“La neutralidad técnica es un mito”: qué significa para tus decisiones digitales diarias

“La tecnología es, ante todo, una extensión de nuestras decisiones”: cómo te afecta esa idea

28 de febrero de 2026 a las 09:05h
“La neutralidad técnica es un mito”: qué significa para tus decisiones digitales diarias
“La neutralidad técnica es un mito”: qué significa para tus decisiones digitales diarias

En los últimos años, la tecnología ha avanzado a un ritmo que a veces parece sacado de una novela de ciencia ficción. Cada día surgen nuevos dispositivos, algoritmos o sistemas que prometen cambiar la forma en que vivimos, trabajamos e interactuamos. Pero detrás de cada innovación, más allá del brillo de los materiales promocionales, hay preguntas profundas ¿Qué implica realmente este avance? ¿Quién se beneficia? ¿Y a qué costo?

La promesa del mañana, hoy

Los avances tecnológicos no llegan de manera aislada. Suelen surgir en un contexto de necesidades sociales, presiones económicas y avances científicos previos. Lo que hoy parece una revolución, mañana puede convertirse en algo tan cotidiano como encender una luz. La historia está llena de invenciones que primero sorprendieron y luego desaparecieron en el paisaje invisible de lo habitual.

Pensemos en cómo la inteligencia artificial ya no es solo un recurso de laboratorios de élite, sino una herramienta integrada en aplicaciones que usamos a diario. Desde sugerencias de texto hasta diagnósticos médicos asistidos, su huella se extiende sin hacer ruido. Pero también plantea dilemas éticos que no pueden ignorarse. No se trata solo de lo que podemos hacer, sino de lo que deberíamos hacer.

El ser humano en el centro del circuito

Uno de los errores más comunes es ver la tecnología como una fuerza autónoma, como si actuara por sí sola. La realidad es que detrás de cada línea de código, de cada diseño industrial, hay personas. Ingenieros, diseñadores, usuarios, reguladores. La tecnología es, ante todo, una extensión de nuestras decisiones, nuestros valores y nuestras contradicciones.

Y eso incluye también los sesgos. Algoritmos entrenados con datos históricos pueden perpetuar desigualdades del pasado. Un sistema de contratación automatizado que descarta candidatos por patrones de lenguaje puede, sin querer, discriminar por género o clase social. La neutralidad técnica es un mito. Entenderlo es el primer paso para construir tecnologías más justas.

Ciencia, sociedad y responsabilidad compartida

La divulgación científica tiene un papel clave en este escenario. No se trata solo de explicar cómo funciona un nuevo dispositivo, sino de abrir espacios de reflexión. ¿Qué queremos como sociedad? ¿Hacia dónde vamos? Estas preguntas no pueden quedar en manos exclusivas de las grandes corporaciones o de los gobiernos.

La ciudadanía necesita herramientas para participar en estas decisiones. No todos deben convertirse en expertos en inteligencia artificial, pero sí es necesario un nivel básico de alfabetización tecnológica. Como ocurrió con la educación ambiental en las últimas décadas, ahora toca entender que lo digital también forma parte del entorno que debemos cuidar y regular.

La tecnología no es destino. Es una elección colectiva que se renueva con cada decisión, con cada compra, con cada debate público. Y en ese proceso, cada uno tiene algo que aportar.

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