España apuesta más de 2.000 millones para liderar la deep tech y crear nuevos mercados

"No hay una definición establecida" de deep tech, pero España ya financia IA y cuántica

20 de febrero de 2026 a las 08:35h
España apuesta más de 2.000 millones para liderar la deep tech y crear nuevos mercados
España apuesta más de 2.000 millones para liderar la deep tech y crear nuevos mercados

Resolver problemas complejos que afectan al planeta y a la sociedad. Ese es el corazón de lo que se conoce como tecnologías profundas. No son simples aplicaciones más de moda ni herramientas de conveniencia. Son respuestas científicas intensivas, fruto de años de investigación, capaces de transformar sectores enteros. Energía, salud, inteligencia artificial, materiales avanzados, fotónica, sensores cuánticos, terapias genéticas. Todo esto entra en el campo de lo que el Ministerio de Ciencia español define como tecnologías orientadas a desafíos globales, con capacidad de generar nuevos mercados o reinventar los existentes. Y ahora, España quiere jugar en esa liga.

Una apuesta de miles de millones

El Gobierno ha puesto sobre la mesa una Estrategia Nacional de Deep Tech, con una inversión prevista que supera los 2.000 millones de euros. La implementación comienza este año, y parte de esa cifra ya tiene destino claro 1.500 millones para inteligencia artificial y 808 millones para tecnologías cuánticas. Este despliegue financiero no solo busca impulsar la innovación, sino también atraer inversión privada hasta alcanzar un impacto total de hasta 1.500 millones adicionales. Es un movimiento ambicioso, consciente de que el futuro se construye con ciencia, pero también con capital.

En octubre del año pasado se cerró el plazo para presentar alegaciones a la estrategia. Entre quienes han intervenido, está Raquel Jorge, directora de Asuntos Europeos en la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital). Ella lo tiene claro "no hay una definición establecida ni a nivel internacional ni a nivel europeo" para deep tech. Esa falta de consenso no es un obstáculo, sino una señal de que el terreno está en construcción. Y también de que el riesgo es inherente.

Las tecnologías profundas requieren inversión intensiva y maduran lentamente. Entre el laboratorio y el mercado, hay un abismo. Un valle. Y ese valle tiene nombre el "valle de la muerte financiero".

El salto del laboratorio al mercado

En España ya hay un millar de compañías de deep tech, según el último informe de Mobile World Capital. Casi dos tercios nacieron en universidades. Son hijos de la ciencia, pero no siempre encuentran el camino a la escalabilidad. El crecimiento es real un 3.6% más respecto al año anterior. Facturan alrededor de 1.400 millones de euros y dan empleo a unos 13.500 trabajadores. Sus sectores predominantes energía, tecnologías de la información e industria. Pero, según Raquel Jorge, el ecosistema sigue siendo "aún incipiente".

"Aquí es donde nos encontramos la gran barrera en el caso de las entidades españolas, pero también ocurre en otros países, como Italia, Portugal, Polonia, Lituania, Francia, Alemania o Países Bajos", advierte. El problema no es la falta de talento ni de ideas. Es la brecha entre la investigación y la comercialización. En esa etapa crítica, cuando los costes se disparan y los ingresos aún no llegan, muchas empresas se ahogan.

"Desarrollar estas tecnologías profundas es una oportunidad para generar nuevas soluciones que aporten servicios de bienestar importantes como, por ejemplo, en el ámbito de la salud", subraya Jorge. Pero para eso, no basta con descubrir. Hay que escalar. Y para escalar, hace falta estructura.

"En España existen fondos de capital riesgo con recursos, pero las empresas emergentes, a veces, carecen de capacidad organizativa y humana para comprometer una serie de resultados en el periodo que se les requiere" - Raquel Jorge, directora de Asuntos Europeos de la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital)

Falta una pieza clave el puente público

Los inversores, tanto públicos como privados, están moviéndose. Se están superando algunas barreras regulatorias. Se activan instrumentos más flexibles. Pero aún hay una carencia estructural. "Hasta ahora hemos tenido un abanico de líneas de financiación pública amplia, pero hemos carecido de mecanismos de coordinación. Tendría que haber una entidad o un departamento en la administración pública española que se encargará de esa supervisión", insiste Raquel Jorge.

Y va más allá "No disponemos todavía en España de una entidad específica pública para invertir en tecnologías profundas y la hemos reclamado en nuestras alegaciones". Es una llamada de atención. Porque sin un organismo que dé continuidad, que entienda los plazos de la ciencia y que actúe como puente entre el conocimiento y el mercado, el esfuerzo puede quedar disperso.

El Foro de Empresas Innovadoras (FEI) coincide en que el conocimiento, por muy sólido que sea, no basta. "El conocimiento es fundamento imprescindible para que se puedan ofrecer soluciones disruptivas", afirma en su informe, "pero no es suficiente por sí mismo para llegar al mercado y convertirse en valor para la sociedad".

El FEI propone una hoja de ruta clara una mejor ley de empresas emergentes, creación de una Oficina de Defensa del Emprendedor, becas específicas, redes de emprendimiento interregionales e internacionales, refuerzo de incentivos fiscales y mercantiles, y entornos de prueba seguros para validar tecnologías sensibles. Son piezas de un puzzle que aún no encaja del todo.

El horizonte cuántico y más allá

Mientras tanto, el mundo avanza. Peter Barrett, inversor en empresas de deep tech a través de Playground Global, lo dice con contundencia en MIT Technology Review "Con ordenadores cuánticos a gran escala en el horizonte y avances en algoritmos cuánticos, estamos preparados para pasar del descubrimiento al diseño, entrando en una era de dinamismo sin precedentes en química, ciencia de materiales y medicina. Será una nueva era de dominio del mundo físico".

Estamos al borde de una transformación que no solo cambiará la tecnología, sino nuestra relación con la materia, la salud y el entorno. España tiene talento, universidades, empresas y ahora también una estrategia. Lo que falta es convertir esa estrategia en un motor sostenible. Porque las tecnologías profundas no son una moda. Son el futuro. Y el futuro no espera.

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