Elon Musk ha vuelto a mover ficha en su particular ajedrez tecnológico. Esta vez no se trata de un nuevo cohete, ni de un lanzamiento de Starlink, ni siquiera de una actualización en sus redes sociales. Es algo más ambicioso la fusión entre SpaceX y xAI, su empresa de inteligencia artificial, ha sido confirmada. La operación no es una simple suma. Es una declaración de intenciones a escala planetaria y más allá.
Una fusión con peso cósmico
SpaceX, hasta ahora valorada en 800.000 millones de dólares tras una reciente venta de acciones de empleados, absorbe a xAI, que cerró en enero una ronda de 20.000 millones de dólares con participantes de peso Cisco, Nvidia, Fidelity, Qatar Investment Authority, MGX y otros. Esa ronda la valoró en 230.000 millones de dólares, y ahora, tras la fusión, la nueva entidad alcanza una valoración combinada de 1,25 billones de dólares.
Las cifras no solo impresionan por su tamaño. Revelan una estrategia clara integrar verticalmente no solo el transporte espacial y la conectividad global, sino también el corazón del futuro digital la inteligencia artificial en una sola máquina industrial, tecnológica y financiera.
Este movimiento descarta el rumor más persistente del último año una posible fusión entre SpaceX y Tesla. En cambio, Musk elige aliar el cielo con la mente. La inteligencia artificial ya no se limita a servidores bajo tierra o en desiertos refrigerados. Ahora mira al espacio como su hogar natural.
El espacio como centro de datos del futuro
En un comunicado, Musk ha dejado claro que no se trata solo de acumular empresas o capital. Su visión es física, casi literal
"La demanda mundial de electricidad para IA simplemente no puede satisfacerse con soluciones terrestres, ni siquiera a corto plazo, sin imponer dificultades a las comunidades y al medio ambiente. A largo plazo, la IA espacial es, obviamente, la única forma de escalar."
La Tierra, según su razonamiento, no tiene suficiente energía ni espacio para sostener el crecimiento exponencial de la computación de IA. Las plantas solares, los parques eólicos, las centrales nucleares todo tiene límites geográficos y sociales. Pero arriba, en el vacío, la energía solar es abundante, constante y limpia. Y el espacio, por algo se llama espacio hay sitio de sobra.
Musk no se queda en la metáfora. Anuncia planes concretos centros de datos orbitales, construidos a partir de una constelación de un millón de satélites que no solo transmitirán internet, sino que procesarán información. Cada uno, o grupos de ellos, actuarían como nodos de cómputo en órbita.
La lógica es simple, aunque la ejecución suene a ciencia ficción. Con lanzamientos masivos del Starship que promete transportar 200 toneladas por vuelo, se podrían lanzar millones de toneladas de infraestructura al espacio cada año. Musk calcula que con un millón de toneladas de satélites dedicados a IA, generando 100 kilovatios por tonelada, se añadirían 100 gigavatios de capacidad de cómputo anual. Y más adelante, dice, existe un camino realista para lanzar 1 teravatio al año desde la Tierra.
Starship, el camión del futuro
El vehículo clave de este plan no es un superordenador. Es un cohete. El Starship, que aún no ha completado su certificación operativa, pasa de ser un mero medio de transporte a convertirse en el camión de mudanzas de la civilización digital.
Este año comenzará a lanzar los nuevos satélites V3 de Starlink, con una capacidad por lanzamiento más de 20 veces superior a la actual. Pero esos satélites no serán solo repetidores de señal. Serán plataformas multifuncionales. Pronto ofrecerán cobertura celular completa en toda la Tierra, conectando directamente con móviles sin necesidad de antenas terrestres.
Y más allá de la conectividad, Musk imagina una red donde los datos no bajan a la Tierra para procesarse, sino que se computan en órbita. Reduciría latencias, liberaría la infraestructura terrestre y permitiría escalas de procesamiento hoy impensables.
Una civilización que mira al Sol
El objetivo final no es solo tener más IA o más internet. Es un salto de civilización. Musk habla abiertamente de avanzar hacia un nivel Kardashev II una civilización capaz de aprovechar toda la energía de su estrella.
"Aprovechar incluso una millonésima parte de la energía de nuestro Sol requeriría más de un millón de veces más energía de la que nuestra civilización utiliza actualmente", afirma. La Tierra no puede dar ese salto. Pero el espacio, con sus inmensas explanadas solares, sí.
Y aquí reside la paradoja para escapar de los límites físicos y ecológicos del planeta, Musk propone una inversión masiva en tecnología que, a corto plazo, requiere más lanzamientos, más materiales, más energía. Pero su argumento es de largo aliento
"La única solución lógica es transportar estos esfuerzos, que consumen muchos recursos, a un lugar con gran potencia y espacio. Y es que, por algo se llama 'espacio'."
La ironía no es menor. La solución al agotamiento de recursos en la Tierra es, según Musk, usar esos mismos recursos para colonizar el espacio. Pero lo hace con una convicción que ya no parece fanfarronería, sino cálculo.
La salida a Bolsa que podría cambiarlo todo
El calendario aprieta. Se espera que SpaceX salga a Bolsa en junio, en una OPV que podría recaudar cerca de 50.000 millones de dólares y valorar la compañía en 1,5 billones. Sería la mayor salida a bolsa de la historia. Y esta fusión con xAI, lejos de ser un detalle corporativo, se convierte en un mensaje para los inversores no están comprando acciones en una empresa de cohetes. Están entrando en el motor de una nueva era tecnológica.
Y todo esto sin olvidar que, según los planes anunciados, X la plataforma de redes sociales antes conocida como Twitter será integrada en xAI en 2025. No como una red social, sino como parte del ecosistema de información en tiempo real que alimenta y es alimentado por la IA espacial.
Elon Musk no está construyendo solo empresas. Está intentando redefinir dónde y cómo se genera el valor en el siglo XXI. El futuro, según su hoja de ruta, no está en los chips, ni en los satélites, ni en los cohetes. Está en la integración de todos ellos, en una máquina que opera más allá de la atmósfera y más allá de lo que hoy consideramos posible.
Y mientras algunos se preguntan si esto es viable, Musk ya está calculando cuántos lanzamientos por hora se necesitan para hacerlo realidad. La respuesta uno por hora. Durante años. Sin parar. Porque, al final, el espacio no es el límite. Es el comienzo.