos quedan fuera.

La norma llega cuando muchas de estas herramientas ya circulan por oficinas, aulas y servicios públicos. Ahí aparece una de sus tensiones más claras, porque la obligación europea de etiquetar contenidos sintéticos entrará en vigor en agosto, pero la capacidad de sancionar en España depende todavía del calendario parlamentario.

La ley fija multas de hasta 35 millones de euros

El texto prevé sanciones de hasta 35 millones de euros para quienes incumplan la normativa. La encargada de supervisar su cumplimiento será la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial, que además deberá adquirir carácter independiente seis meses después de la aprobación de la ley.

Ese diseño deja una imagen bastante concreta del nuevo tablero. Por un lado, la agencia podrá exigir desde agosto que los contenidos creados con inteligencia artificial lleven etiqueta. Por otro, no podrá sancionar por esa falta si la ley nacional no queda aprobada antes de julio.

En la práctica, durante ese tramo puede haber obligación sin castigo.

Diez usos quedarán prohibidos y otros deberán pasar por control humano

La ley veta diez ámbitos de uso de esta tecnología. Entre ellos figuran la identificación de rostros en lugares públicos y los sistemas de escaneo de emociones en el trabajo, dos aplicaciones que tocan zonas especialmente sensibles de la vida cotidiana.

No hablamos solo de máquinas tomando decisiones remotas, sino de herramientas que podrían mirar a una persona en la calle o intentar leer su estado emocional en una oficina. La norma cierra esa puerta y, al mismo tiempo, coloca bajo vigilancia humana los sistemas de alto riesgo.

Ahí entran procesos como la selección de personal, la admisión educativa y la gestión de infraestructuras críticas, un terreno sobre el que ya habían aparecido debates sobre dilemas éticos de la inteligencia artificial. En esos casos, la ley obliga a que una persona supervise las decisiones de sistemas de alto riesgo.

La Administración tendrá delegados y un inventario de sistemas

Además del control sobre empresas y desarrolladores, el texto mira hacia dentro del propio Estado. Cada Ministerio contará con un delegado de inteligencia artificial y la Administración creará un inventario con todos los sistemas de inteligencia artificial que utiliza.

Esa doble medida busca algo muy simple de entender y difícil de ejecutar, saber qué herramientas usa cada organismo y quién responde por ellas. Cuando una tecnología entra en la maquinaria administrativa, la opacidad no suele nacer de un gran secreto, sino de una suma de decisiones dispersas.

La norma, sin embargo, introduce otra asimetría relevante. El sector público quedará fuera de las sanciones económicas previstas en la ley, aunque sí tendrá nuevas obligaciones de control, registro y coordinación interna.

La agencia coordinará a varias autoridades en un calendario ajustado

Mientras el Congreso tramita la norma como ley orgánica, la Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial gana peso como pieza de coordinación. El texto le da un papel reforzado junto a la Agencia Española de Protección de Datos y la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

También se alargan hasta agosto los plazos vinculados a la transparencia de los modelos de inteligencia artificial de uso general y a las obligaciones para sistemas de alto riesgo, un marco que encaja con discusiones previas sobre la regulación europea de la inteligencia artificial. No es un detalle menor, porque la supervisión de estas herramientas rara vez depende de una sola ventanilla.

Al final, la fotografía que deja esta ley tiene algo poco habitual en la política tecnológica, prohibiciones concretas, multas muy altas y un calendario que no encaja del todo con la urgencia. En agosto habrá obligación de etiquetar contenidos sintéticos, pero España podría llegar a ese mes con la exigencia activa y la sanción todavía en pausa.

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