En medio del humo de los misiles y el ruido de las declaraciones oficiales, hay una nueva arma que no dispara proyectiles, pero que sí hiere la verdad la inteligencia artificial. Lo que antes era ciencia ficción hoy es táctica de guerra. En el conflicto entre Irán y Estados Unidos, con ramificaciones que alcanzan a Israel, Arabia Saudí y buena parte del Golfo, las batallas no solo se libran en el terreno militar, sino también en las pantallas de millones de personas. Y allí, los vídeos falsos arden más rápido que cualquier barco.
El campo de batalla es digital
Imágenes de misiles surcando el cielo, explosiones en alta mar, líderes temblando de miedo. Todo falso. Todo generado por IA. Pero eso no impide que millones los vean, los compartan, los crean. Las redes sociales se han convertido en un campo de batalla de relatos, donde la victoria no la gana quien tiene más tropas, sino quien consigue que su versión de la historia se viralice primero. Y en este juego, la empatía es un lujo que pocos pueden permitirse.
Marc Owen Jones, profesor asociado de análisis de medios en la Northwestern University de Catar, lo tiene claro "Imágenes y vídeos espectaculares que aseguran mostrar en tiempo real escenas de combate y lanzamientos de misiles están inundando las redes sociales, se difunden a gran velocidad y engañan a millones de personas".
Lo más inquietante no es que existan estos contenidos, sino cómo están hechos. Ya no hay errores evidentes, como ojos que no parpadean o sombras que se mueven en direcciones imposibles. La tecnología ha avanzado tanto que ahora basta un teléfono para crear un video convincente. "Los 'deepfakes' generados con IA han superado un umbral crítico", dice Jones. "Esta tecnología está al alcance de cualquiera que tenga un teléfono inteligente".
De Hollywood a la guerra la estética del engaño
Desde el lado estadounidense, algunos de estos contenidos recurren a una estética que no parece salida de un noticiero, sino de una película de acción. Jones señala que hay vídeos montados con fragmentos de películas de Hollywood, una especie de 'memeificación' de la comunicación diseñada para conectar con una estética de extrema derecha que rechaza la empatía y apuesta por la humillación. "Es propaganda, pero con trucos digitales y ritmo de TikTok".
Del otro lado, Irán no se queda atrás. Ha entrado de lleno en el juego, y sus simpatizantes difunden memes que se burlan de Estados Unidos, pero también exageran los éxitos militares iraníes, probablemente para aumentar la presión sobre los países del Golfo y que estos a su vez presionen a favor de una desescalada. Una estrategia psicológica que aprovecha el miedo y la incertidumbre.
Uno de los ejemplos más virales fue un vídeo que aseguraba mostrar al portaaviones estadounidense USS Abraham Lincoln ardiendo en el mar. Era falso. Tan falso que el presidente Donald Trump dijo haber llamado a sus generales para verificar si era cierto. Luego escribió en su red social "No solo no estaba ardiendo, ni siquiera le habían disparado, Irán sabe que no le conviene hacer algo así".
¿Quién es real? La duda como arma
Pero la desinformación no solo ataca a los enemigos. También puede volverse contra los propios líderes. La semana pasada, circularon rumores sobre la supuesta muerte del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Su oficina respondió difundiendo un vídeo de baja calidad el 13 de marzo. Fue entonces cuando algunos usuarios aseguraron que en una toma parecía tener seis dedos en una mano, y lo presentaron como prueba de que el vídeo era falso, generado con IA.
"Los rumores sobre la muerte de Netanyahu iban acompañados de acusaciones de que su discurso era en realidad un vídeo generado con IA", relató Jones. Netanyahu subió varios vídeos más como "prueba de vida", pero las especulaciones no cesaron. La duda, una vez sembrada, es difícil de erradicar.
Y es que en este nuevo escenario, el mero hecho de que algo parezca real ya no basta como prueba de que lo sea. "La información verificada suele llegar con retraso", explica Jones. "En un conflicto que evoluciona con rapidez, eso crea un vacío que la desinformación ocupa de inmediato".
Campañas de mentiras coordinadas
Detrás de muchas de estas campañas, no hay solo individuos aburridos en sus casas. Jones señala la existencia de cuentas sospechosas y anónimas, con historiales de múltiples cambios de nombre y sin una identidad reconocible, que difunden noticias falsas y vídeos generados con IA. Algunas podrían estar vinculadas a actores respaldados por Estados. Otras, simplemente buscan beneficios con contenidos sensacionalistas, sabiendo que la indignación impulsa más clicks que la razón.
Entre los montajes más absurdos que han circulado un vídeo que presenta a Trump como nuevo líder supremo de Irán, Netanyahu como un robot averiado, miembros de la OTAN negándose a ayudar a Trump a desbloquear el estrecho de Ormuz, o Volodímir Zelenski llegando al Golfo con tecnología antidrones y siendo alcanzado por un misil. Todo falso. Todo compartido.
"La información falsa puede difundirse hasta diez veces más rápido que las noticias precisas en las redes sociales y las correcciones rara vez se ven o se creen tanto como la afirmación falsa original. La indignación impulsa a compartir antes de que pueda producirse la verificación, y eso es exactamente lo que explotan los actores malintencionados" - Marc Owen Jones, profesor asociado de análisis de medios de la Northwestern University de Catar
Hoy, la guerra ya no se gana solo con armas. Se gana con narrativas. Con miedo. Con duda. Y con algoritmos que premian lo que genera reacción, no lo que es cierto. Vivimos en una era en la que la realidad puede ser fabricada, y la credibilidad, manipulada. Y si no aprendemos a preguntarnos no solo qué vemos, sino quién quiere que lo veamos, estaremos todos, sin saberlo, dentro del mismo video falso.