En los bulliciosos mercados de Shanghái, en los barrios residenciales de Chengdu o en las plazas donde cada mañana cientos de jubilados practican tai-chi, algo está cambiando en silencio. No es un nuevo tipo de té, ni una moda pasajera en el vestir. Es algo mucho más profundo la inteligencia artificial está entrando en la vida de los mayores chinos, no como una curiosidad tecnológica, sino como un compañero de rutina, un asistente de salud, un traductor de emociones y, a veces, incluso un confidente.
Abuelo, ¿cómo estás hoy?
En China, los chatbots ya no hablan con voz robótica ni con frases rígidas. Hablan con tono cálido, usan voces suaves y, sobre todo, se dirigen a sus usuarios con un trato que suena familiar "abuelo", "abuela". Doubao, el chatbot desarrollado por ByteDance y uno de los más populares del país, ha incorporado funciones pensadas expresamente para quienes no dominan la tecnología. Permite conversar por voz, entiende distintos dialectos regionales algo crucial en un país con tanta diversidad lingüística y responde con paciencia infinita. No es solo un asistente, es un interlocutor que no se cansa.
Según datos del China Internet Network Information Center, los usuarios de inteligencia artificial entre 50 y 59 años representan el 10% del total, y los mayores de 60, el 5%. Son porcentajes modestos, pero engañosos. Detrás de ellos se esconde un patrón inesperado los mayores no solo usan la IA, la usan más. Con mayor frecuencia, mayor fidelidad, y con una necesidad más arraigada la independencia.
"Ya no tengo que molestar a mis hijos"
Chen Bing, de 63 años, vive en Hangzhou. Desde que empezó a usar un chatbot de salud integrado en su app bancaria, ya no necesita llamar a su hijo en Pekín cada vez que se siente indispuesto. "Antes, si tenía una duda sobre mis medicamentos o no entendía una receta, tenía que esperar a que mi hijo respondiera. A veces tardaba horas. Ahora pregunto y me responde al instante", dice. La IA le da autonomía, evita el aislamiento y, sobre todo, le devuelve dignidad.
Su historia no es única. En todo el país, plataformas como Ant Afu un chatbot de salud vinculado a servicios médicos y farmacéuticos están ganando terreno. Ofrecen consejos, recuerdan tomas de medicación, y en algunos casos incluso derivan a profesionales. Pero no están exentas de polémica. Algunos expertos advierten sobre posibles conflictos de interés, especialmente cuando las recomendaciones médicas parecen favorecer ciertos productos o farmacias asociadas. También se han documentado errores en diagnósticos automáticos, lo que plantea una pregunta incómoda ¿hasta dónde puede llegar la confianza en una voz que no tiene alma?.
La economía plateada que China no puede perder
China tiene 323 millones de jubilados. Es más que la población total de Estados Unidos. Y esa cifra no para de crecer. Para 2035, se estima que la llamada "economía plateada" todo lo relacionado con productos y servicios para personas mayores representará el 10% del PIB del país. No es una tendencia, es una revolución demográfica en marcha.
El gobierno lo sabe. Y por eso no deja de impulsar iniciativas tecnológicas orientadas a este sector. No solo por humanismo, sino por necesidad. Con una tasa de natalidad en descenso, un mercado laboral que se encoge y una recesión económica latente, los mayores no son un grupo vulnerable son un motor de consumo. Compran, usan servicios, generan datos. Y la inteligencia artificial se convierte así en un puente entre su soledad y el sistema que necesita que sigan activos.
En este contexto, Tencent y ByteDance no solo compiten por el mercado joven. Invierten fuerte en interfaces simples, en tutoriales guiados por voz, en aplicaciones que se abren con un solo toque. Saben que el futuro no está solo en los juegos o las redes sociales, sino en ayudar a una abuela a videollamar a su nieto, a un anciano a pagar sus facturas o a un diabético a controlar su glucosa sin salir de casa.
La tecnología, tantas veces acusada de excluir a los mayores, está rediseñándose para incluirlos. Y en China, ese cambio no es un experimento es una estrategia nacional. Porque cuando una sociedad envejece, la inteligencia artificial ya no es solo una herramienta del futuro. Es una necesidad del presente.