El universo de Elon Musk sigue expandiéndose, esta vez más allá de las órbitas que ya domina SpaceX. La noticia de la fusión entre SpaceX y xAI ha sacudido el ecosistema tecnológico global, no solo por la magnitud del acuerdo sino por lo que revela una apuesta descomunal por un futuro donde la inteligencia artificial y el espacio se entrelazan como nunca antes. La nueva entidad resultante se valora en 1,25 billones de dólares, cifra que no solo eclipsa a muchas economías nacionales, sino que se acerca peligrosamente al valor de Tesla, la joya de la corona industrial de Musk.
Un gigante nacido de la fusión
SpaceX, hasta ahora el líder indiscutible en lanzamientos orbitales, suma ahora el peso de xAI, la empresa de inteligencia artificial fundada por Musk con el ambicioso objetivo de crear una IA verdaderamente útil y alineada con los intereses humanos. La fusión valora a xAI en 250.000 millones de dólares, una cifra extraordinaria para una compañía que, hasta hace poco, operaba en la sombra. El resultado es una entidad que desafía las categorías ni completamente aeroespacial, ni exclusivamente tecnológica, sino una híbrida del siglo XXI.
El valor de Tesla, que ronda los 1,58 billones de dólares, ahora solo supera en un 26% al de la nueva SpaceX. Es un dato simbólico, pero revelador mientras Tesla atraviesa una fase de desaceleración, su hermano espacial parece ganar impulso. El descenso del 6% en el valor de Tesla en lo que va de 2026 contrasta con la explosión de capitalización de SpaceX. Y no es casualidad. La caída de las entregas de vehículos en un 16% a principios de año y la primera contracción anual de ingresos en 2025 marcan un antes y un después. Tesla ya no es la locomotora indetenible de los mercados.
El final de una era en Tesla
La decisión de retirar los modelos S y X, joyas de ingeniería pero minoritarios menos del 3% de las entregas, no es solo un ajuste productivo. Es un símbolo. Esas líneas de montaje, que alguna vez representaron el lujo eléctrico, ahora se reconvertirán para dar vida a Optimus, el robot humanoide de Tesla. El futuro no está en los sedanes de alta gama, sino en la automatización del cuerpo humano.
Es un giro radical, casi cinematográfico de los coches que volaban en las películas a robots que podrían caminar entre nosotros. Pero mientras Tesla apuesta por el suelo, SpaceX mira hacia arriba. Y no solo para lanzar satélites.
Centros de datos en el espacio la nueva frontera
La visión detrás de la fusión es tan ambiciosa como audaz. Elon Musk ha explicado que la integración entre SpaceX y xAI tiene como objetivo impulsar el desarrollo de centros de datos en el espacio. Su razonamiento es claro la Tierra tiene límites energéticos, y el espacio podría ofrecer una vía de escape.
Imagina grandes constelaciones de servidores orbitando a cientos de kilómetros de altura, refrigerados por el vacío, alimentados por energía solar ilimitada y libres de las restricciones regulatorias terrestres. Suena a ciencia ficción, pero para Musk, es el siguiente paso lógico. Aunque los expertos advierten que un despliegue a gran escala es poco probable a corto plazo, dadas las dificultades técnicas, de cadena de suministro y financieras, la mera posibilidad ya está moviendo montañas y mercados.
El reto es inmenso. Lanzar equipamiento pesado al espacio sigue siendo caro, aunque SpaceX haya reducido drásticamente los costes. Además, los servidores necesitarían protección contra la radiación cósmica y soluciones innovadoras de refrigeración. En el espacio, no hay ventiladores ni torres de enfriamiento. Cada grado extra puede derretir un circuito. Pero si alguien puede intentarlo, es la compañía que hizo aterrizar cohetes como si fueran aviones.
El legado de xAI y su sombra digital
xAI no llega limpia a esta fusión. Su modelo de lenguaje, Grok, ha sido objeto de investigaciones en Estados Unidos, Europa, India y Malasia tras su uso en la generación de deepfakes explícitos de mujeres y menores. No son meras acusaciones son señales de alarma sobre el poder y el peligro de una IA accesible, irónica y, en ocasiones, descontrolada.
Además, esta semana, investigadores franceses registraron las oficinas de X la red social adquirida por xAI el año pasado en un canje de acciones en el marco de una pesquisa por presunto abuso algorítmico. No se trata solo de contenido dañino, sino de cómo los algoritmos pueden amplificarlo, ocultarlo o incluso promoverlo sin supervisión humana real.
Estos riesgos regulatorios no quedan confinados a xAI. Con la fusión, parte de esa carga podría trasladarse a SpaceX, especialmente por la naturaleza global de Starlink. La red de internet satelital ya tiene más de nueve millones de clientes y 9.000 satélites en órbita. Operar en el espacio no exime de las leyes de la Tierra, sobre todo cuando esos satélites transmiten contenidos problemáticos.
El valor de permanecer en la sombra
Por ahora, SpaceX sigue siendo una empresa privada. Ese estatus le da una flexibilidad que las compañías cotizadas no tienen. No debe rendir cuentas a analistas cada trimestre, ni justificar cada decisión estratégica ante accionistas inquietos. Musk mantiene el control, y eso permite tomar decisiones arriesgadas sin el escrutinio de Wall Street.
Pero si el día de salir a bolsa llega y muchos lo esperan, las preguntas serán inevitables. ¿Respaldarán los inversores una valoración de 1,25 billones de dólares en una empresa que ahora también carga con el peso de una IA polémica? ¿Aceptarán que parte de sus beneficios se inviertan en centros de datos orbitales, un proyecto que aún no ha salido del papel?
La fusión entre SpaceX y xAI no es solo una operación financiera. Es una declaración de intenciones. Musk está construyendo un imperio que no reconoce fronteras ni entre industrias ni entre planetas. El espacio ya no es el límite. Es el siguiente lugar de trabajo.