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La violencia machista también deja huellas cuando alguien cree haberlas borrado.
La memoria de 2025 de la Fiscalía General del Estado sitúa ahí una de las señales más claras del cambio. La inteligencia artificial ya aparece en la ciberviolencia de género, mientras el rastro de mensajes eliminados gana peso como indicio en las investigaciones y el sistema Cometa entra en escena para valorar el riesgo.
En Lleida, las diligencias dibujaron un mapa que va mucho más allá del golpe
El año pasado, la Fiscalía registró 2.104 diligencias por delitos de violencia de género en las comarcas leridanas. Dentro de ese total, 899 correspondieron a maltrato ocasional y una decena a maltrato habitual.
No toda la violencia deja una marca visible. También hubo 76 denuncias por acoso, 282 por amenazas y 106 por coacciones, tres formas de control que muchas veces empiezan en el teléfono y acaban condicionando la vida diaria.
Ahí encaja la irrupción de la inteligencia artificial en la ciberviolencia de género, un terreno donde la agresión puede multiplicarse con más velocidad y menos exposición para quien la ejerce. Ese giro conecta con violencia digital asistida por IA, donde la pantalla ya no actúa como distancia sino como herramienta de presión.
Los mensajes borrados ahora también cuentan lo que pasó
Durante años, borrar un chat parecía una forma simple de hacer desaparecer una amenaza, una presión o una humillación. La memoria de la Fiscalía dibuja otra realidad, porque ese rastro de mensajes eliminados se consolida como indicio y convierte un gesto cotidiano en una pieza con valor investigador.
Un mensaje que desaparece de la pantalla no desaparece siempre del caso.
La consecuencia práctica resulta incómoda para quien agrede y decisiva para quien denuncia. En los delitos que mezclan control, intimidación y entorno digital, la conversación rota, el vacío en una cadena de mensajes o la desaparición selectiva de un contenido también puede hablar.
Cometa entró en la valoración del riesgo con una lógica de señales acumuladas
La memoria de 2025 añade otro elemento con peso judicial y preventivo. El sistema Cometa ya forma parte de la valoración del riesgo, una tarea donde no basta con mirar un episodio aislado cuando el problema suele construirse a base de repetición, escalada y miedo.
Esa lectura por acumulación importa porque las cifras no hablan de un único patrón. Entre las 2.104 diligencias aparecen desde el maltrato ocasional hasta amenazas, coacciones, acoso y 97 denuncias por violencia sexual.
Además, esas 97 denuncias incluyeron dos intentos de asesinato y cuatro intentos de homicidio. La estadística, de pronto, deja de parecer abstracta.
Las cifras más graves rompen cualquier idea de violencia menor
A veces el debate público separa lo digital de lo físico, como si una amenaza enviada por pantalla perteneciera a un mundo menos real. Pero en las comarcas leridanas las 97 denuncias por violencia sexual convivieron con dos intentos de asesinato y cuatro intentos de homicidio, una proximidad brutal entre el hostigamiento y el daño extremo.
También por eso la memoria de 2025 no trata la ciberviolencia como un apéndice técnico. La coloca dentro del mismo problema cuando aparecen la inteligencia artificial, los mensajes borrados y la evaluación del riesgo, porque la tecnología no cambia la naturaleza de la violencia, pero sí su forma de ejecutarla y de dejar rastro.
Entre 2.104 diligencias, 282 amenazas, 106 coacciones y 76 denuncias por acoso, el detalle que más pesa quizá sea otro. En esa contabilidad, incluso lo borrado empieza a contar.