Hasta 40 ciberdelitos diarios sacuden la Costa del Sol: el crimen migra a la pantalla

"El 100% de los tiroteos están resueltos y eso es inédito en el mundo" - Javier Salas

27 de enero de 2026 a las 13:05h
Hasta 40 ciberdelitos diarios sacuden la Costa del Sol: el crimen migra a la pantalla
Hasta 40 ciberdelitos diarios sacuden la Costa del Sol: el crimen migra a la pantalla

En los últimos meses de 2025, la Costa del Sol se convirtió en un espejo distorsionado de nuestra era digital: un destino turístico paradisíaco por fuera, pero con fisuras profundas por dentro, donde los delitos ya no se cometen solo en callejones oscuros, sino en pantallas encendidas, chats cifrados y cuentas bancarias aparentemente normales. Hasta 40 ciberdelitos diarios se registraron en esta zona andaluza, una cifra que no solo asusta por su magnitud, sino por lo que revela: el crimen ha migrado al mundo virtual, y lo ha hecho con una precisión quirúrgica.

El auge del delito invisible

Entre octubre y diciembre de 2025, se esclarecieron 14.857 ciberdelitos en la región. Ese número no es abstracto. Detrás hay personas que recibieron mensajes de supuestos bancos, clicaron en enlaces falsos, o fueron víctimas de perfiles falsos que prometían amor o fortuna. Las estafas informáticas aumentaron un 7.6%, pero el dato más revelador es el crecimiento global de los ilícitos digitales: un 9.2%. Es decir, el delito no solo crece, sino que lo hace con una velocidad acelerada, aprovechando brechas tecnológicas y emocionales.

Una de las operaciones más sofisticadas desarticuladas en diciembre implicaba un red de blanqueo de capitales que operaba con 470 cuentas fraudulentas. Doscientas sesenta en entidades bancarias, 210 en casas de apuestas online. Y hasta 200 personas fueron investigadas por permitir que su dinero sirviera como colchón para ocultar ganancias ilegales. Muchos de ellos, según las investigaciones, eran ciudadanos comunes que creían estar haciendo un favor o ganando comisiones fáciles. La línea entre víctima y cómplice se ha vuelto borrosa en la era del dinero rápido y los clics irresponsables.

El rostro oculto de la violencia

Mientras el ciberespacio se convierte en un campo de batalla, la violencia física no ha desaparecido. Al contrario, ha mutado. El crimen organizado incrementó los secuestros un 160% en el último trimestre del año. Uno de los casos más escalofriantes fue el de una madre y sus hijos, raptados en Francia por el exmarido, quien los obligó a recorrer España y Portugal durante trece días, bajo amenazas y agresiones, hasta ser liberados en la Costa del Sol. Un itinerario de terror que terminó en una región que, paradójicamente, muchos asocian con el descanso y la tranquilidad.

En Fuengirola, un drama familiar estalló con consecuencias irreversibles: un hijo mató a su padre, hirió gravemente a su madre y, tras saltar desde un segundo piso, murió. Un parricidio que no fue un hecho aislado, sino parte de un contexto más amplio de violencia doméstica, salud mental sin tratar y descomposición social. Los homicidios dolosos bajaron de 19 a 18 casos, y los intentos de asesinato de 53 a 47, pero cada cifra representa una historia quebrada, una familia destrozada.

La inteligencia artificial, cómplice del mal

La tecnología, que prometía empoderar, también ha sido hackeada por la maldad. En noviembre de 2025, la Agencia Española de Protección de Datos sancionó con 2.000 euros a una persona por manipular imágenes de menores mediante inteligencia artificial y difundirlas en redes. Un delito silencioso, invisible, que deja secuelas profundas en víctimas que ni siquiera saben que han sido violadas digitalmente.

Y luego está el caso de la mujer arrestada en San Sebastián tras una denuncia en la Costa del Sol. Usó montajes generados con inteligencia artificial para extorsionar a 311 hombres en todo el país. Su arma no fue un arma, sino algoritmos. Su poder, la vergüenza ajena. Un ejemplo escalofriante de cómo la humillación digital puede convertirse en una industria criminal.

¿Qué está cambiando en las calles?

Mientras el ciberespacio arde, las calles parecen enfriarse. Los robos con violencia e intimidación bajaron un 20.8%. Los cometidos en domicilios y comercios, un 22.5%. Incluso los hurtos menores cedieron un 3.4%. El tráfico de drogas también retrocedió un 7.7% en la Audiencia Provincial de Málaga. ¿Es señal de que las políticas de seguridad están funcionando? En parte sí. La Comisaría de Málaga ha formado equipos especializados en secuestros, sicarios y robos de alijo. En Benalmádena, por ejemplo, se han desarticulado redes que operaban bajo la sombra del narcotráfico.

Y en Marbella, se han implementado planes especiales para combatir el crimen organizado. Tal vez por eso, Javier Salas, subdelegado del Gobierno en Málaga, pudo afirmar al cierre de 2025:

"El 100% de los tiroteos están resueltos y eso es inédito en el mundo" - Javier Salas, subdelegado del Gobierno en Málaga

Una declaración contundente, casi cinematográfica. Pero también una promesa: que el Estado no ha perdido el control, aunque el escenario del delito haya cambiado.

El lado humano de las estadísticas

Las cifras pueden seducir por su aparente objetividad, pero esconden emociones crudas. El aumento de los delitos sexuales en un 1.7% durante el tercer trimestre contrasta con la bajada del 6.7% en agresiones con penetración. El Ministerio del Interior lo atribuye a las “activas políticas de concienciación y de reducción de la tolerancia social”. Y hay un factor clave: las víctimas tienen una mayor predisposición a denunciar. No es solo que haya menos violencia, es que ya no se calla. El silencio, antes aliado del agresor, ahora es su enemigo.

En los siete ajustes de cuentas investigados en el último balance de la comisaría, dos mafiosos franceses aparecieron implicados en tres operaciones distintas. Una señal de que el crimen transnacional está aquí, entrelazado con las estructuras locales, moviéndose entre fronteras y jurisdicciones.

La Costa del Sol, en 2025, es un laboratorio del delito contemporáneo. Un lugar donde lo analógico y lo digital se mezclan, donde la violencia se disfraza de tecnología y la seguridad intenta seguir el ritmo. No es solo una cuestión de policías y cárceles. Es una batalla cultural, tecnológica y ética. Y la pregunta no es cuántos delitos se cometen, sino qué tipo de sociedad queremos construir cuando el próximo crimen ya no necesite una pistola, solo un ordenador y una mentira creíble.

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