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Hay burbujas que no estallan porque nadie sabe todavía si están hinchadas de aire o de beneficios. John Kenneth Galbraith llamó bezzle a esa riqueza aparente que en realidad no existe, y la fiebre de la inteligencia artificial empieza a medirse justo con esa vara.
El jueves 23 de julio de 2026, Apple, Microsoft, Nvidia, Alphabet, Amazon, Meta y Tesla perdieron unos 888.200 millones de dólares de capitalización bursátil.
Alphabet puso 80.000 millones y aceptó que la caja sufriría
A comienzos de junio de 2026, Alphabet emitió una ampliación de capital de 80.000 millones de dólares para financiar su expansión en inteligencia artificial. Su director financiero admitió además que el flujo de caja libre seguiría bajo presión por ese mismo esfuerzo inversor.
Ahí aparece la primera contradicción. El mercado castiga el coste inmediato de la carrera por la IA, pero esa misma carrera sigue atrayendo sumas que muy pocas industrias pueden movilizar en tan poco tiempo.
La economía de EEUU ya nota un empujón de 0,4 puntos
En 2026, la inteligencia artificial contribuirá en 0,4 puntos porcentuales al crecimiento económico de EEUU.
No es una promesa abstracta, sino una cifra que ya entra en la contabilidad del país. Cuando una tecnología salta del laboratorio al PIB, la discusión deja de ser solo técnica y pasa a tocar empleo, inversión pública y poder industrial.
Robert Ross ve beneficios donde otros ven espuma
Robert Ross, analista independiente, rebate la idea de una burbuja apoyándose en dos datos que considera centrales. Por un lado cita valoraciones relativas más bajas y, por otro, un notable crecimiento de los beneficios.
La palabra bezzle sigue siendo útil, aunque no resuelva el debate.
OpenAI pidió un trato estratégico y Anthropic marcó límites
El director financiero de OpenAI defendió que sus proyectos de inversión pudieran ser declarados estratégicos por la Administración estadounidense. No es un matiz menor, porque sitúa el despliegue de centros, chips y capital al nivel de una infraestructura de interés nacional.
Mientras tanto, en marzo de 2026 surgieron discrepancias entre Anthropic y el Pentágono. La empresa rechazó que su tecnología pudiera usarse sin restricciones para vigilar a la ciudadanía o en la guerra de Irán.
Claude Mythos destacó en seguridad y agravó el dilema político
Anthropic lanzó Claude Mythos, un modelo capaz de analizar grandes bases de código e identificar vulnerabilidades ocultas en tareas de seguridad informática. Ese perfil conecta con hallazgos de fallos de seguridad y ayuda a entender por qué la discusión ya no gira solo en torno a productividad o asistentes de oficina.
Porque el mismo sistema que sirve para reforzar defensas puede volver mucho más delicada la frontera entre protección, vigilancia y uso militar. Y cuando una compañía discute con el Pentágono sobre esos límites al mismo tiempo que otra pide estatus estratégico para sus inversiones, la IA deja de parecer un simple negocio de moda.
Queda entonces una escena difícil de ignorar. En el mismo año en que la IA aporta 0,4 puntos al crecimiento de EEUU, Alphabet capta 80.000 millones para seguir corriendo y siete gigantes bursátiles borran 888.200 millones en una sola jornada.