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La inteligencia artificial no está recortando trabajo en ciberseguridad tanto como está cambiando su naturaleza.
Un estudio de ISC2 entre 856 profesionales dibuja una escena menos automática de lo que suele imaginarse. La herramienta que prometía ahorrar tiempo obliga ahora a muchos equipos a gastar parte de ese tiempo en algo más incómodo, decidir cuándo merece confianza y cuándo conviene levantar la ceja.
El ahorro de tiempo llegó, pero obliga a revisar más
El 65% de los encuestados dedica más tiempo a decidir cuándo confiar en las recomendaciones generadas por la inteligencia artificial. Y el 63% reconoce que también invierte más tiempo en revisar o validar sus resultados.
Hay un dato que resume bien esa tensión. El 89% afirma haber recibido recomendaciones de la inteligencia artificial que acabaron en resultados incorrectos.
Scott Beale, director ejecutivo de ISC2, enmarca ese cambio de funciones.
"La IA no está sustituyendo a los profesionales de la ciberseguridad; está cambiando lo que la profesión exige de ellos" - Scott Beale, director ejecutivo de ISC2
La imagen encaja con una profesión que ya no solo vigila alertas o aplica procedimientos. Ahora también tiene que filtrar respuestas automáticas, igual que muchas organizaciones no asumen todavía la velocidad con la que estos sistemas alteran los ritmos de trabajo.
Entender una recomendación pesa tanto como aplicarla
Un 24% asegura que a menudo o muy a menudo se espera de ellos que actúen a partir de resultados generados por inteligencia artificial sin comprender del todo cómo se han obtenido. En seguridad, eso no es un detalle técnico menor, porque una mala recomendación puede traducirse en una respuesta errónea ante una amenaza real.
Por eso el 82% considera fundamental saber cuándo confiar en los resultados de la inteligencia artificial. Y el 80% amplía esa idea al terreno de la gobernanza, con marcos claros para decidir cuándo aceptar una recomendación y cuándo ignorarla.
Scott Beale, director ejecutivo de ISC2, describe aquí un desplazamiento del trabajo hacia tareas menos repetitivas.
"A medida que la IA asume tareas más repetitivas, las funciones de ciberseguridad se están orientando hacia un trabajo de mayor valor, desde plantear las preguntas adecuadas hasta validar los resultados, interpretar los datos y aplicar el criterio humano" - Scott Beale, director ejecutivo de ISC2
Visto así, la promesa de automatización no elimina la necesidad de criterio, sino que la vuelve más visible. También la acerca a un problema más amplio que ya aparece en la gobernanza de la inteligencia artificial, donde la cuestión central no es solo qué puede hacer una máquina, sino quién responde cuando falla.
Los puestos iniciales cambian, pero las bases siguen ahí
La encuesta deja otra paradoja interesante. El 56% afirma que la inteligencia artificial ha reducido la necesidad de puestos de nivel inicial, pero el 53% dice al mismo tiempo que está creando nuevos tipos de puestos en ese mismo escalón.
No desaparece la puerta de entrada, cambia su forma.
Ese movimiento ayuda a explicar por qué el 48% se siente más optimista sobre su carrera a largo plazo. A la vez, el 62% sostiene que la inteligencia artificial no ha reducido la necesidad de contar con competencias básicas en ciberseguridad, de modo que el conocimiento de base sigue siendo el suelo sobre el que se apoya todo lo demás.
La responsabilidad tampoco se desplaza hacia la máquina por arte de magia. El 50% de los encuestados señala que los responsables humanos deben rendir cuentas cuando aparecen errores relacionados con inteligencia artificial.
Scott Beale, director ejecutivo de ISC2, lleva esa idea más allá de los perfiles junior y la extiende a toda la estructura de los equipos.
"Esta evolución no se limita a los puestos de nivel inicial. Cambia la forma en que se distribuye el trabajo entre los equipos de seguridad, lo que hace que la inversión continua en gobernanza, prácticas de validación, tutoría y desarrollo de competencias sea esencial en todos los niveles" - Scott Beale, director ejecutivo de ISC2
Al final, el dato más difícil de ignorar no habla de ahorro ni de eficiencia. Habla de confianza, porque casi nueve de cada 10 profesionales ya han visto cómo una recomendación de la inteligencia artificial terminaba en un resultado incorrecto.