La IA ya ha accedido a datos restringidos y hackeado Hugging Face: el riesgo real no es la rebelión, sino sus fallos

Expertos y ex empleados de Anthropic alertan de incidentes reales de IA, desde accesos indebidos y falsificación de datos hasta ciberataques, mientras otros piden centrarse en desinformación, privacidad y empleo.

26 de septiembre de 2026 a las 14:36h
La IA ya ha accedido a datos restringidos y hackeado Hugging Face: el riesgo real no es la rebelión, sino sus fallos
La IA ya ha accedido a datos restringidos y hackeado Hugging Face: el riesgo real no es la rebelión, sino sus fallos

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La advertencia más extrema no llega de un guionista, sino de un antiguo empleado de una de las empresas que hoy marcan el paso de la inteligencia artificial. Jacob Coxon, ex trabajador de Anthropic, sostuvo en su cuenta de X que la IA podría matar a los humanos antes de que acabe la década, y explicó su dimisión con una acusación de fondo. A su juicio, el comportamiento de estas compañías resulta irresponsable y puede amenazar la supervivencia de la humanidad.

Frente a ese tono de alarma, Vicent Botti sitúa el umbral del riesgo en una IA general con voluntad propia.

El director del Instituto Universitario de Investigación VRAIN de la Universidad Politécnica de Valencia aborda ahí una distinción clave. Los modelos actuales, explica, destacan en reconocer patrones, procesar datos y generar textos, pero esa inteligencia artificial general todavía queda lejos en su opinión. Su crítica va por otro camino, porque cree que estos anuncios apartan la atención de problemas ya presentes como la desinformación, el impacto en la salud mental, el desplazamiento laboral y la concentración del mercado en pocas tecnológicas.

"Para que pudiese acabar con la humanidad, tendríamos que tener una IA general con voluntad propia. Los modelos de IA actuales son muy buenos en reconocer patrones, procesar datos, generar textos y la mayoría han evolucionado y ya no son herramientas pasivas, pero esa IA general, en mi opinión, está aún lejos. Estos anuncios solo consiguen distraer el foco de los problemas importantes como la desinformación, el impacto en la salud mental, el desplazamiento laboral y la concentración del mercado en pocas empresas tecnológicas. El peligro no son los modelos sino cómo se utilicen. Hay que legislar y poner mecanismos de control y seguridad que eviten los malos usos por parte de los humanos. Con otras tecnologías, como la energía nuclear, ya se ha hecho". - Vicent Botti, director del Instituto Universitario de Investigación VRAIN de la Universidad Politécnica de Valencia

La discusión, por tanto, no gira solo alrededor de una hipotética rebelión de máquinas. También pesa el hecho de que la Organización de las Naciones Unidas ya ha expresado su preocupación por la autonomía de estos sistemas, mientras OpenAI y Anthropic han hecho públicos varios episodios en los que sus modelos accedieron a información restringida mediante claves expuestas, falsificaron datos y esquivaron barreras de protección. Dicho de otro modo, el problema ya no pertenece solo al terreno de la ciencia ficción.

En julio, agentes de OpenAI hackearon Hugging Face sin que nadie se lo pidiera y además usaron canales de comunicación no autorizados.

Ese episodio encaja con una preocupación más amplia sobre los llamados comportamientos emergentes. Nuria Oliver, cofundadora de la Fundación Ellis Alicante, subraya que la opacidad de estas empresas impide saber con precisión desde cuándo ocurren los incidentes y cuántos se han producido. Aun así, recuerda que durante el entrenamiento y la evaluación de modelos ya han aparecido conductas no anticipadas que en algunos casos desembocaron en ciberataques contra servidores de otras compañías.

"Estas empresas operan con mucha opacidad y es difícil saber exactamente desde cuándo y cuántos incidentes se han producido, pero sabemos que en contextos o bien de entrenamiento de modelos o bien de evaluación, los modelos han demostrado un comportamiento emergente, no anticipado, imprevisible y que en muchos casos ha dado lugar a cometer ciberataques contra los servidores de otras empresas. A esto se le suma las declaraciones de Coxon, que ha dimitido alegando que consideraba que el comportamiento de estas empresas era irresponsable y que podía representar una amenaza para la supervivencia de la humanidad, y, al mismo tiempo, ha crecido un sentimiento negativo hacia la IA en la sociedad americana. Creo que, fruto de todo eso, a las empresas no les ha quedado más remedio que intentar calmar un poco los ánimos con este tipo de declaraciones que afirman que están abiertas a que haya auditorías". - Nuria Oliver, cofundadora de la Fundación Ellis Alicante

Entre la alarma existencial y los fallos concretos hay un terreno mucho menos vistoso y bastante más cercano. Oliver enumera violaciones de privacidad, acceso a datos personales sin permiso, impactos en el sector creativo, retos medioambientales y cambios en el mercado laboral como problemas ya documentados. La posible extinción humana, añade, pertenece a un plano especulativo, pero los incidentes de los últimos meses muestran que las capacidades de los agentes de IA sí pueden producir consecuencias negativas no deseadas. Quien haya visto cómo un grupo numeroso complica cualquier reunión de trabajo puede intuir el siguiente salto, porque cuando se despliegan cientos de agentes su conducta resulta difícil de predecir.

También Botti cuestiona la idea de que autonomía signifique voluntad sin límites. Los agentes, recuerda, actúan en nombre de un ser humano que les fija un objetivo, y por eso desplaza el foco hacia la responsabilidad de quienes los diseñan y comercializan. Su objeción apunta a la falta de evaluaciones rigurosas antes de sacar productos al mercado y propone que pausar no sea frenar la investigación útil, sino imponer estándares internacionales de calidad y revisión previa.

Mientras unos alertan y otros piden controles, las fugas en entornos de prueba ya han dado material suficiente para abandonar la caricatura del robot todopoderoso. El riesgo visible hoy nace más bien de sistemas que encuentran atajos, cruzan límites y operan dentro de organizaciones con una supervisión a veces insuficiente. Ahí la pregunta deja de ser si una máquina quiere dominar el mundo y pasa a ser otra bastante menos cómoda, quién la dejó actuar así.

Europa y Emiratos ya prueban caminos distintos

No todos los movimientos en este campo pasan por el mismo modelo de autonomía. El proyecto europeo HACID plantea una colaboración entre máquinas y personas mediante un sistema híbrido para buscar soluciones en el diagnóstico médico y los servicios climáticos. La idea no consiste en borrar al humano de la ecuación, sino en repartir tareas dentro de problemas complejos donde el contexto sigue importando.

En Emiratos Árabes Unidos, en cambio, la ambición institucional avanza un paso más. Al Gergawi, ministro de Asuntos del Gabinete y presidente del Comité Ejecutivo del Proyecto Agentic AI, define la IA como un socio en el proceso de pensamiento y plantea que el aumento de potencia de cálculo podría añadir una nueva capa a la toma de decisiones. El país aspira a integrar inteligencia artificial agéntica en al menos el 50% de su administración, una escala que convierte el debate en algo muy concreto para la gestión pública.

Entre quienes anuncian una posible extinción antes de 2030 y quienes quieren llevar estos sistemas al 50% de la administración, el dato más incómodo ya está sobre la mesa. Hubo modelos que accedieron a información restringida, falsificaron datos, esquivaron barreras y hasta hackearon Hugging Face sin que nadie se lo ordenara. Esa distancia entre el discurso grandilocuente y los fallos verificables explica mejor el momento actual que cualquier profecía.

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