La publicidad mueve más de un billón y la ONU teme que la IA degrade la información

Un informe de la ONU y la Red de Publicidad Consciente alerta de que la IA opaca puede deteriorar el ecosistema informativo, mientras la inversión publicitaria global supera el billón de dólares.

02 de mayo de 2026 a las 17:21h
La publicidad mueve más de un billón y la ONU teme que la IA degrade la información
La publicidad mueve más de un billón y la ONU teme que la IA degrade la información

Despertamos cada mañana envueltos en un flujo infinito de imágenes y mensajes que parecen diseñados para leer nuestra mente antes que nosotros mismos. La publicidad ha dejado de ser solo un anuncio en una vía pública para convertirse en el arquitecto invisible de nuestras decisiones diarias. Ahora, detrás de esa maquinaria de persuasión, se alza una fuerza imparable la inteligencia artificial. Y aquí es donde la cosa se pone interesante, o quizás preocupante. Un documento reciente elaborado por el Departamento de Comunicación Global de la ONU junto a la Red de Publicidad Consciente pone sobre la mesa una cuestión fundamental ¿quién controla la verdad cuando quien paga por mostrarla utiliza algoritmos que nadie termina de entender?

El peso invisible del dinero y la máquina

El volumen de inversión global supera el billón de dólares. Eso son unos 920.000 millones de euros circulando a través de pantallas y servidores cada año. No estamos hablando de monedas pequeñas. Cuando hay tanto dinero en juego, las reglas del juego cambian radicalmente.

"La publicidad financia los sistemas que ayudan a moldear lo que la gente ve, en qué confía y qué cree" - Charlotte Scaddan, asesora de la ONU en integridad de la información

Es una frase contundente que resume décadas de evolución mediática. Hoy, ese moldeado ya no lo hace únicamente un director creativo humano; lo hace un modelo de aprendizaje automático entrenado con datos masivos, a menudo opacos. El riesgo es tangible y cercano.

"Sin una acción rápida y salvaguardas, la IA podría acelerar el deterioro del ecosistema informativo; los anunciantes tienen el poder de ayudar a solucionarlo" - Charlotte Scaddan, asesora de la ONU en integridad de la información

Imaginemos una autopista a toda velocidad donde los conductores han perdido la capacidad de ver el salpicadero. Así funciona la integración actual de muchas herramientas de IA en publicidad. Hay presión para adoptarlas con rapidez, sí, pero hacerlo sin salvaguardas puede socavar los mismos entornos en los que se basa el marketing, como bien señala Harriet Kingaby, representante de la Red de Publicidad Consciente.

"El sector está bajo presión para adoptar la IA con rapidez, pero hacerlo sin salvaguardas puede socavar los mismos entornos en los que se basa el marketing" - Harriet Kingaby, representante de la Red de Publicidad Consciente

No se trata de frenar la innovación, sino de garantizar que funcione tanto para los negocios como para la sociedad. Esta distinción es crucial. A veces confundimos velocidad con progreso, olvidando que llegar rápido a un precipicio sigue siendo un accidente. La buena noticia es que la transparencia no es enemiga del beneficio. Mejorar la visibilidad en la compra de medios puede traducirse en incrementos de dos dígitos en el rendimiento publicitario. Aquí reside una paradoja interesante pedir más claridad no solo beneficia a la sociedad, también mejora los resultados empresariales.

Exigir cuentas a las cajas negras

Las empresas deben empezar a exigir mayor visibilidad en las cadenas de suministro de IA. De nada sirve crear anuncios hiperpersonalizados si no sabemos qué caja negra está procesando nuestros datos ni cómo decide a quién mostrarle qué mensaje. Se prioriza utilizar la capacidad de inversión para presionar a las plataformas digitales a implementar salvaguardas más sólidas para los usuarios. Los anunciantes tienen un poder de fuego colosal al comprar espacio y pueden usarlo para decir basta a los modelos oscuros. Naciones Unidas insta a alinear la regulación de la inteligencia artificial con los estándares internacionales de integridad de la información. También se recomienda reforzar la cooperación entre instituciones, empresas y sociedad civil. Ningún actor puede trabajar aislado en este escenario.

La solución no pasa por apagar los ordenadores, sino por recuperar el control sobre cómo se construye nuestra realidad digital. Al final, esto nos afecta a todos directamente. Cada vez que hacemos clic, compartimos o compramos, participamos en un intercambio donde la información es la moneda de cambio. Si permitimos que la opacidad gane terreno, perdemos la capacidad de discernir qué es real y qué es una construcción generada por un algoritmo diseñado para capturar nuestra atención a cualquier precio. Fortalecer la integridad de la información requiere voluntad política, responsabilidad corporativa y, sobre todo, consumidores que exijan cuentas. Porque en la era de la inteligencia artificial, proteger nuestro entorno informativo no es solo una cuestión técnica; es el ejercicio más democrático que podemos ejercer cada día.

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