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La inteligencia artificial ya ha entrado en los recursos judiciales, pero el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha dejado una advertencia difícil de ignorar. Para la Sala Civil y Penal, hay escritos cuya corrección formal deslumbra y, aun así, no sostienen nada porque “la brillantez sintáctica encubre un vacío de densidad jurídica”.
El tribunal aceptó la herramienta, pero no le concede coartada
Isabel Carrillo, portavoz en la Región de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria, sitúa el debate en un terreno menos dramático y más práctico. A su juicio, la IA es una herramienta legítima de trabajo al servicio de los letrados y su uso debe admitirse.
"Cuando la técnica jurídica utilizada en un escrito de recurso es casi perfecta, al tribunal no le pasa desapercibido el posible uso de la IA en la confección del mismo". - Isabel Carrillo, portavoz en la Región de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria
Ahí aparece la paradoja. Un texto puede sonar impecable y, precisamente por eso, despertar sospechas si la forma avanza mucho más deprisa que el razonamiento jurídico que debería sostenerla.
No es un riesgo teórico.
La propia Asociación Judicial Francisco de Vitoria advierte de que la IA tiende a incluir citas jurisprudenciales inexistentes. Cuando el profesional no las comprueba antes, el resultado puede acabar en un recurso inexacto, un problema que ya asomó en citas judiciales inventadas detectadas en otros procedimientos.
Usar IA ahorra trabajo, pero multiplica la obligación de comprobar
José Manuel Hernández Benavente, abogado murciano, da por inevitable que todos los operadores jurídicos usen IA tanto al interponer demandas y recursos como al dictar sentencias. Su planteamiento no habla de una posibilidad remota, sino de una rutina profesional que ya asoma en despachos y tribunales.
"Estas herramientas pueden tener alucinaciones y mencionar sentencias, citas doctrinales o artículos inventados, algo que puede dar lugar a un abogado a tener responsabilidades penales y disciplinarias". - José Manuel Hernández Benavente, abogado murciano
El problema, por tanto, no termina en el error técnico. En derecho, una referencia falsa o una doctrina inventada no funciona como una errata menor, porque puede arrastrar consecuencias procesales y responsabilidades para quien firma el escrito.
También pesa otro frente menos visible y muy cotidiano. Isabel Carrillo alerta de que volcar sin más la información de un expediente en sistemas de IA puede vulnerar normas de confidencialidad y de protección de datos, una cautela que conecta con el privilegio abogado cliente cuando la conversación sale del despacho y entra en una plataforma externa.
La utilidad aparece cuando la máquina no sustituye el criterio
María Jesús Ruiz de Castañeda, abogada, describe un uso mucho más acotado y reconocible. Emplea esta tecnología para localizar y contrastar doctrina y jurisprudencia en bases de datos legales y para revisar cálculos como liquidaciones de intereses, cuadros de amortización, pensiones, particiones hereditarias o cuotas de comunidad.
En ese reparto del trabajo, la máquina acelera búsquedas y comprobaciones repetitivas, mientras el criterio jurídico sigue en manos humanas. Una referencia alucinada o una cifra sin contrastar no es un fallo técnico, es una infracción del deber de buena fe procesal, advierte la propia Ruiz de Castañeda.
Además, la abogada afirma que utiliza programas que cumplen la normativa de protección de datos y el reglamento europeo de IA. Nunca vuelca datos de clientes ni información amparada por el secreto profesional.
El mayor riesgo aparece cuando validar sustituye a pensar
Raúl Pardo-Geijo, abogado penalista, lleva la discusión a un terreno más incómodo. Si un escrito lo construye una máquina y el de la parte contraria lo construye otra, dice, el resultado puede ser un cruce de textos impecables que discuten entre sí sin aportar nada nuevo.
"Si se impone la costumbre de validar en lugar de pensar, el derecho dejará de moverse. Y no lo notará nadie, porque los escritos serán magníficos". - Raúl Pardo-Geijo, abogado penalista
La frase retrata un riesgo extraño y bastante moderno. No habla de escritos torpes, sino de documentos brillantes en apariencia que pueden vaciar de contenido el debate jurídico justo cuando mejor redactados parecen.
María Jesús Ruiz de Castañeda compara esta integración con la llegada de las bases de datos jurídicas o LexNET al trabajo diario. La diferencia está en que aquí no basta con pulsar enviar, porque cuanto más pulido sale el texto, más importancia adquiere quién ha comprobado cada cita, cada dato y cada número.