En un laboratorio del País Vasco, a pocos metros de los monitores donde se diseñan chips cuánticos, un equipo de ingenieros ajusta sistemas de criogenia capaces de enfriar componentes a temperaturas más bajas que las del espacio profundo. A miles de kilómetros, en Nueva York, IBM anuncia un superordenador cuántico 20.000 veces más potente que los actuales. En Madrid, el Gobierno diseña un plan de 808 millones para impulsar una tecnología que aún no ha entrado en la mayoría de las fábricas ni en los despachos de dirección. Todo esto ocurre al mismo tiempo. Y todo está conectado.
Europa entre el talento y la trampa del valle de la muerte
Europa no arranca desde cero. De hecho, en ciencia cuántica, lleva años compitiendo al frente. Sus universidades y centros de investigación publican entre los mejores artículos del mundo. Pero hay un abismo entre publicar y producir. Un salto que muchos llaman el "valle de la muerte" ese espacio oscuro entre el prototipo de éxito y el producto comercial escalable. Y en la cuántica, ese valle no es solo profundo, es un precipicio.
"Europa sabe investigar, pero le cuesta industrializar. Ese salto, del prototipo al producto, del laboratorio a la fábrica, del artículo científico al contrato, es el famoso 'valle de la muerte', que en cuántica es más profundo que en otras tecnologías ciclos largos, riesgo técnico alto y dependencia de infraestructura compleja. Si no logramos que el tren pase de maqueta a servicio, seremos un continente brillante… y dependiente" - Irene López de Vallejo, Jefa de Desarrollo de Negocio en el Laboratorio Cuántico de Tecnalia
La fragmentación es uno de los mayores frenos. Mientras Estados Unidos concentra inversión pública y privada en megaproyectos impulsados por gigantes como Google o IBM, y China lanza iniciativas nacionales con presupuestos colosales, Europa avanza a saltos. Cada país, cada región, monta su propio laboratorio, su programa piloto, su alianza local. Suena plural. Pero en tecnología profunda, la fragmentación no multiplica esfuerzos los diluye.
Un estudio de la Comisión Europea lo dice con crudeza el bloque atrae apenas el 5% de la inversión privada global en cuántica. Frente al más del 50% que captan Estados Unidos. La paradoja es evidente investigamos más que muchos, pero industrializamos menos.
La carrera no es solo de gigantes
El escenario global no perdona. McKinsey estima que para 2035, los tres pilares de la tecnología cuántica computación, comunicación y detección podrían generar 97.000 millones de dólares en ingresos. Para 2040, el mercado total rozaría los 198.000 millones. Europa, según la Comisión, podría superar los 155.000 millones de euros en valor y crear miles de empleos de alta cualificación. Pero solo si actúa rápido y con coherencia.
China ya domina en comunicaciones cuánticas satelitales. Estados Unidos lidera la inversión privada y cuenta con una maquinaria industrial que transforma ideas en productos a escala. Europa, en cambio, depende en gran parte de startups. Empresas como IQM en Finlandia, Pasqal en Francia o Multiverse Computing en España. Esta última, con 163 patentes, es la líder europea en quantumAI. Pero una industria basada casi exclusivamente en startups es frágil si no hay escala, capital y mercado.
"Se invierte, pero a trozos, sin masa crítica. En tecnología profunda, la fragmentación no es pluralidad, es lentitud. Y la lentitud se paga con irrelevancia" - Irene López de Vallejo
La cuántica como orquesta
La computación cuántica no es solo física de partículas. Es criogenia, microfabricación, electrónica de control, software, verificación, ciberseguridad. Un solo componente que falla, y todo el sistema se desafina. La cuántica no es un instrumento, es una orquesta entera. Y hoy, en Europa, muchos músicos tocan en silos.
