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La inteligencia artificial ya está dentro de casi todas las empresas, pero el dinero no la sigue con la misma rapidez.
Un estudio de McKinsey y QuantumBlack sitúa la adopción en el 89% de las organizaciones y recoge que el 80% de los empleados dice haber ganado productividad. Aun así, solo el 37% de las compañías reporta un efecto positivo en su EBIT, una distancia que explica por qué muchas direcciones han dejado de mirar la IA como simple compra de licencias.
Un tercio de las empresas ya prefiere construir antes que comprar
El 32% de las empresas ha decidido no adquirir al menos un producto o una función de software comercial para desarrollarlo por su cuenta con agentes de programación.
Ahí aparece una sacudida directa para proveedoras como Microsoft, SAP, Oracle, Salesforce, IBM, Sage, Adobe y Autodesk. McKinsey y QuantumBlack sostienen que los agentes de codificación están alterando las dinámicas de mercado y empujan a parte de las empresas a sustituir software comprado por desarrollo interno.
Cerca del 40% de las empresas de tecnología, salud, servicios profesionales y energía ya aplica herramientas alternativas al software empresarial convencional. No es un matiz menor, porque en esos sectores el programa no suele ser una pieza auxiliar, sino parte del trabajo diario.
La implantación crece, pero no lo hace igual para todos
En 2025, el 38% de las organizaciones había incorporado la inteligencia artificial a gran escala en toda la empresa. Ahora esa cifra sube al 44%, mientras el uso en tres o más áreas corporativas pasa del 51% al 56%.
Las grandes corporaciones avanzan con más velocidad. En empresas con ingresos superiores a 1.000 millones de dólares, el despliegue masivo llega al 54% y el uso de agentes autónomos alcanza el 40%, frente al 27% de 2025.
Muy distinto es el panorama en las compañías pequeñas, donde la adopción de agentes autónomos sigue estancada en el 22%.
Detrás de esa brecha hay una mezcla de músculo financiero, capacidad técnica y experiencia acumulada que ya asomaba en la IA explicable en pymes. También influye el coste, porque el procesamiento de datos y tokens frena al 20% de las empresas y golpea con más fuerza al sector tecnológico, con un 25%, y a las instituciones financieras, con un 24%.
La productividad sube antes que la rentabilidad
La promesa resulta fácil de entender en la mesa de cualquier trabajador. Si ocho de cada diez empleados dicen que producen más, la tentación es dar por hecho que la cuenta de resultados también mejora.
Pero McKinsey plantea justo la objeción incómoda. La consultora sostiene que capturar la rentabilidad real exige rediseñar de forma integral los procesos de trabajo, porque sumar herramientas a rutinas viejas no basta para convertir velocidad individual en beneficio empresarial.
Esa misma lógica aparece en otra cifra. Un 28% de las firmas ya dedica más del 10% de su presupuesto tecnológico a la inteligencia artificial, mientras el 60% prevé elevar esa inversión durante los próximos doce meses.
Farmacéuticas, aseguradoras y bancos encabezan esa previsión de gasto, en un momento en que el coste interno de la IA ya no pasa solo por la factura del proveedor. La integración de herramientas de codificación basadas en agentes obliga además a asumir costes nuevos mientras las empresas intentan aprovechar mejor el valor que sus empleados obtienen al usar estos sistemas por su cuenta.
El empleo refleja la misma mezcla de cálculo y cautela
Un 39% de los encuestados prevé recortes de plantilla durante el próximo año por el impacto de la inteligencia artificial, sobre todo en operaciones y cadena de suministro.
Sin embargo, el año pasado el 32% anticipaba reducciones y solo el 14% terminó ejecutándolas. El 66% mantuvo sus plantillas estables, una distancia que sugiere que muchas empresas anuncian antes de decidir y calculan antes de tocar estructuras sensibles.
La escena final deja una paradoja bastante precisa. La inteligencia artificial llega al 89% de las organizaciones, mejora la productividad para el 80% de los empleados y aun así solo el 37% logra llevar ese impulso al EBIT, mientras un 32% ya opta por fabricar su propio software en lugar de comprarlo.