Los centros de datos de IA elevan hasta 2,2 ºC la temperatura a su alrededor, según un estudio en Phoenix

Un estudio de la Universidad Estatal de Arizona detecta que los centros de datos pueden calentar su entorno hasta 2,2 ºC y afectar zonas situadas a 500 metros.

21 de mayo de 2026 a las 13:00h
Los centros de datos de IA elevan hasta 2,2 ºC la temperatura a su alrededor, según un estudio en Phoenix
Los centros de datos de IA elevan hasta 2,2 ºC la temperatura a su alrededor, según un estudio en Phoenix

La inteligencia artificial suele presentarse como algo etéreo, casi sin peso. Pero sus centros de datos calientan el aire real de los barrios cercanos. Un estudio de la Universidad Estatal de Arizona concluye que estas instalaciones pueden elevar la temperatura media de su entorno hasta 2,2 ºC.

El trabajo se hizo en el área metropolitana de Phoenix, una ciudad que conoce bien el calor extremo. Allí, el equipo midió la temperatura del aire antes y después del paso por estas instalaciones con sensores de alta precisión montados en vehículos.

El calor no se queda dentro del edificio

Los centros de datos expulsan aire de sus sistemas de refrigeración a entre 14 y 25 grados Fahrenheit por encima de la temperatura ambiente. Dicho de otro modo, no solo consumen mucha energía, también devuelven parte de ese esfuerzo en forma de calor residual.

En las zonas situadas a favor del viento, la temperatura media subió 1,6 ºF y llegó a picos de 4 ºF respecto a las áreas de referencia.

La huella térmica, además, no termina en la valla del recinto. Los incrementos aparecieron hasta 500 metros de la fuente, una distancia que en Phoenix equivale a unas cinco manzanas de viviendas.

Visto en escala doméstica, el dato impresiona más. Un solo centro de datos puede generar tanto calor residual como una pequeña ciudad de 40.000 hogares.

Phoenix midió un problema que otras ciudades ya miran de cerca

El debate no gira en torno a cerrar estas instalaciones, sino a decidir dónde y cómo encajan en la ciudad. David Sailor, líder del estudio, plantea precisamente esa discusión.

"Lo que buscan con sus conclusiones no es prohibir los centros de datos, sino replantear su integración con los núcleos urbanos" - David Sailor, líder del estudio de la Universidad Estatal de Arizona

Esa idea acerca el problema a una lógica conocida en urbanismo. Los investigadores recomiendan tratar estos complejos como fuentes de emisiones térmicas industriales cuando una administración planifica suelo, distancias y usos alrededor.

También apuntan soluciones concretas. Reorientar las salidas de aire o crear parques alrededor de las instalaciones puede amortiguar parte del aumento térmico en las zonas vecinas.

España ya tiene ese debate a menos de 20 kilómetros de Zaragoza

La discusión no pertenece solo al desierto de Arizona. Amazon y Microsoft tienen centros de datos proyectados en el área metropolitana de Zaragoza, en Villamayor de Gállego y Villanueva de Gállego, ambas localidades situadas a menos de 20 kilómetros de la ciudad.

Allí ya existen procesos judiciales que intentan frenar su construcción. La disputa no habla solo de inversión y capacidad de cómputo, también de cómo convivirá esa infraestructura con poblaciones que están a una distancia muy corta del foco de calor.

Mientras tanto, la escala del fenómeno sigue creciendo. La capacidad de cómputo proyectada para los centros de datos que se construirán en Estados Unidos se duplicará en 2030.

Ese cruce entre expansión digital y temperatura local deja una imagen difícil de ignorar. Si una instalación puede calentar el aire hasta 500 metros y alcanzar picos de 2,2 ºC, la conversación sobre inteligencia artificial también tendrá que pasar por el urbanismo de la calle de al lado.

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