Faltan perfiles híbridos físicos que entienden de software, ingenieros que ven más allá del hardware, matemáticos que colaboran con industrias reales. Y sobre todo, falta experiencia industrial. "Faltan perfiles híbridos y, sobre todo, experiencia industrial", advierte López de Vallejo. Sin esa experiencia, es difícil convertir un avance técnico en un servicio facturable.
David Sanz, socio responsable de tecnologías emergentes en KPMG en España, lo resume sin rodeos "El continente sigue teniendo dificultades para atraer suficiente inversión privada". Y aunque Europa destaca en producción científica, no logra convertirla en patentes, productos ni aplicaciones con impacto real. "Las mejoras competitivas, si se producen, suelen ser experimentales o piloto", señala. La cuántica, para la mayoría de las empresas, sigue siendo un campo emergente, no una herramienta cotidiana.
España y los primeros pasos del tren cuántico
En el Barcelona Supercomputing Center (BSC), un nuevo ordenador cuántico acaba de encenderse. Es el primero en España y el primero desarrollado con tecnología 100% europea. Su construcción, fruto de una unión temporal de empresas (UTE) entre Qilimanjaro y GMV, no es solo un hito técnico. Es un símbolo Europa puede hacerlo, si se une.
Este sistema forma parte de Quantum Spain, una red de 27 instituciones coordinadas por el BSC. Y no está solo. Pronto se integrará con MareNostrum 5, el supercomputador nacional, un segundo sistema cuántico de tipo analógico. La idea es clara combinar lo mejor de la computación clásica con lo prometedor de la cuántica. "En este momento la computación cuántica está investigando las áreas de aplicación práctica de esta tecnología", explica José María Cela, director del departamento de Aplicaciones Computacionales para Ciencia e Ingeniería del BSC-CNS. "Podrían complementarse co-procesadores cuánticos y superordenadores".
El Gobierno español ha dotado su Estrategia de Tecnologías Cuánticas 2025-2030 con 808 millones de euros públicos, con la expectativa de movilizar otros 700 millones del sector privado. Y en San Sebastián, el Centro Computacional IBM-Euskadi alberga el primer IBM Quantum System Two operativo en Europa. Un hub más en una geografía que empieza a tejerse Galicia, País Vasco, Madrid, Cataluña.
"Lo importante, es lo que se construye alrededor formación de talento, apoyo al desarrollo de algoritmos, impulso a nuevas líneas de investigación y primeros contactos con la industria. Estamos aprendiendo cómo sacar partido a esta tecnología, y es clave que España pueda hacerlo participando activamente, no desde fuera" - José María Cela, director del departamento de Aplicaciones Computacionales para Ciencia e Ingeniería del BSC-CNS
El reloj cuántico no espera
El momento es temprano. Quizá demasiado para hablar de retorno inmediato. Pero justo por eso es decisivo. "Las posiciones no están cerradas", dice Cela. "Y actuar ahora puede marcar la diferencia a largo plazo". Europa no necesita inventarlo todo. Pero sí necesita asegurarse de que no dependerá de tecnologías desarrolladas en Silicon Valley o Shanghái, especialmente en áreas sensibles como la defensa o las redes críticas.
Alfonso Rubio-Manzanares, coordinador del grupo de trabajo de tecnologías cuánticas de Ametic, es tajante "Menos papers y más resolución de problemas reales". Su mensaje va dirigido a universidades, empresas y políticos. "Las empresas quieren facturar para crecer", recalca. Por eso aboga por compra pública, capital público-privado y políticas reales para que los investigadores puedan crear spin-offs sin perderse en la burocracia.
La cuántica no es solo un reto tecnológico. Es una prueba de madurez estratégica. Europa tiene conocimiento. Tiene talento. Tiene centros de excelencia. Pero tiene que aprender a coordinarse, a escalar, a arriesgar con inteligencia.
Porque, como advierte Irene López de Vallejo con una claridad que corta el aire "En la cuántica se juega Europa su autonomía estratégica. No hay plan B posible".