España prohíbe redes sociales a menores de 16: la adolescencia entra en zona protegida

"Nuestros hijos están expuestos a un espacio que nunca debieron recorrer solos... Ya no lo aceptaremos"

11 de febrero de 2026 a las 06:55h
España prohíbe redes sociales a menores de 16: la adolescencia entra en zona protegida
España prohíbe redes sociales a menores de 16: la adolescencia entra en zona protegida

Un viento de cambio recorre las capitales del mundo. Desde Dubái hasta París, de Oslo a Lisboa, gobiernos que antes miraron con pasividad la avalancha digital que envuelve a los jóvenes ahora levantan la voz. Y no solo hablan. Actúan. El objetivo es claro frenar el acceso de los menores a las redes sociales. España acaba de sumarse al movimiento con una medida contundente. A partir de ahora, los menores de 16 años no podrán acceder libremente a plataformas como Instagram, TikTok o Facebook. Un anuncio que no suena a experimento sino a respuesta urgente.

Una ola global de protección digital

La decisión del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, no surgió en un vacío. Es parte de una corriente que ya ha alcanzado a decenas de países. Australia fue pionera en 2023 al vetar el acceso a menores de 16 años. Francia, por su parte, estableció la barrera en los 15 años. Dinamarca permitirá el acceso desde los 13 años, pero solo con consentimiento parental. Reino Unido, tras una contundente votación en la Cámara de los Lores, respaldó la prohibición para menores de 16 años, aunque el Gobierno busca revertirla en la Cámara de los Comunes. Cada nación traza su propio mapa, pero todos caminan en la misma dirección.

El Parlamento Europeo dio un paso decisivo en noviembre al aprobar limitar el acceso hasta los 16 años, con una salvedad el control parental permitiría el uso desde los 13. La idea no es aislar a los jóvenes, sino acompañarlos. Para ello, los eurodiputados apoyaron el desarrollo de una aplicación de verificación de edad que podría implementarse en los 27 países miembros. Una herramienta técnica al servicio de una decisión ética.

Portugal ya presentó un proyecto de ley que fija la mayoría de edad digital en 16 años, obligando a las plataformas a introducir sistemas de verificación y controles parentales. Malasia anunció que su prohibición entrará en vigor en 2026. Indonesia ha creado una comisión para definir su propia edad mínima. Y en Estados Unidos, Utah se convirtió en el primer estado en exigir aprobación parental para que los menores puedan registrarse en redes sociales.

¿Por qué ahora?

La pregunta no es si estas medidas son excesivas, sino por qué no se tomaron antes. El desarrollo cerebral de los adolescentes está en juego. Durante la adolescencia, el cerebro sigue modelándose. Las emociones, la toma de decisiones, la autoestima, todo es más vulnerable. Y las redes sociales no son simples herramientas de entretenimiento. Son ecosistemas diseñados para captar atención, activar recompensas y mantener a los usuarios enganchados. Algoritmos que aprenden del comportamiento y lo amplifican, muchas veces hacia lo negativo.

La Fundación ANAR ha recogido datos escalofriantes en los últimos 12 años, los casos de tristeza, ansiedad, depresión, autolesiones y trastornos de la conducta alimentaria en menores se han multiplicado por 35. Y uno de los factores recurrentes en los testimonios es la presión constante de las redes. Comparaciones, acoso, filtros irreales, la búsqueda de validación a través de likes. Un cóctel tóxico que se sirve gratis, desde cualquier dispositivo, a cualquier hora.

"Nuestros hijos están expuestos a un espacio que nunca debieron recorrer solos... Ya no lo aceptaremos" - Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España

"Los protegeremos del Salvaje Oeste digital" - Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España

La metáfora del Salvaje Oeste no es exagerada. Hasta ahora, el entorno digital ha funcionado como una frontera sin ley. Plataformas globales operan con modelos de negocio basados en datos y atención, mientras los efectos colaterales recaen en las familias, las escuelas y los servicios de salud. Proteger a los menores no es censura. Es responsabilidad.

El peso de la ciencia

Las palabras de los políticos encuentran eco en la comunidad científica. José Manuel Montes, del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid, advierte que el impacto de las redes en el desarrollo cerebral de los jóvenes puede ser tan profundo que se asemeja a ciertos patrones observados en personas con autismo. No se trata de equiparar, sino de alertar sobre la magnitud del fenómeno. El cerebro adolescente no está preparado para procesar el bombardeo emocional, social y visual que las redes imponen.

Víctor Pérez Sola, presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental, va más allá. Propone algo que aún falta una guía clínica de aplicaciones recomendadas. Lo ideal sería que los profesionales tuviéramos un registro de las aplicaciones a recomendar para facilitar a los usuarios redes sociales, webs o Apps que sean útiles, seguras y fiables para su patología.

Es una idea revolucionaria. Imagina que, en lugar de dejar a los padres a merced de las tiendas de aplicaciones, los psicólogos pudieran recetar plataformas. No solo bloquear, también ofrecer alternativas. Porque educar en la era digital no es prohibir por prohibir. Es guiar, acompañar, dotar de herramientas.

El papel de los padres y la educación

Las leyes son necesarias, pero insuficientes. En Italia, el ministro de Educación, Giuseppe Valditara, lo dijo con claridad prohibir sin corresponsabilidad educativa queda en papel mojado. El Estado puede y debe establecer límites, pero la escuela y la familia deben enseñar a navegar.

El caso de Alemania es revelador. El Gobierno considera que la senda marcada por Australia está más que justificada, pero apuesta por endurecer las normas dentro del entorno educativo. No basta con cerrar puertas. Hay que construir paredes culturales, hábitos, conciencia digital. Como se enseña a cruzar la calle, se debe enseñar a publicar una foto, a reaccionar ante un comentario hiriente, a identificar una cuenta falsa.

Noruega, bajo el liderazgo de su primer ministro Jonas Gahr, ha puesto el foco en el poder de los algoritmos. No se trata solo de contenido, sino de cómo ese contenido llega. Un joven no elige lo que ve. El sistema decide por él. Y muchas veces, lo empuja hacia lo extremo, lo adictivo, lo polarizador.

Un nuevo contrato social digital

Estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo contrato social. Uno que reconoce que la infancia y la adolescencia merecen espacios protegidos, incluso en lo digital. Que el derecho a la conexión no anula el derecho a la salud mental. Que la innovación tecnológica no puede avanzar a costa de la vulnerabilidad humana.

Las redes sociales no desaparecerán. Pero tal vez, por fin, dejen de ser un territorio sin dueño. Un lugar donde los adultos decidieron no entrar. Proteger a los jóvenes no es retroceder. Es avanzar con responsabilidad.

  • Francia prohíbe el acceso a menores de 15 años
  • Australia y España fijan la barrera en 16 años
  • El 63% de los adolescentes europeos usa redes más de 3 horas diarias
  • Portugal exige verificación de edad y controles parentales
Sobre el autor
Redacción
Ver biografía