Joaquín González Cabrera: 5 pistas para detectar textos de IA, de los párrafos iguales a los 17 puntos y coma

El doctor en Psicología Joaquín González Cabrera explica que la escritura automática se delata por su cadencia uniforme, la puntuación excesivamente limpia y referencias bibliográficas perfectas.

30 de mayo de 2026 a las 07:48h
Joaquín González Cabrera: 5 pistas para detectar textos de IA, de los párrafos iguales a los 17 puntos y coma
Joaquín González Cabrera: 5 pistas para detectar textos de IA, de los párrafos iguales a los 17 puntos y coma

Hay textos que no delatan a una máquina por lo que dicen, sino por cómo respiran. Todos los párrafos miden casi lo mismo, la puntuación cae con una pulcritud sospechosa y cada idea parece avanzar al paso de un metrónomo.

Joaquín González Cabrera, doctor en Psicología e investigador, lleva ese rastro a detalles que muchos lectores perciben sin saber nombrarlos. La rareza no suele estar en un error llamativo, sino en una corrección demasiado uniforme.

La escritura automática suena limpia, pero a veces suena demasiado limpia

González Cabrera sitúa una de las pistas más visibles en la forma del texto. Un escrito generado con IA tiende a encadenar párrafos de tamaño parecido, y esa regularidad acaba produciendo una cadencia plana, casi mecánica.

Ahí aparece una paradoja interesante. Durante años se enseñó a escribir mejor evitando fallos, pero él recuerda que las personas aprendemos precisamente a base de cometerlos y corregirlos con la experiencia.

"Las personas aprendemos a escribir cometiendo errores. Lo normal es que empecemos haciéndolo mal. Lo veo hasta en doctores jóvenes. Aprendemos con la experiencia." - Joaquín González Cabrera, doctor en Psicología e investigador

La consecuencia práctica es incómoda para cualquiera que corrija trabajos, informes o correos. Cuando un texto parece demasiado aseado en todos sus rincones, la sospecha ya no nace del desastre, sino de una perfección homogénea.

Otro indicio aparece en la puntuación. González Cabrera pone el foco en el punto y coma, un signo que muchos humanos evitan porque pocos tienen claro cuándo usarlo, mientras que un sistema automático puede repartirlo con una soltura poco habitual.

Su ejemplo resulta muy gráfico. Si en un texto aparecen montones de puntos y coma, incluso 17, él ve una señal probable de escritura asistida por IA.

Las referencias perfectas también pueden levantar sospechas

Hay un terreno donde esa pulcritud llama aún más la atención, el de las referencias bibliográficas. Al seguir estructuras rígidas y normas formales muy definidas, cualquier pequeño desliz solía ser parte normal del paisaje académico.

González Cabrera lo resume con una idea que invierte una vieja costumbre universitaria. Antes de la IA, dice, no había ni una bibliografía perfecta. Ahora, de repente, aparecen todas.

Algo parecido le ocurre con la puntuación general de un trabajo. Cuando lee un texto de un alumno y no ha sentido ni un tropiezo porque todo está puntuado de manera impecable, desconfía.

Ese patrón conecta con otra observación sobre el estilo automático, las huellas de ChatGPT en la escritura suelen aparecer menos en el contenido que en la textura del discurso, en esa sensación de superficie demasiado lisa.

La narración imita la emoción, pero no termina de vivirla

No siempre hace falta mirar signos o normas. A veces basta con atender al tono. González Cabrera compara esa narración con Dexter, el personaje que intentaba emular a las personas normales y sus sentimientos, pero dejaba una impresión extraña, plana.

Su explicación va por otro camino distinto al gramatical. Una IA no siente, no tiene memoria emocional ni experiencia, así que puede relatar y describir, pero el resultado queda simétrico y neutro.

"Una IA no tiene ni memoria emocional ni experiencia. Relata, describe, pero sin más." - Joaquín González Cabrera, doctor en Psicología e investigador

También influye su carácter complaciente. Él sostiene que una IA es servicial, no contraría y no quiere sonar malsonante, de modo que tiende a suavizar bordes que en la escritura humana aparecen casi sin pedir permiso.

Por eso muchos textos automáticos no parecen obras maestras ni desastres. Lo normal es que no suenen ni a Góngora o Quevedo ni tampoco estén mal, y justo esa medianía correcta complica a veces la detección.

El cierre constante y las muletillas delatan un ritmo aprendido por estadística

Hay fórmulas que vuelven una y otra vez. González Cabrera menciona cierres como “En resumen”, “como conclusión” o “por lo tanto”, incluso en mensajes brevísimos donde un humano rara vez siente la necesidad de rematar con una moraleja.

Lo mismo ocurre con expresiones de contexto ampuloso. Frases como “en el panorama actual”, “en la era digital” o “en el dinámico mundo de hoy” funcionan como comodines que rellenan y ordenan, aunque no siempre aporten información real.

Esa querencia por cerrar y contextualizar se parece a otros análisis sobre la detección de texto generado por IA, donde el problema no está solo en encontrar trampas, sino en reconocer hábitos repetidos.

Frente a eso, el humano rompe el compás. Puede escribir una frase larguísima y luego rematar con un “Y ya” o un “Piénsalo”, mientras la IA mantiene un ritmo constante y monótono, como el tic tac de un reloj.

Al fondo de todo asoma el principio de perplejidad que menciona González Cabrera. Cuando una máquina debe elegir una palabra, suele escoger la opción estadística más probable, y ahí la escritura pierde una de las rarezas que más reconocemos como humanas.

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