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Transmitir un olor por internet ya no pertenece solo al terreno de la ciencia ficción.
Un equipo internacional liderado por la Universidad Estatal de Ohio y el Laboratorio Zhejiang de China ha desarrollado una plataforma capaz de sintetizar y enviar olores y sabores a distancia. El trabajo apareció el pasado miércoles en una revista científica y coloca el olfato, quizá el sentido más esquivo de digitalizar, dentro del vocabulario habitual del Internet de las Cosas.
La nariz electrónica reconoce patrones que luego viajan por la nube
En el extremo emisor, el sistema incorpora una nariz electrónica con seis sensores semiconductores de óxido metálico que detectan compuestos orgánicos volátiles. Después, algoritmos de aprendizaje automático clasifican cada patrón olfativo con una precisión del 100% en pruebas de laboratorio.
Luego llega la parte menos intuitiva. La señal química se convierte en información digital y viaja hasta un receptor que la traduce en instrucciones para actuadores piezoeléctricos.
Allí, los actuadores vibran a 110 kilohertzios para atomizar microgotas de fragancia. Esa niebla microscópica reconstruye el olor original con una latencia media de 65 milisegundos en ensayos clínicos realizados a través de la nube.
También cabe en una pulsera y hasta en un collar
No hablamos de un único aparato de laboratorio. El equipo diseñó una pulsera portátil de dos canales, un dispositivo de mano de cinco canales y un collar con cinco módulos olfativos.
Esa variedad importa porque acerca la tecnología al cuerpo y a situaciones cotidianas. Un olor enviado a distancia deja de ser una demostración estática cuando puede acompañar un gesto tan simple como mover la muñeca o acercarse un collar al rostro.
La medicina encuentra una utilidad muy concreta
Uno de los usos más claros aparece en la evaluación clínica del olfato. La plataforma permite realizar pruebas a distancia para medir pérdidas de este sentido o distorsiones olfativas asociadas a infecciones víricas como la covid-19 y a traumatismos craneoencefálicos.
"Un sistema de evaluación quimiosensorial habilitado para el Internet de las Cosas puede reducir la necesidad de visitas frecuentes a la clínica, lo que mejora la comodidad del paciente y permite una atención oportuna y personalizada". - Autores del estudio
Durante las pruebas con 16 voluntarios, el dispositivo determinó umbrales de percepción olfativa y también reconoció combinaciones binarias de aromas. Ahí está la diferencia entre un truco llamativo y una herramienta medible, porque no solo libera una fragancia sino que discrimina cómo la percibe una persona.
La taza inteligente añadió sabor a una bebida que no existía
El equipo no se quedó en el olfato. Integró el sistema con un simulador de gusto dentro de una taza inteligente que dosifica líquidos aromatizados en agua mediante mecanismos electromagnéticos.
Además, la plataforma se conectó con visores de realidad mixta para que los usuarios interactúen con bebidas virtuales y reciban al mismo tiempo aroma y sabor físicos. Esa combinación recuerda hasta qué punto la experiencia digital siempre ha tenido una carencia básica, porque veía y sonaba, pero no olía ni sabía.
Chunyu Yang firma la referencia del estudio publicada en 2026 junto a otros autores. Y el dato más difícil de ignorar sigue siendo muy concreto, con solo 65 milisegundos de latencia media entre una señal química y su llegada remota.