Harvard Business Review: la IA no redujo el trabajo, lo intensificó en 200 empleados

"La autonomía no se tradujo en menos carga, sino en más responsabilidades"

14 de febrero de 2026 a las 06:10h
Harvard Business Review: la IA no redujo el trabajo, lo intensificó en 200 empleados
Harvard Business Review: la IA no redujo el trabajo, lo intensificó en 200 empleados

La inteligencia artificial llega al trabajo prometiendo alivio. Menos papeleo, menos reuniones mal organizadas, menos tiempo perdido en tareas repetitivas. La idea seduce la IA como un compañero silencioso que asume lo tedioso para que nosotros podamos ocuparnos de lo importante. La promesa más prometedora que rodea hoy a la IA en el trabajo no es que vaya a sustituirnos, sino que podría liberarnos de parte de la carga que arrastramos cada día. Pero, ¿qué pasa cuando esa herramienta diseñada para aliviar empieza, sin que nadie lo ordene, a empujarnos a hacer más?

Cuando la libertad se convierte en aceleración

Un estudio reciente difundido por Harvard Business Review observó durante ocho meses a unos 200 empleados de una empresa tecnológica estadounidense. No se trataba de una fábrica explotadora ni de una startup con cultura de burnout. La empresa no obligaba a usar IA, no impuso nuevos objetivos de productividad ni cambió sus políticas formales. Solo ofreció acceso a herramientas comerciales de inteligencia artificial y dejó que los empleados las integraran como quisieran.

Los resultados, sin embargo, fueron inquietantes. La IA no disminuyó el trabajo, sino que tendió a intensificarlo, incluso sin órdenes explícitas para producir más. No hubo presión directa, pero algo cambió en el aire. Los ingenieros empezaron a asumir tareas de diseño, los de producto revisaban informes de investigación, los diseñadores escribían código. La IA permitía que cualquiera hiciera más por cuenta propia, sin depender de otros. Y eso, lejos de simplificar, amplió el campo de acción de cada uno.

"La IA facilitó que los empleados expandieran su autonomía, pero esa autonomía no se tradujo en menos carga, sino en más responsabilidades mal delimitadas."

El trabajo sin fronteras

Uno de los efectos más notorios fue la desaparición de los límites. Las comidas, los ratos libres, los momentos tras salir del despacho todos se convirtieron en espacios donde responder un correo, revisar un informe generado por IA o ajustar un prototipo parecía no solo posible, sino natural. La IA facilitó que el trabajo se deslizara hacia espacios tradicionalmente reservados al descanso, transformando la experiencia laboral en algo más constante y menos delimitado.

Esto no significa que la gente trabajara más horas en sentido estricto. Pero sí que el descanso se volvió más frágil. La mente, aunque desconectada formalmente, seguía pendiente. Un mensaje interno, un aviso de que un análisis había terminado, una notificación de que un compañero había subido un documento todo ello mantenía el trabajo activo, como una aplicación en segundo plano que consume batería sin que lo notes.

La ilusión de la multitarea eficiente

La tercera gran transformación fue la multitarea sostenida. Antes, si lanzabas un análisis, tenías que esperar. Ahora, mientras la IA procesa, puedes iniciar otra tarea, revisar correos, ajustar un informe. Esta capacidad de mantener múltiples procesos en marcha creó una ilusión la de que todo puede avanzar al mismo tiempo. La posibilidad de ejecutar varias acciones a la vez con sistemas que trabajan en segundo plano empujó a muchos profesionales a sostener un número creciente de tareas abiertas de forma simultánea.

Y con ello, las expectativas cambiaron. Lo que antes tardaba horas, ahora se esperaba en minutos. Lo que se entregaba al día siguiente, se empezó a pedir para la tarde. Nadie lo impuso por escrito, pero la dinámica se fue imponiendo por inercia. La velocidad, alimentada por la tecnología, se convirtió en la nueva norma no dicha.

El verdadero problema no es la IA, sino su uso invisible

El estudio identificó tres mecanismos entrelazados que transforman el día a día la ampliación progresiva de responsabilidades, la difuminación entre trabajo y descanso, y la gestión simultánea de múltiples tareas apoyadas por IA. Juntos, crean un entorno donde la eficiencia no libera, sino que atrapa. El problema no reside en la tecnología en sí, sino en la ausencia de marcos que regulen su uso cotidiano.

Harvard Business Review lo dice con claridad estamos frente a un problema emergente, donde el aumento de capacidad empuja a las organizaciones hacia dinámicas cercanas al agotamiento estructural. No por explotación directa, sino por una aceleración silenciosa. Porque cuando todo puede hacerse más rápido, hacer menos parece pereza.

Hacia una práctica humana de la IA

El desafío, entonces, no es adoptar más IA, sino integrarla sin destruir el equilibrio del trabajo diario. El estudio propone una "práctica de la IA" consciente, basada en pausas intencionales que permitan reconsiderar decisiones, en una secuenciación del trabajo que reduzca la fragmentación y en momentos de conexión humana que contrarresten el aislamiento.

No se trata de rechazar la tecnología, sino de domesticarla. De recordar que una herramienta diseñada para servirnos no debe terminar gobernándonos. Y que, al final, el trabajo digno no se mide por lo que producimos, sino por cómo vivimos mientras lo hacemos.

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