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Jeremy Grantham no discute la importancia de la inteligencia artificial. Lo que discute es el precio que Wall Street está dispuesto a pagar por ella.
El cofundador de GMO ha lanzado una advertencia incómoda para el momento actual del mercado. En el podcast Diary of a CEO, Grantham afirmó que la burbuja de la inteligencia artificial ya supera a la de internet de 2000, la crisis inmobiliaria de 2008 y la fiebre especulativa del ferrocarril del siglo XIX.
"La IA está creando una burbuja histórica" - Jeremy Grantham, cofundador de GMO
No es una frase menor en boca de un inversor que ayudó a fundar uno de los primeros fondos indexados de la historia. Tampoco en la de quien dirige una firma con sede en Boston, Grantham, Mayo & van Otterloo, que administra miles de millones de dólares para clientes institucionales con estrategias de renta variable, renta fija y asignación de activos.
Grantham ve una tecnología decisiva, pero rechaza su precio
Aquí aparece la contradicción más interesante. Grantham reconoce que la inteligencia artificial es probablemente una de las tecnologías más transformadoras de la historia, pero al mismo tiempo cuestiona la valoración que hoy reciben muchas compañías vinculadas a esa carrera.
No pone en duda la potencia de la herramienta, sino el coste de subirse a ella en este momento.
Esa distinción importa porque separa dos debates que a menudo viajan juntos aunque no signifiquen lo mismo. Una cosa es admitir que la inteligencia artificial puede alterar sectores enteros y otra muy distinta aceptar cualquier precio bursátil como si el entusiasmo bastara para justificarlo.
De hecho, ese temor a la euforia ya ha asomado en las alertas de otros gestores, aunque Grantham lleva la comparación a un terreno mucho más severo. Cuando coloca la IA por encima de 2000, 2008 y el ferrocarril del siglo XIX, no está usando una referencia cualquiera.
Su receta pasa por salir de Estados Unidos
Lejos de quedarse en el diagnóstico, Grantham propone mover la cartera. Aconseja reducir el peso de las acciones estadounidenses y aumentar la exposición a acciones internacionales, bonos y una pequeña posición en oro.
Su mensaje apunta a una diversificación más defensiva frente a un mercado que considera recalentado.
No deja de ser llamativo que esa recomendación llegue desde alguien asociado durante décadas al análisis paciente del largo plazo. Grantham también preside la Grantham Foundation for the Protection of the Environment y ha firmado, junto a otros autores, The Making of a Permabear: The Perils of Long-term Investing in a Short-term World, un título que ya sugiere una relación tensa con las manías del mercado.
La comparación con otras burbujas no cabe en una frase
Ni 2000 ni 2008 aparecen aquí como simples estampas históricas. Grantham sitúa la inteligencia artificial por encima de ambos episodios y también por encima de la fiebre ferroviaria del siglo XIX, un ciclo que convirtió una tecnología útil en un terreno abonado para la especulación desmedida.
Hay un matiz relevante en esa comparación. Las tres referencias remiten a momentos en los que una idea con base real terminó mezclándose con valoraciones que acabaron perdiendo contacto con el precio razonable, y eso es exactamente lo que Grantham dice ver ahora en torno a la IA.
Su firma, además, no opera en un rincón pequeño del sistema financiero. GMO administra miles de millones de dólares para clientes institucionales mediante estrategias de renta variable, renta fija y asignación de activos, un tipo de negocio que vive de medir riesgos cuando el resto del mercado prefiere hablar solo de oportunidades.
Quizá por eso su advertencia suena menos a desahogo y más a termómetro. Si una tecnología puede ser transformadora y, al mismo tiempo, alimentar la mayor burbuja entre varias de las grandes referencias de la historia financiera, la tensión no está en la máquina, sino en el precio que algunos ya aceptan pagar por ella.