En un mundo donde la inteligencia artificial cuestiona cada vez más el valor del trabajo creativo, y la pandemia dejó secuelas profundas en las profesiones más frágiles, Irlanda ha dado un paso audaz. No con discursos ni promesas, sino con cheques semanales de 325 euros. Desde 2022, 2.000 artistas del país reciben una renta básica incondicional, una medida que nació como experimento pero que ya se ha convertido en política de Estado.
Una apuesta sin precedentes
El gobierno irlandés ha consolidado lo que muchos consideraban un sueño un ingreso básico estable para artistas. Con una inversión de 18,27 millones de euros para el primer ciclo, el programa garantiza a cada beneficiario una suma semanal que equivale a 16.900 euros anuales, libres de impuestos y sin obligación de acreditar actividad. Esta cifra no es un salario, pero sí un colchón. Uno que permite respirar, planificar, y sobre todo, crear.
La selección fue rigurosa. De 9.025 candidaturas, 2.000 artistas fueron elegidos por sorteo. La transparencia era clave evitar sesgos y garantizar equidad en un sector tradicionalmente desigual. Entre los elegidos, predominan las artes visuales con 707 participantes, seguidos por músicos y compositores con 584. También hay espacio para cineastas, escritores, performers y bailarines. Todos comparten una realidad la precariedad económica no es un mal menor, sino una trampa que ha expulsado a muchos del mundo del arte.
El tiempo como recurso creativo
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio independiente que evaluó el piloto es que los 325 euros semanales no solo alivian el bolsillo, sino que devuelven algo aún más valioso el tiempo. Los beneficiarios ganaron hasta 25 horas extra a la semana para dedicarse a su oficio. Horas que antes se consumían en trabajos precarios, turnos nocturnos o empleos ajenos a su vocación.
Y ese tiempo no se pierde. Se transforma. El informe revela que, en promedio, los artistas aumentaron sus ingresos totales en 500 euros mensuales. Al mismo tiempo, redujeron en 280 euros sus ingresos procedentes de actividades no artísticas. Un intercambio claro menos empleos forzados, más creación remunerada. No es solo un ingreso básico, es una palanca para profesionalizar lo que muchos hacen por amor.
Un efecto multiplicador
La renta básica para artistas no es un gasto, es una inversión. Así lo demuestran las cifras. Cada euro público aportado genera 1,39 euros de retorno. En total, se estima que el programa, con una ejecución real de 72 millones de euros, generará unos 80 millones en retorno económico. Y aunque la inversión inicial prevista era de 105 millones, el ajuste muestra eficiencia, no recorte.
Esto no significa que todos los artistas se hayan vuelto ricos. Pero sí que muchos han podido publicar libros, producir música, montar exposiciones, rodar cortometrajes. Y al hacerlo, han movido economía han contratado técnicos, alquilado espacios, comprado materiales. El arte, cuando se financia, se expande.
"Este es un hito importante para las artes en Irlanda y para nuestra forma de apoyarlas" - Patrick O'Donovan, Ministro de Arte y Cultura de Irlanda
Una política con reglas claras
El programa ya no es un experimento. Es una política estructural. Los 325 euros semanales se mantienen, pero ahora con un diseño más sostenible. Los beneficios se otorgan en ciclos de tres años, con una alternancia que evita la dependencia crónica quienes participan entre 2026 y 2029 no podrán optar al ciclo 2029-2032, pero sí al siguiente, en 2032-2035.
Además, al finalizar cada ciclo, hay una salida gradual. Durante tres meses, el pago se reduce un 25% cada mes hasta extinguirse. Una amortización suave, que permite ajustarse a la realidad sin caer en el vacío. No es un cheque para siempre, es un puente. Uno que busca consolidar carreras, no perpetuar subsidios.
"Irlanda es líder mundial en el ámbito del apoyo a artistas gracias a la BIA (Basic Income for the Arts)" - Patrick O'Donovan, Ministro de Arte y Cultura de Irlanda
¿Un modelo exportable?
Es inevitable preguntarse ¿y el resto del mundo? Mientras algunos países debaten si el arte es un lujo o una necesidad, Irlanda lo ha resuelto con un gesto simple pagar a los artistas como se paga a cualquier trabajador. No por espectáculos vendidos, ni por subvenciones competitivas, sino por existir, crear, persistir.
Y lo hace en un contexto delicado. La irrupción de la inteligencia artificial amenaza con desplazar a creadores en diseño, música, escritura. La pandemia ya dejó heridas abiertas. Pero en vez de mirar hacia otro lado, Irlanda ha apostado por la dignidad del trabajo creativo. Porque el arte no es un adorno, es parte del tejido social.
"El retorno económico de esta inversión en los artistas y trabajadores de las artes creativas de Irlanda está teniendo un impacto positivo inmediato para el sector y la economía en general" - Patrick O'Donovan, Ministro de Arte y Cultura de Irlanda
Quizá lo más revolucionario no sea el dinero, sino el mensaje creer en el arte como derecho, no como favor. Y en el artista, como alguien cuyo trabajo merece estabilidad, aunque no siempre se mida en taquilla.