La IA no es un libro de instrucciones: por qué su naturaleza ‘no determinista’ necesita un guardián

“Ese es el problema que atacamos”: cómo Alinia frena consejos médicos y financieros peligrosos

28 de febrero de 2026 a las 11:15h
La IA no es un libro de instrucciones: por qué su naturaleza ‘no determinista’ necesita un guardián
La IA no es un libro de instrucciones: por qué su naturaleza ‘no determinista’ necesita un guardián

La inteligencia artificial no responde como un libro de instrucciones. No sigue reglas fijas ni entrega siempre la misma respuesta ante la misma pregunta. Opera en el terreno de las probabilidades. Es, por definición, no determinista. Esta característica es la que le da su poder, su flexibilidad, su capacidad de sorprender. Pero también es su talón de Aquiles. Porque cuando un sistema está diseñado para generar una respuesta por defecto, puede cruzar líneas que no deberían cruzarse dar consejos médicos inapropiados, sugerir inversiones riesgosas sin advertencias, o violar normativas sectoriales sin siquiera saberlo.

Un guardián invisible

Es en ese punto donde entra en juego Alinia. No es una empresa que cree modelos de IA desde cero, sino que los vigila. Su tecnología se interpone entre el usuario y el asistente de inteligencia artificial como un filtro dinámico, una especie de conciencia ética en tiempo real. Evalúa cada interacción. Detecta cuándo una pregunta o una respuesta entra en terreno peligroso. Y si es necesario, bloquea la entrada o impide que la salida llegue al usuario. No se trata de censurar, sino de prevenir.

Imagina un paciente que acaba de salir del quirófano y que, desde casa, consulta a un chatbot sobre qué medicamentos puede tomar. El sistema podría, por error, recomendar algo incompatible con su tratamiento. Alinia interviene antes de que eso ocurra. Lo mismo sucede en el sector financiero un usuario pregunta si debe invertir todos sus ahorros en una criptomoneda. El asistente, programado para ser útil, podría animarle sin advertir de los riesgos. Pero con Alinia, ese consejo nunca llega.

"Ese es el problema que atacamos" - Carlos Muñoz, cofundador de Alinia

Actúa como un guardarraíl frente a los peligros que plantea la propia arquitectura de estos modelos, explica Muñoz. No es un freno, sino un acompañante. Un sistema que permite a las empresas desplegar inteligencia artificial sin poner en riesgo su reputación, su cumplimiento normativo o, en último término, la seguridad de sus clientes.

El encuentro de dos miradas

Alinia nació a finales de 2023 de la unión de dos perfiles que parecen opuestos, pero que en realidad se complementan Carlos Muñoz, abogado valenciano de 31 años, con experiencia en regulación de IA en Hugging Face, y Ariadna Font, ingeniera computacional barcelonesa de 51, con un doctorado en Ingeniería Computacional y un currículum de alto nivel en tecnologías de vanguardia.

Font pasó siete años en IBM, desarrollando Watson, uno de los primeros grandes sistemas de inteligencia artificial aplicados a sectores como la salud. Luego, en Twitter, lideró un departamento dedicado al uso ético de la tecnología. Su salida de la red social coincidió con la llegada de Elon Musk y, según ella, aquello se cerró de golpe. Fue también el momento en que ChatGPT irrumpió en escena. "Por fin", recuerda, "la gente podía tocar y beneficiarse de la tecnología que hacía tiempo cultivábamos en el laboratorio".

Pero aquel momento de euforia también le generó una inquietud profunda. "Se van a estrellar", pensó entonces. "Porque la IA puede causar daños que no se esperan". No era una crítica al progreso, sino una advertencia sin controles, sin guías, sin sistemas de contención, el despliegue masivo de la IA sería imprevisible. Y arriesgado.

Emprender con propósito

Muñoz y Font se conocieron como ponentes en un MBA del Instituto de Inteligencia Artificial de Alicante. Ambos ya rumiaban la idea de emprender. Él, desde la mirada del derecho y la regulación. Ella, desde la experiencia técnica y ética. Juntos vieron una oportunidad no competir en la carrera por construir modelos más grandes, sino ayudar a que los que ya existen se usen de forma responsable.

Y lo hicieron rápido. Apenas comenzada la empresa, Alinia recaudó 2,4 millones de dólares. A finales del año pasado, cerró una segunda ronda de 7,5 millones. En total, acumulan 8,4 millones de euros en financiación. Hoy cuentan con 12 empleados y tienen clientes en Europa, que representan el 70% de su cartera, y en Estados Unidos.

No solo les dicen a las empresas lo que hacen mal, sino que los ayudan a hacerlo bien. Esa es la filosofía. No se trata de señalar fallos, sino de acompañar en la transformación. Porque la IA no es un lujo, es una herramienta que ya está dentro de hospitales, bancos, aseguradoras. Y si va sin brújula, puede desviarse.

El futuro no es más IA, es mejor IA

En un mundo donde las empresas compiten por integrar chatbots en cada rincón de su operación, Alinia apuesta por una visión contracorriente no más velocidad, sino más seguridad. No más respuestas, sino mejores respuestas. Su tecnología no busca reemplazar a los asistentes de IA, sino hacerlos fiables.

Porque al final, no importa cuán impresionante sea un modelo si su uso conlleva riesgos legales, éticos o humanos. La verdadera innovación no está en lo que la IA puede hacer, sino en cómo garantizamos que lo hace bien. Y eso, a veces, requiere un filtro silencioso, invisible, que actúe detrás de escena. Como un guardián que no juzga, pero que no permite errores irreversibles.

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