La filosofía gana empleo mientras la informática cae: la IA revaloriza Kant y pone en evidencia citas falsas

Entre 2022 y 2024, filosofía mejoró su empleo un 4%, mientras informática y otros campos expuestos a la IA cayeron entre un 7% y un 14%.

06 de julio de 2026 a las 16:08h
La filosofía gana empleo mientras la informática cae: la IA revaloriza Kant y pone en evidencia citas falsas
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La inteligencia artificial ya no solo compite por escribir mejor o responder más rápido. También está empujando una pregunta incómoda sobre qué saberes ganan valor cuando una máquina empieza a ocupar tareas que parecían reservadas a perfiles técnicos.

La filosofía mejoró su empleo mientras la informática retrocedió

Entre 2022 y 2024, los graduados en filosofía mejoraron su empleo en torno a un 4%.

Durante ese mismo periodo, los campos laborales más expuestos a la inteligencia artificial, entre ellos la informática, registraron un retroceso de entre el 7 y el 14%. La comparación desarma una intuición muy extendida, esa que daba por hecho que las titulaciones más cercanas al código iban a salir reforzadas por la nueva ola automatizada.

No es una rareza aislada.

La Universidad Estatal de Arizona ya desarrolla grados que combinan filosofía e inteligencia artificial. La señal es clara porque no parte de una facultad nostálgica, sino de una institución que intenta ajustar la formación a un mercado donde razonar, argumentar y leer matices puede volver a cotizar al alza.

Ahí encaja también el empleo tecnológico bajo presión, donde el debate ya no gira solo alrededor de cuántas tareas automatiza un sistema, sino sobre cuáles resisten mejor cuando automatizar deja de ser una promesa y pasa a formar parte del trabajo diario.

Anthropic buscó principios en Kant, Apple y la ONU

Anthropic ha confirmado que el documento de principios de su modelo incluye fuentes tan distintas como Kant, los términos de servicio de Apple y la Declaración Universal de Derechos Humanos. Esa mezcla retrata bastante bien el momento actual, con laboratorios de inteligencia artificial que ya no miran solo a la ingeniería y empiezan a buscar apoyo en la filosofía moral, el derecho y las normas que organizan la convivencia.

Dicho de otro modo, entrenar una máquina para que produzca respuestas útiles no agota el problema. También hay que decidir con qué ideas debe ordenar conflictos, límites y prioridades cuando entra en terrenos donde una respuesta correcta en lo técnico puede resultar torpe en lo humano.

Esa discusión moral conecta con la dimensión ética de la IA, que ha dejado de ser un asunto de seminario para mezclarse con despidos, contratos públicos y decisiones que afectan a millones de personas.

Un informe de 237 páginas devolvió el problema al mundo real

En 2025, una firma australiana tuvo que devolver parte de un contrato con el Gobierno después de entregar un informe de 237 páginas sobre el sistema de sanciones del estado de bienestar con errores provocados por el uso de inteligencia artificial sin supervisión.

Un investigador de la Universidad de Sídney detectó en ese documento más de una docena de citas falsas. Entre ellas había referencias a trabajos académicos inexistentes y hasta una sentencia de un tribunal federal que nunca existió.

Visto así, la discusión sobre humanidades y algoritmos deja de sonar abstracta. Cuando falla la supervisión, no cae solo un texto mal escrito, también se resiente la credibilidad de decisiones públicas que afectan a personas reales dentro de un sistema de ayudas y sanciones.

Hay una ironía difícil de ignorar. Justo cuando la inteligencia artificial erosiona empleo en algunos campos técnicos, también devuelve valor a habilidades que durante años muchos consideraron laterales, desde detectar una cita inventada hasta reconocer cuándo un argumento parece sólido y no lo es.

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