La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en un motor de transformación laboral inmediato. En la plataforma Shakers, los proyectos que demandan competencias de esta tecnología se han triplicado en solo doce meses. Esta aceleración obliga a las empresas y al talento a redefinir sus roles con rapidez.
Jaime Castillo, cofundador de Shakers, afirma "A la hora de que el talento describa todo lo que es capaz de hacer, la IA le ayuda para que macheen con lo que las empresas buscan". Ya no se busca tanto un rol estático como una capacidad concreta para resolver una necesidad puntal. La flexibilidad se impone sobre la especialización rígida.
Productividad y nuevas habilidades gracias a la IA
El impacto en la productividad es tangible. Una creadora de contenido en Shakers ha multiplicado por diez su capacidad de producción en un año gracias a estas herramientas. Sin embargo, esto genera una nueva demanda de perfiles. Castillo explica que los usuarios solicitan crear nuevos roles que incluyan habilidades específicas de IA.
Rasca un poco más y te das cuenta de que lo que necesita un proyecto es algo estructurado en datos o sistemas. La persona que hace la petición quiere subirse a la ola, pero nuestra labor es aterrizar esas necesidades reales. No basta con el entusiasmo; hace falta estructura técnica.
Despidos y realidad financiera
Mientras algunas voces celebran la eficiencia, la realidad del mercado muestra cifras preocupantes. Según el portal Layoffs.fyi, en los cuatro primeros meses de 2026 más de 92.000 personas han perdido su trabajo en empresas tecnológicas a nivel global. Javier Pacheco, secretario de Acción Sindical de Comisiones Obreras, advierte sobre las repercusiones a corto y largo plazo.
Pacheco señala "tenemos ejemplos en estos días de cómo están afectando algunas decisiones a nivel global a miles de trabajadores y trabajadoras, con una estricta mirada de carácter financiero". Las grandes tecnológicas intentan corregir financieramente sus inversiones en IA prescindiendo de fuerza laboral. Es una estrategia clara, aunque controvertida.
Automatización parcial y brechas
No se trata necesariamente de una sustitución total. El Economic Index de Anthropic matiza que trabajos administrativos y técnicos sufrirán automatización parcial y aumento de productividad. En España, Funcas estima que la IA destruirá entre 1,7 y 2,3 millones de empleos en diez años, aunque también creará 1,6 millones de nuevas ocupaciones.
Elena Fernández, coautora de un informe del SEPE, detecta una brecha generacional y de género. Las personas mayores, especialmente mujeres de más de 45 años, tienen menos competencias digitales. Esta desigualdad puede ampliar las diferencias existentes en el mercado laboral si no se actúa con medidas correctoras.
Burbuja corporativa y regulación
Existe también un fenómeno de lavado de imagen corporativo. Muchas compañías se suben a la IA sin saber cómo, impulsadas por la presión comercial. Javier Pacheco aboga por un marco regulatorio europeo que ponga orden en este panorama desordenado. Falta asesoramiento externo que guíe estas transformaciones. Sam Altman, CEO de OpenAI, reconoció en el Indian AI Impact Summit que hay empresas que culpan a la IA de los despidos. Capgemini, por ejemplo, anuncia un ERE que afecta a casi el 7% de su plantilla española enmarcado en la transformación tecnológica. La línea entre innovación real y ajuste financiero sigue siendo difusa.
El fracaso es frecuente en estas transiciones. Un informe de Boston Consulting Group revela que tres cuartas partes de las empresas que intentan implementar IA fracasan. La tecnología avanza rápido, pero la adaptación humana y organizativa requiere tiempo, formación y, sobre todo, claridad de objetivos.
La pregunta final no es si la IA llegará, sino cómo gestionamos su integración. Mientras las cifras de empleo fluctúan, la necesidad de adaptar nuestras habilidades se vuelve urgente. El futuro laboral no se escribe solo con código, sino con decisiones humanas conscientes.