Grecia prueba multas digitales y falla entre el 90% y el 95% de los primeros 5.500 registros

El nuevo sistema digital de sanciones de tráfico en Grecia, en fase piloto desde marzo, generó 5.500 registros iniciales, pero solo 400 fueron validados por la Policía y 420 multas recibieron alegaciones.

12 de junio de 2026 a las 11:49h
Grecia prueba multas digitales y falla entre el 90% y el 95% de los primeros 5.500 registros
Grecia prueba multas digitales y falla entre el 90% y el 95% de los primeros 5.500 registros

Una cámara detecta una infracción, un algoritmo la clasifica y la multa sale hacia el ciudadano. Sobre el papel, el salto parece sencillo. En Grecia, la prueba del nuevo sistema digital de sanciones ha chocado con un dato mucho menos limpio, porque entre el 90 y el 95% de los registros iniciales resultaron fallidos o incorrectos.

Las cifras del piloto explican mejor que cualquier promesa lo que ocurrió. De 5.500 registros generados, la Policía griega solo validó 400 como correctos, mientras el sistema descartó 1.300 casos atribuidos al uso del móvil y 3.800 por exceso de velocidad.

Desde marzo, Grecia cambió el bolígrafo por cámaras y validación digital

Desde finales de marzo, el Sistema Digital de Certificación de Infracciones de Tráfico funciona en fase piloto con una meta concreta, sustituir de forma gradual las multas manuscritas por un procedimiento digital. La base técnica combina cámaras de la empresa pública de transporte OSY en carriles bus con una red de cámaras inteligentes vinculada al Ministerio de Gobernanza Digital.

No es un detalle menor. Cuando una sanción deja de depender del agente que la escribe en la calle y pasa a depender de una cadena automatizada, cada error ya no es solo un fallo técnico, también es un problema administrativo.

El procedimiento tiene tres pasos. Primero, las cámaras registran una posible infracción; después, la autoridad competente valida la información; por último, la multa se emite y se notifica por vía digital al ciudadano.

Ese filtro humano intenta evitar que la máquina convierta cualquier lectura dudosa en una sanción firme, un riesgo que ya aparece en otros debates sobre vigilancia con cámaras e IA. Aquí la diferencia está en que el problema no es teórico, sino medible desde las primeras semanas.

Hasta mayo, las alegaciones mostraron dónde fallaba el sistema

Hasta el 30 de mayo de 2026, el sistema había generado 2.453 multas digitales. Sobre ese total se presentaron 420 alegaciones, lo que equivale al 17,12% de las sanciones emitidas.

De esas reclamaciones, 52 fueron aceptadas, un 2,11% del total de multas. La mayoría de los casos corregidos estaban ligados a diferencias de tiempo, datos difíciles de leer o excepciones relacionadas con el uso del cinturón.

A veces basta un desfase horario, una matrícula poco legible o una circunstancia excepcional para que la automatización tropiece donde un agente, con contexto inmediato, quizá habría dudado antes de tramitar la denuncia.

El embudo redujo miles de registros a unas pocas sanciones válidas

Visto en conjunto, el piloto dibuja un embudo muy estrecho. El sistema produjo miles de registros, pero solo una fracción superó la revisión policial y otra parte relevante acabó cuestionada por los propios ciudadanos.

La secuencia importa porque enseña algo incómodo. Digitalizar no elimina el margen de error, solo lo desplaza de la caligrafía del agente a la lectura de cámaras, relojes internos y datos administrativos, un terreno que ya ha dado problemas en sanciones vinculadas al móvil.

Hay un contraste que resume todo el ensayo. El sistema nació para ordenar y acelerar las multas de tráfico, pero en sus primeros 5.500 registros dejó fuera o marcó mal entre el 90 y el 95%, una proporción que obliga a mirar menos la promesa digital y más la calidad real de cada dato.

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