La fusión SpaceX-xAI crea una entidad valorada en 1,25 billones de dólares

"No se trata ya de innovar en sectores, sino de reconstruir el mundo desde dentro"

06 de febrero de 2026 a las 06:05h
La fusión SpaceX-xAI crea una entidad valorada en 1,25 billones de dólares
La fusión SpaceX-xAI crea una entidad valorada en 1,25 billones de dólares

El mundo que Elon Musk está construyendo no parece salir de una novela de ciencia ficción. Es real, complejo y avanza a una velocidad que desafía tanto a los mercados como a la imaginación. En los últimos meses, una serie de movimientos corporativos, inversiones masivas y reorganizaciones silenciosas han ido tejiendo una red de empresas interconectadas como pocas veces se han visto en la historia económica. Lo que antes parecían proyectos aislados coches eléctricos, cohetes espaciales, redes neuronales, inteligencia artificial ahora empiezan a converger en un ecosistema gigantesco, casi como un organismo vivo tecnológico.

El último capítulo de esta saga tiene nombre propio la fusión de SpaceX y xAI. Dos gigantes con misiones aparentemente distintas uno conquistando el espacio, el otro intentando descifrar la conciencia artificial ahora forman una sola entidad valorada en 1,25 billones de dólares. SpaceX, antes valorada en 800.000 millones a finales del año pasado, ahora se sitúa en 1 billón. xAI, fundada apenas hace unos años y que cerró una ronda de financiación en enero con una valoración de 230.000 millones de dólares superando su objetivo inicial, aporta los otros 250.000 millones. Este nuevo coloso tecnológico no solo redefine las reglas del juego empresarial, sino que dibuja un futuro donde lo espacial y lo cognitivo podrían estar íntimamente ligados.

Un imperio en constante expansión

La suma de estas dos compañías forma parte de un entramado más amplio que gira alrededor de Elon Musk. El valor conjunto de sus empresas principales Tesla, SpaceX, xAI, Neuralink y The Boring Company ronda ya los 3 billones de dólares. Tesla, con una capitalización bursátil de 1,59 billones, sigue siendo el motor visible de este imperio. Musk posee más del 11% del capital, lo que lo convierte en el accionista más influyente, aunque no el único. Vanguard Group, BlackRock o State Street también tienen presencia significativa.

Pero lo que está ocurriendo tras bambalinas es aún más revelador. xAI, que adquirió X la plataforma antes conocida como Twitter hace un año en una operación valorada en 33.000 millones de dólares, ha dado un paso más. El mes pasado, Tesla invirtió 2.000 millones de dólares en xAI a cambio de acciones preferentes. Poco después, xAI se convirtió oficialmente en filial de SpaceX. Estas transacciones no son simples movimientos financieros son señales de una integración profunda, casi orgánica, entre las visiones de movilidad, energía, comunicación y pensamiento artificial.

El motor económico de la inteligencia artificial

xAI no es solo un laboratorio de investigación. Es una máquina de gasto y ambición descomunales. La empresa quema cerca de 1.000 millones de dólares al mes en su desarrollo, una cifra que solo puede sostenerse con un respaldo financiero sin precedentes. Inversores como Nvidia, Fidelity, Qatar Investment Authority o Cisco han apostado fuerte. Y no es por casualidad. El chip, la energía, los datos y la infraestructura son los nuevos recursos estratégicos del siglo XXI.

De hecho, Tesla no solo invirtió en xAI, sino que también le vendió 430 millones de dólares en sistemas de almacenamiento Megapack, con un coste de 285 millones. Esta operación sugiere que la energía de Tesla sus baterías es clave para alimentar la revolución de la inteligencia artificial. No es solo una venta técnica es un paso hacia un modelo de empresa verticalmente integrada, donde desde la producción de energía hasta el procesamiento de datos está bajo un mismo techo estratégico.

¿Hacia una salida a Bolsa masiva?

Uno de los próximos hitos más esperados es la salida a Bolsa de SpaceX, prevista para junio. Se espera que la operación capte cerca de 50.000 millones de dólares con una valoración que podría alcanzar los 1,5 billones. Bancos como JP Morgan, Goldman Sachs o Morgan Stanley están ya trabajando en el despliegue. Este movimiento no solo sería el mayor debut bursátil de la historia, sino que transformaría radicalmente la estructura de propiedad y acceso al capital.

Hasta ahora, Musk controlaba entre el 40% y el 54% de las acciones de SpaceX, con un 75% de los derechos de voto. Inversores como Alphabet, Sequoia o Founders Fund también tenían participación. La entrada en Bolsa diluirá parcialmente ese control, pero también abrirá las puertas a una liquidez que podría acelerar aún más los planes de colonización espacial y de expansión terrestre de la IA.

El próximo paso ¿Tesla y SpaceX juntos?

Los rumores no cesan. Medios especializados han comenzado a especular con una posible fusión entre Tesla y SpaceX. No sería la primera vez que Musk une empresas bajo una misma bandera. En 2015, Tesla adquirió SolarCity, integrando energía solar y almacenamiento. Ahora, con xAI como puente entre lo digital y lo físico, la línea entre automóvil, cohete y algoritmo se vuelve borrosa.

El contexto financiero lo permite. Musk cuenta con una fortuna estimada en 670.200 millones de dólares, y los accionistas de Tesla aprobaron hace tiempo un plan de remuneración que podría alcanzar casi un billón de dólares siempre que la capitalización de la empresa llegue a 8,5 billones en 12 años. Es una apuesta descomunal, pero también una señal el juego ya no es solo ganar mercados, sino redefinir la escala del éxito.

Neuralink, con 650 millones recaudados en junio y una valoración de 9.000 millones, y The Boring Company, que en 2022 levantó 675 millones con una valoración de 5.700 millones, completan este mosaico. Cada pieza responde a una pregunta distinta ¿cómo viviremos?, ¿cómo nos moveremos?, ¿cómo pensaremos?

La respuesta, cada vez más clara, parece ser de la mano de un solo arquitecto. No se trata ya de innovar en sectores, sino de reconstruir el mundo desde dentro, con tecnología como materia prima y la ambición como motor.

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