La nueva fiebre del oro digital ya tiene nombres y apellidos. Ocho de las diez mayores fortunas del mundo nacen de la tecnología de inteligencia artificial, y en Estados Unidos las startups del sector han alumbrado 19 nuevos milmillonarios en solo un año.
La cifra impresiona por sí sola, pero cambia de escala al sumar el dinero acumulado. Esos 19 recién llegados concentran una fortuna estimada en 59.300 millones de dólares y se añaden a otros 41 fundadores que ya habían alcanzado ese umbral en la primera ola de modelos de inteligencia artificial generalista.
La riqueza ya no llega solo del laboratorio
No todos hicieron fortuna construyendo el modelo más visible para el gran público. Una parte del dinero está cayendo en empresas que venden herramientas para profesiones concretas, para hospitales o para el trabajo interno de otras compañías.
Winston Weinberg y Gabe Pereyra levantaron Harvey con esa lógica. Su agente de inteligencia artificial automatiza investigación jurídica, redacción de documentos legales y revisión de contratos, y cada fundador de Harvey posee una fortuna estimada de 1.600 millones de dólares.
Daniel Nadler siguió otro camino, más pegado a la medicina que a los despachos. Su empresa OpenEvidence ha convertido un asistente clínico en una máquina de escala poco habitual, con más de 100 millones de consultas acumuladas.
Ese volumen de uso ayudó a disparar la valoración de la compañía. OpenEvidence alcanzó los 12.000 millones de dólares tras casi cuadruplicarse en seis meses, y el patrimonio de Nadler subió hasta 7.200 millones de dólares a principios de 2026.
Algunos fundadores dejaron la universidad y entraron en la lista
A veces la historia empieza antes del primer contrato importante. Brendan Foody, Adarsh Hiremath y Surya Midha abandonaron la universidad para incorporarse a la Beca Thiel, un programa que entrega 250.000 dólares a jóvenes que dejan los estudios para crear una empresa.
De ahí salió Mercor, una compañía cuyo crecimiento parece escrito con cifras de otra época. Pasó de facturar 100 millones de dólares en 2025 a 1.000 millones a principios de 2026, con una valoración de 10.000 millones.
Cada fundador de Mercor reúne una fortuna estimada de 1.900 millones de dólares, una cantidad que sitúa a tres veinteañeros entre los grandes beneficiarios de esta nueva concentración de riqueza.
DeepMind, Vercel y Reflection AI muestran tres rutas distintas
También hay fortunas que nacen de trayectorias largas dentro del sector. Ioannis Antonoglou, que formó parte del equipo responsable de AlphaGo en Google DeepMind, aparece ahora junto a Misha Laskin como cofundador de Reflection AI.
Ambos poseen una fortuna estimada en 4.000 millones de dólares cada uno. El dato conecta dos momentos de la misma industria, desde aquel sistema que derrotó a humanos en el juego Go hasta la actual carrera por convertir conocimiento técnico en empresas de altísima valoración.
Guillermo Rauch representa otra variante de este mapa. Fundó Vercel, una plataforma de infraestructura para desplegar aplicaciones generadas con inteligencia artificial, y su fortuna estimada supera los 1.900 millones de dólares.
En paralelo, Nadler aporta un contraste útil para entender la velocidad de este ciclo. Ya había vendido en 2018 la plataforma de análisis financiero Kensho a S&P Global por 550 millones de dólares, pero su patrimonio actual es muy superior gracias al tirón reciente de OpenEvidence.
Al final, la pregunta no es solo quién gana dinero con la inteligencia artificial, sino dónde cae ese dinero. Los 59.300 millones de dólares atribuidos a 19 nuevos milmillonarios retratan una concentración de riqueza que ya no depende de una sola empresa ni de un único producto, sino de abogados, médicos, programadores y fundadores que han encontrado una palanca económica distinta en la misma tecnología.