En la sala pediátrica del Hospital de Distrito de Mangochi, Blessings Juma ha visto cambiar una estadística que no cabe en una hoja de cálculo. Antes podían morir cuatro niños en una semana o 15 días. Ahora, cuenta, registran quizá una muerte.
La diferencia no nace de una máquina que sustituya a médicos y enfermeras, sino de algo más concreto. IMPALA combina monitores junto a las camas con inteligencia artificial para detectar el deterioro temprano de los pacientes hospitalizados y avisar antes de que la urgencia estalle.
"Comenzamos con sistemas de monitoreo, pero luego pensé en añadir más valor incorporando inteligencia artificial. [Con ayuda de esta tecnología], el dispositivo es capaz de predecir enfermedades hasta tres horas antes de que ocurran, o alertar al personal de enfermería horas antes de que el estado de un niño empeore" - William Nkhono, doctor e impulsor del sistema IMPALA
No es un matiz menor en un país donde llegar tarde puede decidirlo todo. En 2024, Malaui registró 48,7 muertes de menores de cinco años por cada 1.000 nacidos vivos, con unas 32.177 muertes infantiles ese mismo año.
A esa presión se suma una escasez extrema de personal. Malaui contaba en 2022 con 0,1 médicos por cada 1.000 habitantes, muy lejos de los 4,3 de España y también por debajo del umbral de 2,3 profesionales sanitarios cualificados por cada 1.000 habitantes que recomienda la Organización Mundial de la Salud.
Cuando falta personal, una alerta puede ganar horas decisivas
Ahí es donde el sistema intenta abrir hueco en medio del colapso cotidiano. Si un niño empieza a deteriorarse, el monitor convierte esa variación en una señal visible o sonora para que el personal priorice a quien peor está en ese momento.
"Muchos de los problemas que surgen en los hospitales son debidos a una detección tardía [de las dolencias] o por no atender a los niños a tiempo. Gracias a los monitores con IA instalados en las camas de las salas pediátricas, el sistema emite una señal roja para alertar a las enfermeras y priorizar la atención de los niños más graves" - William Nkhono, doctor e impulsor del sistema IMPALA
Chifundo Katundu, asistente clínico pediátrico del Hospital de Distrito de Mangochi, pone un ejemplo sencillo y muy físico. Cuando la saturación de oxígeno baja, el dispositivo lanza una alerta sonora. En un pabellón lleno, ese aviso puede pesar más que una revisión rutinaria hecha demasiado tarde.
Los datos del propio despliegue dibujan un cambio medible. El centro clínico de IMPALA registró entre un 40% y un 51% menos de muertes en dos hospitales de Malaui durante 2023 y 2024, en comparación con el periodo 2022 y 2023.
Más de 100.000 pacientes han pasado ya por salas con este sistema de monitorización implantado. Además, el 91% de 116 enfermeras y médicos encuestados aseguró que su carga de trabajo y sus niveles de estrés bajaron tras la implementación.
Reducir el tiempo de alta también cambia la presión diaria del hospital
La tecnología no solo vigila constantes vitales. También altera el ritmo interno de las plantas pediátricas, donde cada retraso arrastra al siguiente paciente y estrecha todavía más el margen de maniobra del personal.
"Antes de introducir el monitor, los procesos de alta podían durar hasta tres horas; ahora se completan en aproximadamente 1,8 horas. Además, formamos de manera continua al personal de enfermería, ya que hay una rotación frecuente y cada tres o cuatro meses hay nuevas incorporaciones" - William Nkhono, doctor e impulsor del sistema IMPALA
Esa reducción del tiempo de alta ayuda a entender por qué la sensación de alivio aparece también en las encuestas. Menos esperas, menos cuellos de botella y menos necesidad de correr detrás de un empeoramiento que ya llegó tarde. En medicina, a veces la innovación más útil no hace más ruido, sino menos.
Detrás del proyecto hay un consorcio internacional formado por el Instituto de Salud Global y Desarrollo de Ámsterdam, el Centro Médico de la Universidad de Ámsterdam, Goal 3, el Imperial College de Londres, la Universidad de Ciencias de la Salud de Kamuzu, la Universidad de Negocios y Ciencias Aplicadas de Malaui, el Laboratorio Nacional de eSalud y la Unidad de Excelencia en Formación.
Salvar una vida cuesta entre 105 y 208 dólares
La escala del despliegue también importa porque mueve la discusión desde el experimento hacia la organización sanitaria. IMPALA opera en más de 20 hospitales de Malaui con más de 300 monitores, y en más de 50 hospitales del África subsahariana, entre ellos Tanzania, Ruanda, Kenia, Zimbabue y Gabón, con más de 800 monitores instalados.
En ese mapa más amplio aparece otra pregunta incómoda. ¿Cuánto cuesta llegar antes? En este caso, entre 105 y 208 dólares por vida salvada, una cifra que el equipo vincula no solo a la supervivencia infantil, sino también a hospitalizaciones más cortas y a menos gasto cuando el problema todavía no se ha agravado.
Niek Versteegde, fundador y director ejecutivo de Goal 3, sitúa la discusión en la sostenibilidad del sistema público. En una reflexión cercana a el juicio clínico asistido, sostiene que la inversión se amortiza porque los hospitales gastan menos en fármacos usados cuando la dolencia ya se ha complicado y porque las familias afrontan estancias más breves.
"Cuando se invierte en esta tecnología, la inversión se recupera en vidas salvadas. Se acortan las hospitalizaciones, los centros necesitan menos equipamiento médico y también se reducen los costes sociales" - Job Calis, investigador principal del proyecto IMPALA
Pero incluso una herramienta que funciona choca con el techo de siempre. Niek Versteegde advierte de que, para escalarla e integrarla en el resto de hospitales, hace falta la intervención del Gobierno. La tensión de fondo sigue intacta, porque Malaui ha logrado introducir más de 300 monitores en sus hospitales mientras continúa con apenas 0,1 médicos por cada 1.000 habitantes.