Las mujeres adoptan la IA un 25% menos que los hombres, revela estudio en Canadá y EE.UU.

Un nuevo estudio de la Northeastern University, publicado en la revista PNAS Nexus, revela que las mujeres adoptan herramientas de IA a un ritmo un 25% inferior al de los hombres. Este dato no es un capricho estadístico.

05 de febrero de 2026 a las 14:55h
Las mujeres adoptan la IA un 25% menos que los hombres, revela estudio en Canadá y EE.UU.
Las mujeres adoptan la IA un 25% menos que los hombres, revela estudio en Canadá y EE.UU.

La inteligencia artificial avanza a pasos agigantados, pero no todos caminan al mismo ritmo. Mientras algunos la adoptan con entusiasmo, otros miran con recelo. Y detrás de esa diferencia, especialmente marcada entre hombres y mujeres, no hay solo preferencias personales o formación técnica hay una cuestión más profunda, ligada al riesgo, a la incertidumbre y a cómo afecta esto al futuro del trabajo.

Una brecha de adopción

Un nuevo estudio de la Northeastern University, publicado en la revista PNAS Nexus, revela que las mujeres adoptan herramientas de IA a un ritmo un 25% inferior al de los hombres. Este dato no es un capricho estadístico. Refleja una brecha real en la interacción con la tecnología, especialmente en entornos laborales. Y no es solo cuestión de acceso. El estudio, basado en encuestas a cerca de 3.000 personas en Canadá y Estados Unidos, apunta a factores psicológicos y sociales que moldean la actitud hacia la IA.

En el mundo real, menos de una de cada cuatro profesionales de la IA es mujer. Esa baja representación no se corrige espontáneamente. Al contrario, alimenta un círculo vicioso menos mujeres en el diseño de la tecnología, menos confianza en su uso, menor adopción, y así sucesivamente.

Tolerancia al riesgo, aversión a la incertidumbre

¿Por qué esta distancia? El estudio identifica dos pilares la tolerancia al riesgo y la exposición al riesgo. En una prueba sencilla, se ofreció a los participantes elegir entre recibir 1.000 dólares garantizados o arriesgarse con un 50% de probabilidades de ganar 2.000 dólares o quedarse sin nada. Las mujeres eran más proclives a elegir la opción segura. No es aversión al progreso, es prudencia frente a lo desconocido.

Este comportamiento no es exclusivo de la IA. Historialmente, las mujeres han mostrado mayor cautela en contextos de incertidumbre económica o tecnológica. Pero aquí hay una diferencia clave la IA no es un cambio puntual, es un tsunami silencioso que reconfigura trabajos, industrias y carreras. Y ese tsunami no llega con garantías.

¿Riesgos o beneficios?

Las mujeres, según el estudio, tenían un 11% más de probabilidades que los hombres de considerar que los riesgos de la IA superaban a sus beneficios. En respuestas abiertas, expresaban más dudas, más preguntas ¿qué pasará con mi empleo? ¿Me reemplazarán? ¿Quién controla estos algoritmos?

La incertidumbre no es un obstáculo técnico, es un obstáculo humano. Y mientras los hombres tienden a asumir que la tecnología creará más oportunidades de las que destruya, muchas mujeres no ven esa ecuación tan clara. No es pesimismo. Es una mirada más exigente, más cuidadosa, sobre un sistema que ya las ha excluido antes.

La brecha desaparece… si hay certidumbre

La revelación más potente del estudio llega aquí cuando se garantiza que la IA generará empleo, cuando se elimina la incertidumbre sobre el impacto laboral, la brecha de apoyo desaparece. Hombres y mujeres responden entonces de forma similar, con optimismo.

Básicamente, cuando las mujeres tienen certidumbre sobre los efectos en el empleo, la brecha de apoyo a la IA desaparece. Así que, en el fondo, se trata de aversión a la incertidumbre

Esta frase, de Beatrice Magistro, profesora de gobernanza de la IA y coautora del estudio, es una bomba de racionalidad. No se trata de que las mujeres rechacen la tecnología, sino de que exigen condiciones claras para confiar en ella. Y eso no es una debilidad. Es una exigencia legítima.

Exposición desigual, riesgo descompensado

Los autores destacan un punto crucial las mujeres no solo son más cautas, también están más expuestas. Ocupan un mayor porcentaje de trabajos con alta sustitución por IA como atención al cliente, procesamiento de datos o tareas administrativas, pero también están presentes en funciones de alta complementariedad, donde la IA podría potenciar su labor.

Paradoja están más expuestas al riesgo de desplazamiento, pero menos representadas en los equipos que diseñan las soluciones. Están en primera línea del impacto, pero fuera de las salas de decisión. Esa desconexión alimenta desconfianza. ¿Cómo confiar en una herramienta que podría eliminarte el puesto si no has tenido voz en su creación?

Políticas con perspectiva de género

El estudio no se queda en diagnosticar. Propone soluciones. Recomienda políticas públicas que mitiguen los riesgos protecciones más sólidas frente a la pérdida de empleo, esquemas de compensación, formación continua y, sobre todo, medidas activas para reducir el sesgo de género en el desarrollo de IA.

  • Garantizar transparencia sobre cómo afectará la IA a cada sector.
  • Implementar sistemas de transición laboral justa.
  • Fomentar la participación femenina en ciencia, tecnología e ingeniería desde la educación.
  • Exigir auditorías de sesgo en algoritmos que impacten en empleo y servicios públicos.

La equidad no es un añadido ético, es una condición para la aceptación social de la tecnología. Sin ella, la IA avanza, pero fractura. Divide entre quienes la controlan y quienes la padecen.

La inteligencia artificial no es neutral. Ni en sus datos, ni en sus efectos, ni en su adopción. Y si queremos que esta revolución no perpetúe viejas desigualdades, debemos empezar a construirla con más certidumbre, más inclusión y mucha más empatía.

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