La UE obliga a avisar de la IA desde el 2 de agosto: ChatGPT, Gemini y Claude deberán identificarse

La Ley de IA europea activará desde el 2 de agosto la obligación de informar cuando una persona interactúe con IA o vea contenidos generados o manipulados por máquinas.

21 de julio de 2026 a las 16:39h
La UE obliga a avisar de la IA desde el 2 de agosto: ChatGPT, Gemini y Claude deberán identificarse
La UE obliga a avisar de la IA desde el 2 de agosto: ChatGPT, Gemini y Claude deberán identificarse

Añadir Mangas Verdes como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

El 2 de agosto, cuando la Ley de IA europea cumpla dos años y un día en vigor, empezará una escena nueva y muy cotidiana. Cada usuario deberá poder reconocer si habla con un sistema de inteligencia artificial o si lo que ve, oye o lee ha sido generado o manipulado por una máquina.

La obligación no cae solo sobre los grandes nombres que ya forman parte del día a día digital. Afecta a proveedores como OpenAI con ChatGPT, Anthropic con Claude, Google con Gemini y Midjourney, pero también a quienes despliegan esas herramientas en medios, empresas con chatbots, agencias que difunden deepfakes o bancos que usan reconocimiento de emociones.

El artículo 50 obliga a avisar cuando la máquina toma la palabra

Ahí está el corazón práctico de la norma. El artículo 50 obliga a los proveedores a diseñar sus sistemas para informar de forma explícita a las personas cada vez que interactúen directamente con una IA.

No es un detalle menor.

La Comisión Europea ya ha publicado directrices para proveedores y responsables de implantación, y el 10 de junio cerró además la versión final del código de buenas prácticas sobre marcado y etiquetado de contenidos generados por IA. Henna Virkkunen, vicepresidenta de la Comisión para Soberanía Tecnológica, sitúa ahí el sentido de esta fase.

"Estas directrices ayudan a los proveedores y a los responsables de la implantación a cumplir con las obligaciones que les impone la Ley de IA, al tiempo que permiten a los ciudadanos saber cuándo están interactuando con la IA" - Henna Virkkunen, vicepresidenta de la Comisión para Soberanía Tecnológica de la Comisión Europea

La ley, además, distingue entre crear la herramienta y usarla ante el público. Los responsables de la implantación deberán informar cuando una persona quede expuesta a reconocimiento de emociones, categorización biométrica, deepfakes o publicaciones de texto sobre asuntos de interés público sin revisión humana.

Las etiquetas también viajan dentro del archivo

La transparencia no se limita al aviso visible en pantalla. Los proveedores estarán obligados a introducir marcadores para que otras máquinas puedan identificar que un contenido es artificial, una lógica que conecta con sistemas de huella técnica como marcas invisibles en archivos.

Ese matiz importa porque la circulación del contenido ya no depende solo de lo que un ojo humano detecta a simple vista. Bruselas recuerda que estudios independientes muestran que solo en la mitad de los casos la gente logra detectar de manera eficaz materiales generados o manipulados por IA.

Dos tercios de los europeos creen haber estado expuestos a desinformación o noticias falsas durante la semana anterior.

Casi cuatro de cada diez ciudadanos de la UE, además, no confían en su propia capacidad para reconocer noticias falsas. Desde Bruselas añaden una paradoja incómoda al debate al señalar que, por lo general, las personas sobreestiman su capacidad para distinguir estos contenidos.

La responsabilidad cambia según quién crea y publica el contenido

No todas las obligaciones recaen sobre la plataforma que aloja el material. Si un usuario sube a una red social un deepfake, quien debe etiquetarlo es quien lo crea y lo publica, no la red que lo hospeda, una distinción que encaja con debates recientes sobre etiquetas visibles en vídeo.

La ley sí deja fuera el uso personal de la IA, salvo cuando exista beneficio económico. En otras palabras, la frontera no pasa solo por la tecnología, sino por el contexto en que aparece y por el efecto público que puede producir.

Los sistemas comercializados antes del 2 de agosto tendrán moratoria hasta el 2 de diciembre de 2026. Ese calendario retrasa las obligaciones de etiquetado para herramientas ya presentes en el mercado, mientras las nuevas reglas empiezan a aplicarse desde agosto al resto de actores afectados.

Las multas sitúan el problema fuera del terreno simbólico

La supervisión corresponderá a las autoridades nacionales de vigilancia del mercado, a la Oficina de IA europea y al Supervisor Europeo de Protección de Datos. Si una empresa incumple, las sanciones podrán llegar a 15 millones de euros o al 3% de su facturación anual mundial.

Para instituciones, órganos y agencias de la UE, el techo alcanza 750.000 euros. La transparencia, que a veces parece un simple aviso al pie de una pantalla, entra así en el terreno duro del control y de las multas.

Bruselas considera la transparencia fundamental para que las personas tomen decisiones con conocimiento de causa. La cifra que mejor resume esa urgencia sigue siendo la más simple y la más incómoda al mismo tiempo, porque si solo en la mitad de los casos la gente detecta bien un contenido manipulado, el aviso deja de ser un gesto formal y pasa a ser una señal básica para no confundirse.

Sobre el autor
Redacción
Ver biografía