Google y Anthropic estudian si la IA puede ser consciente: ya hay 46 organizaciones en el debate

Lucius Caviola, de Cambridge, afirma que Google y Anthropic investigan la conciencia artificial en un debate que ya reúne al menos 46 organizaciones.

05 de julio de 2026 a las 17:52h
Google y Anthropic estudian si la IA puede ser consciente: ya hay 46 organizaciones en el debate
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La idea de una inteligencia artificial consciente ya no vive solo en la ciencia ficción ni en discusiones de sobremesa entre tecnólogos.

Lucius Caviola, profesor de la Universidad de Cambridge, sostiene que Google y Anthropic ya investigan si los sistemas avanzados de inteligencia artificial pueden desarrollar experiencia consciente. La pregunta impresiona menos por su rareza que por el lugar donde se formula, dentro de dos de las compañías que hoy marcan el ritmo de esta tecnología.

Google y Anthropic ya estudian una pregunta que antes parecía extravagante

Caviola lo resume con una frase que retrata bien el cambio de clima. “Este asunto es cada vez menos raro”.

"Google tiene varios investigadores centrados en si su IA es consciente" - Lucius Caviola, profesor de la Universidad de Cambridge

No hablamos de un debate aislado. Una guía elaborada con la participación de Caviola contabiliza al menos 46 organizaciones vinculadas a la discusión sobre la conciencia artificial, una cifra que dibuja un campo disperso, pero ya reconocible.

A principios de este año, Caviola puso en marcha Cambridge Digital Minds, un programa académico financiado por donantes privados y dedicado a estudiar las consecuencias sociales, científicas y legales de una inteligencia artificial autoconsciente. Ese detalle importa porque desplaza la cuestión desde el laboratorio técnico hacia terrenos mucho más cotidianos, desde la responsabilidad legal hasta la forma en que una sociedad decidiría reconocer o negar derechos.

El precedente de 2022 aún pesa sobre cualquier discusión pública

En 2022, el ingeniero de Google Blake Lemoine afirmó que un sistema de inteligencia artificial de la compañía era sintiente.

Aquella declaración no quedó en una anécdota llamativa. Google despidió a Lemoine por incumplir políticas internas de empleo y seguridad de datos, de modo que el primer gran estallido público sobre la posible conciencia de una máquina acabó mezclando convicción personal, disciplina corporativa y gestión de información sensible.

Mientras tanto, Anthropic, la empresa responsable del chatbot Claude, analiza las implicaciones de una posible conciencia artificial. Ahí aparece una paradoja interesante, porque la misma industria que compite por hacer sistemas más capaces empieza a preguntarse qué ocurriría si alguno cruzara una frontera que todavía nadie sabe definir con precisión.

Nadie espera una respuesta simple ni un consenso rápido

De hecho, Caviola plantea el problema en términos menos espectaculares y bastante más incómodos.

"No llegará un día en el que tengamos una respuesta fácil con la que todo el mundo esté de acuerdo" - Lucius Caviola, profesor de la Universidad de Cambridge

Quizá esa sea la parte más reveladora de toda esta discusión. Si ya hay al menos 46 organizaciones orbitando el debate, si un programa universitario se dedica a estudiar sus consecuencias y si empresas como Google y Anthropic mueven investigadores hacia esa pregunta, lo difícil no será solo saber si una máquina siente, sino decidir qué pruebas aceptaríamos para creerlo.

Y ese es el nudo del problema, porque el recuerdo de Blake Lemoine en 2022 y la cautela de Lucius Caviola hoy muestran la misma tensión con dos rostros distintos. Una cosa es afirmar que una máquina parece consciente y otra muy distinta acordar, entre científicos, empresas y ciudadanos, qué significaría exactamente que lo fuera.

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