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Hay trabajos que desaparecen sin hacer ruido. Eso es lo que denunció el sábado la Asociación de Profesionales de la Ilustración de Asturias en su Folixa de Morcín, donde puso el foco en cómo la inteligencia artificial generativa ya está vaciando una parte del mercado que sostenía a muchos dibujantes.
Los primeros en notarlo han sido quienes empezaban. Raúl Maseda, joven ilustrador, explicó que los proyectos pequeños, esos encargos con los que suele arrancar una carrera, ya no llegan porque muchos clientes resuelven carteles y diseños desde el móvil con aplicaciones de IA.
"La gente que empieza a trabajar lo hace proyectos pequeñitos y eso ya no llegan, se está prescindiendo de los profesionales". - Raúl Maseda, ilustrador
Esa pérdida no afecta solo a la factura de fin de mes. También corta la posibilidad de construir un porfolio sólido, que en este oficio funciona como carta de presentación, archivo de estilo y prueba de experiencia.
Eduardo Valdés Hevia sitúa el conflicto en el origen de las imágenes
Eduardo Valdés Hevia, ilustrador y miembro de APIAST, llevó la discusión al terreno del entrenamiento de los sistemas generativos. Su reproche apunta a un mecanismo muy concreto, la recopilación masiva de imágenes disponibles en internet sin permiso, sin pago de derechos de autor y sin licencias.
"Los programas de inteligencia artificial necesitan miles de millones de imágenes para poder recrear nuevas imágenes y lo que han las empresas de IA es coger todo lo que han encontrado en internet sin preguntar a nadie, sin pagar derechos de autor a nadie, sin licencias...". - Eduardo Valdés Hevia, ilustrador y miembro de APIAST
Después aparece la paradoja que más irrita al sector. El mismo material creativo que alimenta esos sistemas acaba sirviendo para producir imágenes que compiten con quienes hicieron posible ese entrenamiento, una tensión que recuerda a otros debates sobre obras protegidas usadas para entrenar IA.
Valdés Hevia sostiene que las empresas han usado el trabajo de millones de artistas para crear programas que ahora rivalizan con ellos en el mismo mercado.
La uniformidad también entra en juego cuando todo busca gustar a todos
Para Valdés Hevia, el problema no termina en la autoría ni en el cobro. También afecta al resultado visual, porque describe la IA como un sistema estadístico que genera la opción más probable a partir de una instrucción y empuja las imágenes hacia soluciones básicas y previsibles.
"La IA es un programa estadístico que intenta generar lo más probable estadísticamente según lo que le preguntes. Le pides una cosa y lo que hace es algo muy básico, muy sencillo y muy fácil para gustar a todo el mundo. Así, todos los carteles hechos con IA son todos iguales, mientras que un artista refleja en la obra lo su trayectoria, su estilo y su experiencia". - Eduardo Valdés Hevia, ilustrador y miembro de APIAST
Ahí entra una diferencia que el oficio conoce bien y que no cabe en un botón de generar imagen. Eva Rami, presidenta de la asociación de ilustradores asturianos, recordó que un encargo humano no entrega solo una imagen final, sino un proceso de investigación y una intención concreta sobre lo que se quiere transmitir, una discusión que conecta con otros choques sobre autoría y derechos en obras generadas por IA.
"Un ilustrador no te da un resultado inmediato, antes hay un proceso, un trabajo de investigación que te da una ilustración con un significado, con todo lo que tú quieres transmitir". - Eva Rami, presidenta de la asociación de ilustradores asturianos
Eva Rami recuerda que la ley ya existe, pero nadie la hace valer
No piden una norma nueva.
Eva Rami denunció que la regulación ya está escrita, pero que no se cumple la ley de propiedad intelectual, que impide usar la obra de una persona sin su consentimiento. Su crítica añade otro elemento incómodo, la desigualdad de recursos entre autores individuales y grandes empresas, que deja muchas vulneraciones sin respuesta judicial.
"La regulación está, lo que pasa que no se está cumpliendo la ley de propiedad intelectual, que dice que nadie puede coger la obra de una persona sin su consentimiento. Se están vulnerando los derechos pero como son empresas muy grandes, pues nadie se está enfrentando por falta de recursos". - Eva Rami, presidenta de la asociación de ilustradores asturianos
El colectivo defiende la autoría humana y exige que se cumplan las leyes de propiedad intelectual. La escena de Morcín dejó esa tensión sobre la mesa con una claridad difícil de esquivar, mientras desaparecen justo los encargos modestos que antes servían para entrar en la profesión.