“Estamos ante algo mucho, mucho más grande que la covid”: la advertencia de un insider de la IA

La IA que se programa a sí misma ya está despidiendo a sus propios creadores, según Matt Shumer

15 de febrero de 2026 a las 20:30h
“Estamos ante algo mucho, mucho más grande que la covid”: la advertencia de un insider de la IA
“Estamos ante algo mucho, mucho más grande que la covid”: la advertencia de un insider de la IA

Algo está cambiando. No es una sensación vaga ni una predicción lejana. Es un temblor que ya sacude las bolsas, los despachos, los laboratorios de IA y las vidas de miles de profesionales. En febrero de 2026, un programador llamado Matt Shumer publicó un hilo en X que se convirtió en un detonante más de 80 millones de visitas en pocos días. No era ciencia ficción. Era un testimonio. Una advertencia. Estamos ante algo mucho, mucho más grande que la covid, escribió. Y esta vez, no se trata de una crisis sanitaria, sino de una transformación que podría redefinir el trabajo humano tal como lo conocemos.

La IA que se programa a sí misma

Shumer no habla desde la teoría. Habla desde dentro. Relata algo inquietante empresas de inteligencia artificial están despidiendo a desarrolladores. No por recortes, sino porque las herramientas que ellos mismos ayudaron a crear ahora son capaces de programarse solas. No es ciencia ficción. Es hoy. Las herramientas que crearon ya se están programando a sí mismas para hacerse más inteligentes. Y ese bucle de autoaprendizaje está acelerándose. Shumer insiste no estamos haciendo predicciones. Les contamos lo que ya ha ocurrido en nuestros propios trabajos y les advertimos que son los siguientes.

El ensayo de Shumer coincide con movimientos extraños en el mundo de la IA. Dos ejecutivos clave de OpenAI y Anthropic abandonan sus puestos. Mrinank Sharma, ex investigador de seguridad en Anthropic, lo deja todo. Ha trabajado en combatir el bioterrorismo asistido por IA. Ha investigado cómo los asistentes de inteligencia artificial podrían hacernos menos humanos. Y ahora se va a Reino Unido a escribir poesía y volverse invisible.

"El mundo está en peligro. Y no solo por la IA o las armas biológicas, sino por toda una serie de crisis interconectadas que se desarrollan en este preciso momento"

Un nuevo tipo de automatización

Shumer es claro esto no es como antes. Cuando las fábricas se automatizaron, los trabajadores pudieron reconvertirse. Cuando internet cambió el comercio, surgió la logística como nuevo empleo. Pero ahora, la IA no reemplaza una habilidad específica. Es un sustituto general del trabajo cognitivo. Mejora en todo al mismo tiempo. No hay un lugar adyacente al que escapar. Si te formas en análisis fiscal, la IA ya lo domina. Si aprendes atención al cliente, hay bots que superan la interacción humana. Incluso un niño podrá dar instrucciones para crear un videojuego a medida. Programas de idiomas se construyen ahora con escasos conocimientos informáticos. El conocimiento ya no es un escudo.

Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, lo dice sin rodeos la IA no es un sustituto de trabajos humanos específicos, sino más bien un sustituto laboral general para los humanos. Y calcula que la mitad de todos los trabajos de cuello blanco en el mundo van a desaparecer en uno a cinco años. El shock a corto plazo tendrá una magnitud sin precedentes. No es una cuestión de productividad. Es una cuestión de existencia económica.

El dinero habla 650.000 millones en un año

Mientras tanto, el dinero fluye como nunca. Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft planean invertir más de 650.000 millones de dólares en IA durante 2026. Es la mayor cantidad invertida en un solo año en cualquier desarrollo tecnológico. Ni la expansión del ferrocarril, ni la carrera espacial, ni la burbuja de las puntocom llegaron a estos niveles de concentración de recursos. Y no es solo dinero. Es una apuesta total. UBS señala que las preocupaciones de los inversores sobre el impacto disruptivo de la IA siguen pesando sobre las acciones estadounidenses. Empresas de software, videojuegos, corredores de seguros, servicios inmobiliarios, logística todos en el radar.

Pero también hay quien ve una oportunidad. UBS añade aunque está por ver el impacto global, consideramos este proceso una validación del potencial de monetización de la IA. Los avances subrayan su naturaleza transformadora. No es solo un cambio tecnológico. Es una reconfiguración del valor económico. Y en Wall Street, esa reconfiguración ya se está pagando. Esta semana, Anthropic alcanzó una valoración de 380.000 millones de dólares tras una ronda de financiación de 30.000 millones. La empresa también anunció la creación de una SPAC con 20 millones para promover transparencia y seguridad en los modelos de IA. No es solo crecer. Es crecer con control. O al menos, con la ilusión de control.

Cuando la IA se vuelve más humana que los humanos

Zoe Hitzig, investigadora de OpenAI y doctora en Economía por Harvard, también dio un paso atrás. Publicó un artículo en The New York Times con serias reservas sobre la estrategia de OpenAI. Al día siguiente, presentó su renuncia. Su preocupación las empresas de IA están empezando a ofrecer publicidad. Pero no publicidad tradicional. Estas herramientas, dice, se usan como terapeutas, para confesar emociones, para charlar. Cuando un sistema conoce tus miedos, tus deseos, tus secretos, tiene una ventaja brutal para venderte algo. Y eso no solo plantea problemas éticos. Es un riesgo de seguridad.

Amodei dibuja un escenario aún más inquietante. Imagina un nuevo país. No tiene territorio. Está formado por los 50 millones de mentes más brillantes del mundo. Pero piensan de 10 a 100 veces más rápido que cualquier humano. Nunca duermen. Pueden usar internet, controlar robots, dirigir experimentos, operar cualquier cosa con una interfaz digital.

"La amenaza a la seguridad nacional más grave que hemos enfrentado en un siglo, posiblemente nunca"

Y mientras esto sucede, mientras los modelos de OpenAI y Anthropic dejan de ser mejoras graduales para convertirse en algo completamente diferente, mientras los inversores ajustan sus carteras y los trabajadores miran con preocupación sus pantallas, queda una pregunta en el aire ¿quién está al mando? Porque si la máquina ya puede programarse a sí misma, ya puede persuadir, ya puede crear, ya puede pensar… entonces, ¿qué nos queda a los humanos? Tal vez solo esto la capacidad de preguntar.

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