La IA ya aparece en el 23,5% del ciberacoso escolar y WhatsApp concentra el 78,4% de los casos

Un informe de Mutua Madrileña y ANAR eleva al 23,5% los casos de ciberacoso con IA, con un 14,1% del alumnado que dice sufrir acoso o ciberacoso y WhatsApp como principal canal.

18 de septiembre de 2026 a las 18:44h
La IA ya aparece en el 23,5% del ciberacoso escolar y WhatsApp concentra el 78,4% de los casos
La IA ya aparece en el 23,5% del ciberacoso escolar y WhatsApp concentra el 78,4% de los casos

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La inteligencia artificial ya aparece en casi uno de cada cuatro episodios de ciberacoso que identifican los estudiantes.

Ese salto tiene una medida concreta. Durante el curso 2025-2026, la IA estuvo presente en el 23,5% de los casos detectados, frente al 14,2% del curso anterior, de acuerdo con el VIII Informe sobre Acoso Escolar en Centros Educativos de las fundaciones Mutua Madrileña y ANAR.

No hablamos de una intuición ni de un caso aislado. El estudio reunió 18.245 cuestionarios de estudiantes y 412 de profesores en 236 centros educativos españoles, mientras el 14,1% del alumnado encuestado afirma sufrir acoso escolar o ciberacoso, por encima del 12,3% registrado en el curso anterior.

La humillación viaja mejor cuando una foto basta

La forma más frecuente de uso de la IA en este terreno consiste en fabricar vídeos falsos a partir de fotografías manipuladas, una práctica presente en el 79,5% de los casos de ciberacoso con estas herramientas. Detrás aparecen la manipulación de archivos de voz o audio en el 57,5% y la suplantación de identidad en el 47,9%, una combinación que convierte cualquier imagen o cualquier mensaje en materia prima para el daño.

Ahí asoma una de las mutaciones más inquietantes del acoso escolar. Ya no hace falta inventar un rumor desde cero si una aplicación permite ponerle cara, voz y apariencia de prueba.

Las chicas concentran el 60,3% de las víctimas del ciberacoso en el que interviene la inteligencia artificial. Ese desequilibrio encaja con otro dato más amplio de UNICEF España, elaborado con 75.329 estudiantes de entre 10 y 20 años, donde el 19,2% de las chicas y el 12,7% de los chicos afirma haber sufrido ciberacoso durante el último año.

WhatsApp manda y TikTok acelera la difusión

WhatsApp aparece como principal canal en el 78,4% de los casos, seguido de TikTok con el 65,6%, Instagram con el 50,4% y los videojuegos en línea con el 46,4%.

No es una lista anecdótica, porque dibuja el mapa cotidiano de los adolescentes. El ciberacoso circula justo por los espacios donde hablan, juegan, comparten vídeos y sostienen buena parte de su vida social.

La conducta más habitual es la difusión de rumores o información falsa, con un 71%. Le siguen la grabación de agresiones físicas con un 59,5% y los mensajes amenazantes con un 54,2%.

Uno de los datos más incómodos no está en la tecnología, sino en la mirada de quienes observan. Tres de cada diez estudiantes no consideran cómplice a quien reenvía un vídeo en el que se humilla a un compañero, como si pulsar un botón dejara de tener consecuencias porque la agresión empezó antes.

Además, el 22,8% de las víctimas asegura que lleva más de un año padeciendo ciberacoso. Cuando una agresión dura tanto tiempo, el teléfono deja de ser una herramienta neutra y se convierte en una extensión del problema, algo que también aflora en casos de imágenes manipuladas en colegios.

Los profesores ven el problema, pero no siempre tienen margen

El 87,9% del profesorado señala el uso indebido de las nuevas tecnologías como principal factor de influencia en el acoso escolar.

Al mismo tiempo, el 22,9% de los docentes asegura haber conocido de forma directa algún caso de acoso en su aula durante el último curso. Detectar el problema, sin embargo, no equivale a disponer de herramientas para frenarlo.

De hecho, el 84,6% cita la falta de recursos para intervenir, el 69% menciona trabas burocráticas y el 46,9% apunta a carencias en la formación. La escuela carga así con una paradoja bastante visible, porque debe responder a agresiones que nacen en plataformas de uso masivo mientras muchos profesores dicen no tener respaldo suficiente para actuar.

UNICEF recomienda no responder a las agresiones, conservar las pruebas, bloquear y denunciar a los agresores, comunicar la situación al centro educativo y buscar ayuda profesional. Ese repertorio dibuja una idea básica, aunque nada cómoda, y es que una captura de pantalla puede acabar siendo tan importante como una conversación en dirección o una llamada de auxilio.

El dato final no está en el software, sino en el tiempo. Si casi uno de cada cuatro episodios detectados ya incorpora IA y el 22,8% de las víctimas lleva más de un año sufriéndolo, el acoso no solo cambia de forma, también gana persistencia.

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