La inteligencia artificial ya no está llamando a la puerta de la escuela española. Ya ha entrado, se ha sentado en la mesa y trabaja cada día con profesores y alumnos, aunque no siempre bajo las mismas condiciones ni con la misma tranquilidad.
El estudio La irrupción de la IA en Educación se apoyó en 5.866 encuestas al profesorado y 1.054 al alumnado de enseñanzas no universitarias en las 17 comunidades autónomas y las dos ciudades autónomas de España. El trabajo se realizó en mayo de 2026 con la colaboración de USTEC STEs IAC.
El alumnado ya usa la IA con una normalidad que desborda a la escuela
Un 92,74 % del alumnado ya emplea herramientas de inteligencia artificial. La cifra retrata una adopción muy extendida en unas aulas donde la tecnología suele llegar antes a los hábitos cotidianos que a las normas que intentan ordenarla.
De media, los estudiantes dedican 1 hora y 1 minuto al día a la inteligencia artificial para tareas académicas. La usan sobre todo para hacer esquemas y resúmenes, resolver dudas con explicaciones personalizadas y preparar trabajos de búsqueda de información.
Otro dato ayuda a medir el paisaje completo. El alumnado usa la inteligencia artificial 54 minutos al día para fines privados y pasa 3 horas y 3 minutos diarias en redes sociales, una comparación que sitúa estas herramientas dentro de una dieta digital mucho más amplia.
Además, el 64,71 % considera que la inteligencia artificial le sirve para aprender y mejorar su rendimiento académico. Esa percepción explica parte de su avance en clase y conecta con experiencias de estudio guiado por máquinas, como ya se ha visto en tutores de IA para aprender idiomas.
El profesorado la conoce, pero no termina de fiarse
Frente a ese uso casi generalizado entre los estudiantes, el 86,23 % del profesorado ha utilizado herramientas de inteligencia artificial o conoce sus posibilidades. No parece una resistencia frontal, sino una relación más ambivalente, marcada por la utilidad y la cautela al mismo tiempo.
De hecho, el 93,83 % del profesorado considera que estas herramientas no son totalmente fiables y revisa los resultados antes de aceptarlos. La escena resulta conocida en cualquier centro, con docentes que prueban la ayuda automática pero mantienen la última palabra.
Un 25,97 % las usa con frecuencia para generar contenidos didácticos, diseñar actividades, crear recursos multimedia, elaborar rúbricas, adaptar materiales para la inclusión educativa y asumir trabajo burocrático. Ahí aparece una de las paradojas más claras del estudio, porque la IA gana terreno allí donde más escasea el tiempo.
La falta de tiempo pesa justo donde la IA promete ahorrar tiempo
El principal obstáculo que menciona el profesorado es la falta de tiempo, con un 33,09 %. Muy cerca aparece la falta de formación, con un 32,87 %, y después la falta de medios técnicos y recursos, con un 21,11 %.
La contradicción tiene algo de ironía cotidiana. Las herramientas que prometen aligerar tareas entran en los centros a través de docentes que apenas disponen de margen para aprender a usarlas, evaluarlas y decidir cuándo ayudan de verdad y cuándo solo aceleran el trabajo aparente.
También asoma aquí un problema de ritmo institucional. El alumnado adopta estas plataformas con rapidez, mientras el profesorado intenta incorporarlas entre clases, correcciones, preparación de materiales y exigencias administrativas, un desfase que convierte la innovación en una carga añadida.
La advertencia no habla de prohibir, sino de medir el coste cognitivo
Lorenzo Alberca García, coordinador del área de IA de STEs I, sitúa el debate en el terreno del aprendizaje y no solo en el de la eficiencia escolar.
"Existe ya evidencia científica que apunta a que el uso abusivo de la IA puede empeorar el aprendizaje, la memoria e incluso generar una atrofia o deuda cognitiva. No se trata de demonizar la herramienta, pero sí de actuar con prudencia y responsabilidad. En este sentido, deberíamos poner en cuarentena su uso en las aulas mientras no sepamos con certeza cómo afecta al aprendizaje y al desarrollo cognitivo del alumnado." - Lorenzo Alberca García, coordinador del área de IA de STEs I
Su intervención desplaza la conversación a una pregunta incómoda. Si una herramienta facilita resumir, responder y ordenar información, también puede reducir el esfuerzo mental que forma parte del propio aprendizaje, igual que una calculadora resuelve una operación sin enseñar necesariamente a entenderla.
Esa tensión atraviesa todo el estudio. Mientras el 92,74 % del alumnado ya usa inteligencia artificial, el 93,83 % del profesorado revisa sus resultados porque no los considera totalmente fiables, una convivencia entre adopción masiva y desconfianza que hoy define mejor que ninguna consigna el lugar de la IA en la escuela.